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¿Los “bros” de la Inteligencia Artificial llevarán a EE. UU. a la oligarquía?: Ronan Farrow

Tras la histórica victoria judicial de esta semana contra Elon Musk, queda despejado el camino de Sam Altman hacia una oferta pública inicial de OpenAI en la bolsa, valorada en casi un billón de dólares. El periodista de investigación Ronan Farrow, ganador del Premio Pulitzer, publicó en The New Yorker detallados perfiles de ambos personajes. En entrevista con El Espectador, Farrow discute cómo los titanes de la tecnología están influyendo en el gobierno de Estados Unidos, al punto de tenerlo prácticamente como subordinado, y en el escenario geopolítico global.

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José David Escobar Franco
24 de mayo de 2026 - 01:00 p. m.
¿Los “bros” de la Inteligencia Artificial llevarán a EE. UU. a la oligarquía?: Ronan Farrow
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¿El veredicto de esta semana demuestra que el actual marco jurídico de Estados Unidos es insuficiente para regular a los gigantes de la Inteligencia Artificial?

No parece haber héroes evidentes en esta historia. Pueden consultar mis reportajes y juzgar por ustedes mismos la validez del argumento de Musk, según el cual OpenAI se ha desviado de su misión original de priorizar la seguridad de la tecnología al pasar de ser sin ánimo de lucro a con ánimo de. No obstante, Grok —la propia tecnología de Musk— presenta también numerosos problemas de seguridad. Lo que este juicio pone de relieve es un momento de profunda reflexión nacional.

Unos días después de la publicación de su reportaje, un joven de 20 años lanzó un coctel molotov contra la casa de Sam Altman. Altman publicó en su blog una entrada al respecto en la cual calificó su artículo de “incendiario”. ¿Cómo responde usted al uso de esa palabra?

Sam también se disculpó públicamente más tarde y afirmó que había sido una mala elección de palabras; cabe señalar, además, que la persona que lanzó la botella tenía un historial de declaraciones extremistas contra la IA previas a la publicación del artículo. Cualquier acto que ponga en peligro la seguridad de alguien nunca es la respuesta. Sin embargo, creo que es importante recordar que la gente está molesta con las empresas de inteligencia artificial por motivos legítimos. Si queremos hablar de palabras incendiarias, no hace falta buscar mucho más allá del propio Altman. Él construyó esa empresa sobre la base de una retórica apocalíptica, afirmando que la IA podría acabar con todos nosotros y provocar que muchas personas perdieran sus empleos. Y esa no es una tesis controvertida. Es una afirmación que ha avivado miedos y le ha ayudado a conseguir una gran cantidad de dinero para construir su empresa, pero no es el único que lo dice.

Altman abogaba abiertamente por la regulación de la IA ante el Congreso de Estados Unidos, mientras simultáneamente impulsaba un “lobby” en la dirección opuesta. En la misma entrada de su blog, afirma: “necesitamos urgentemente una respuesta a nivel de toda la sociedad para ser resilientes ante las nuevas amenazas. Esto incluye medidas como nuevas políticas que ayuden a transitar por una difícil transición económica”. ¿Cómo interpreta usted esta contradicción?

Mi artículo trata sobre las contradicciones de Sam Altman. Su credibilidad fue un tema central en el juicio con Elon Musk. La gente puede decidir si esto refleja buena fe —debido a la complejidad de los asuntos y a sus posturas cambiantes, las cuales, según él mismo reconoce, varían muy rápidamente— o si, tal como alegan algunos de sus críticos, es simplemente deshonesto.

En el artículo usted describe a Altman como una persona que busca “complacer a los demás” y alguien con una “falta de preocupación casi sociopática por las consecuencias de engañar”. ¿Cómo podría afectar a la gente común el hecho de que un hombre así esté detrás del desarrollo de la IA?

Más allá del riesgo de una disrupción laboral masiva, la IA ofrece la posibilidad de una guerra autónoma, la creación de armas químicas, la injerencia electoral y deepfakes (contenidos realistas, pero falsos) que amenazan nuestro sentido fundamental de la realidad. Por lo tanto, la cuestión de la honestidad del líder del mercado resulta crucial. ¿Hasta qué punto pueden los inversores y los contribuyentes de Estados Unidos —quienes subvencionan con sus impuestos los contratos de defensa con empresas de IA— confiar en las garantías de los líderes de esta tecnología? Existe un grave riesgo económico. Muchos expertos advierten que Altman está prometiendo demasiado y demasiado rápido, y que está cerrando acuerdos contradictorios sin generar ganancias reales. Si esta burbuja estalla, las repercusiones no afectarán únicamente a OpenAI; podrían desestabilizar la economía a gran escala.

