Justin Trudeau, el político que llevó a una victoria a los liberales canadienses cuando en 2015 solo tenían 36 escaños y el que introdujo en su administración una política paritaria, con un gabinete con igual número de hombres y mujeres, y quien además trató de abrir una agenda de reconciliación con los pueblos indígenas, anunció su renuncia: “Creo, sinceramente, que eliminar la contención en torno a la continuidad de mi liderazgo es una oportunidad para bajar la temperatura. Con las batallas internas se me ha hecho evidente que no puedo ser yo quien lleve el estandarte liberal a las próximas elecciones”. La noticia de su salida la dio pocos días antes de la posesión de Donald Trump en Estados Unidos, quien ha hecho varias declaraciones con respecto a su vecino, y sin saber qué día dejará su cargo. Sus funciones como jefe de Gobierno seguirán hasta que haya un nuevo líder de los liberales, en medio de un Congreso paralizado hasta finales de marzo; una fuerte impopularidad, luego de que al cierre del año pasado lograra únicamente un 33 % de respaldo, y la antesala de las elecciones federales de octubre.
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Su salida se venía cocinando desde meses atrás. Apenas en septiembre de 2024 el izquierdista Nuevo Partido Democrático retiró su apoyo a los liberales, a quienes los calificó de ser “demasiado débiles, demasiado egoístas”, perdiendo así un importante apoyo para gobernar en minoría y responder a votos de confianza. La insatisfacción de la gente frente a su gobierno tiene que ver, más que todo, con dos temas: inflación y acceso a vivienda, en un contexto en el que los precios de los inmuebles han subido entre un 30 y 40 % en algunas zonas del país. Si se le suman otros escándalos, como su ausencia en el primer Día Nacional de la Verdad y la Reconciliación por irse de vacaciones a surfear o la recepción de cientos de miles de dólares de varios familiares suyos por parte de una organización benéfica a la que se le adjudicó recientemente un contrato, la imagen de Trudeau ha ido cayendo.
Su renuncia ocurre en un momento de mucha confusión dentro de su partido, según Xavier Delgado, director de investigación del Foro de Washington sobre la Economía Canadiense en el Wilson Center: “No es solo por la dimisión de la exministra de Finanzas y exviceprimera ministra Chrystia Freeland, sino también por la publicación de unas cartas a través de las cuales algunos miembros del Parlamento le pidieron su renuncia el verano pasado”. Aunque el futuro político aún es muy incierto y todavía no se barajan oficialmente los nombres de quienes podrían aspirar a reemplazarlo, la balanza parece estar más inclinada hacia el otro lado del espectro. El analista, a través de un video publicado en la página web de la organización, lo expuso así: “Si las elecciones son mañana, los conservadores ganarían con una abrumadora mayoría, y eso se puede ver en lo que ha pasado en Ottawa, Quebec y Toronto, donde históricamente los liberales contaban con sillas que no habían perdido desde la Guerra Fría”.
Aunque puede haber un resurgimiento de ellos, aprovechando, por ejemplo, una respuesta adecuada a las políticas de Estados Unidos, que pronto estará bajo liderazgo republicano, y al convertirse Canadá en la sede de la Cumbre del G7, como se tiene previsto este año, la tarea es difícil para el partido, más en un contexto en el que la derecha quiere dinamitar las medidas impopulares que se han tomado en medio de la recuperación económica pospandemia. Lo cierto, de acuerdo con lo dicho por Delgado, es que el que llegue a gobernar, sea de un lado o del otro, tendrá que lidiar con los mismos problemas que ahora tiene Trudeau, incluidas las recientes tensiones con Trump.
Apenas el lunes el mandatario electo insistió en que Canadá debería convertirse en un estado más, en el número 51, y que el líder canadiense, “sabiendo eso”, dimitió. A través de su red social, Truth Social, el magnate escribió: “Estados Unidos ya no puede soportar los enormes déficits comerciales y los subsidios que Canadá necesita para mantenerse a flote. Justin Trudeau sabía esto y dimitió. Si Canadá se uniera a Estados Unidos no habría aranceles, los impuestos bajarían considerablemente y estarían totalmente seguros ante la amenaza de los barcos rusos y chinos que los rodean constantemente”. Antes había amenazado con imponer aranceles del 25 % a todos los productos procedentes de Canadá y México si no se frena el flujo de migrantes y drogas, especialmente de fentanilo.
Para Alejandro Bohórquez Keeney, docente de la Facultad de Finanzas y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado, la salida del primer ministro canadiense y la llegada del republicano a la Presidencia de Estados Unidos son una coincidencia, pues la coalición de gobierno ya se había roto en Ottawa, incluso eso venía sucediendo desde antes de las elecciones de noviembre. Ahora bien, él reconoce que el republicano puede estar “pescando en río revuelto” y tal vez Trudeau “está usando su propia crisis política para desmarcarse” de lo que está sucediendo. “Podría ser un oportunismo individual de los líderes políticos”.
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