El propio Sam Altman ha advertido que una burbuja económica en torno a la IA podría estallar pronto. ¿Creerá él que sus propias finanzas se verán afectadas?

Resulta difícil saber qué es lo que Altman cree realmente. Sus proyecciones oscilan drásticamente entre escenarios alarmistas y utópicos. Cuando se le cuestiona sobre despidos masivos, a menudo sostiene que cualquiera puede utilizar los grandes modelos de lenguaje para lanzar sus propios emprendimientos a través de la Fundación OpenAI. Sin embargo, si se le preguntara a un economista de prestigio si el uso de ChatGPT transformará mágicamente a un trabajador manual promedio en un exitoso emprendedor tecnológico —o si eso constituye una solución significativa para los millones de empleos perdidos—, este se mostraría incrédulo.

Altman presenta la IA como una tecnología que puede salvar el mundo, pero advierte de un riesgo apocalíptico si China gana la carrera por la Inteligencia Artificial General, capaz de sobrepasar el intelecto humano. ¿Se encuentra realmente esta tecnología en las “manos adecuadas” bajo la tutela del gobierno de los Estados Unidos?

Aunque las diferencias entre el dominio estadounidense y el chino merecen ser debatidas, mis reportajes revelan que la «amenaza china» se utiliza con frecuencia en Washington como arma para frenar regulaciones cruciales y justificar un escenario de total descontrol, carente de salvaguardas. Sam Altman lleva tiempo advirtiendo que el dominio chino es inminente; sin embargo, numerosos expertos y funcionarios señalan que China depende en gran medida de los datos estadounidenses y que dicha amenaza se encuentra mucho más lejana de lo que él sugiere.

¿Es realista pensar que los mecanismos institucionales y democráticos son capaces de contener el poder de los multimillonarios?

Esa es la pregunta que guía mi trabajo. Los historiadores consideran que el poder casi supragubernamental de Elon Musk es ahistórico; es algo distinto a lo que representaban los Rockefeller o los Carnegie. Aquellos fueron, en muchos aspectos, muy cuestionables, pero aun así operaban dentro de un contrato social en el que sentían cierta obligación de retribuir a la sociedad, generar empleo y realizar obras de beneficio público. En la actualidad, los multimillonarios de Silicon Valley apenas rinden cuentas ante los gobiernos y pueden regirse por sus propias normas. Ha decaído el Giving Pledge: la iniciativa impulsada por Bill Gates, Warren Buffett y otros, mediante la cual se comprometían a donar al menos la mitad de su fortuna. Si analizamos el ciclo histórico de los desequilibrios de la riqueza, emerge un patrón claramente predecible: la corrupción sigue a la enorme desigualdad. En esencia, este es el ciclo que conduce a la oligarquía, la cual deteriora a las democracias.


¿Quién es Ronan Farrow?

Periodista de investigación estadounidense, ha dedicado los últimos años a descifrar el poder de Silicon Valley. Tras su reportaje de 2023 en The New Yorker sobre Elon Musk, en abril de 2026 publicó un perfil detallado sobre Sam Altman. Es mundialmente reconocido por ser uno de los periodistas que destapó los abusos sexuales del productor de Hollywood Harvey Weinstein, una investigación que encendió el movimiento #MeToo y le valió el premio Pulitzer, además de su inclusión en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo de la revista Time.

Farrow es novio de un colombiano: el psicólogo bumangués Hamer Villamizar, actualmente estudiante de doctorado en la Universidad de Columbia. Villamizar se considera obsesionado con contrarrestar la desinformación, y también ha sido un colaborador clave. Diseñó la estrategia de redes sociales de Farrow para el reportaje sobre Sam Altman y es con quien debate el enfoque de sus perfiles.

“Estar en una relación con alguien que llegó a Estados Unidos tras haber crecido viendo Sex & the city, motivado por las libertades que vio que el país prometía, te da una perspectiva única”, explica Farrow sobre su pareja. “Verlo enfrentarse a la actual crisis democrática estadounidense, siendo una persona tan brillante y con una mirada tan incisiva, me ofrece un lente completamente distinto para entender los desafíos de este momento”.

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José David Escobar Franco

Por José David Escobar Franco

Periodista e internacionalista. Becario del International Center for Journalists (ICFJ) en 2024 y del programa Puentes de Comunicación de la DW Akademie, Efecto Cocuyo y El Faro en 2022.@JoseD_Escobarjdescobar@elespectador.com
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