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Decía un informe del International Crisis Group que “Donald Trump será el primer presidente de Estados Unidos en 20 años que no tendrá que preocuparse desde el primer día de su mandato de que Irán pueda cruzar sin ser detectado el umbral de enriquecimiento capaz de producir un arma nuclear”. Lo que no advertía el informe es que a Trump y a su equipo nunca le gustó el acuerdo (bueno, ningún acuerdo) y que eso evidenciaba la fragilidad del mismo.
El 14 de julio de 2015, luego de años de negociaciones, Teherán firmó con seis potencias internacionales (EE.UU., Francia, Inglaterra, Rusia y Alemania) un acuerdo que limitó el programa nuclear iraní a cambio de levantar las sanciones internacionales y multilaterales. En la región hubo países a quienes no les pareció oportuno dicha firma y argumentaban que Irán no era un país confiable.
Casi de dos años después de firmado el acuerdo, la Agencia Internacional de Energía Atómica afirmó que, después de inspeccionar varios lugares y sistemas electrónicos iraníes, además de la cadena de enriquecimiento, el país ha cumplido con sus compromisos, “no hay un país más monitorizado actualmente”.
Pero vuelven a surgir los temores. La llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos puso a Irán de nuevo en la mira. El mandatario firmó una orden que prohíbe la entrada a los migrantes de siete países de mayoría musulmana durante un periodo de 90 días y además suspende la admisión de refugiados durante 120. Los países afectados son Irak, Siria, Sudán, Libia, Yemen, Somalia e Irán. La orden desató un caos en aeropuertos y protestas de varios países afectados. Entre ellos Irán.
El presidente iraní, Hassan Rouhani, calificó a Trump como “novato político” y anunció que tomará medidas legales, políticas y recíprocas en respuesta a la orden. “Ya no estamos en una época en la que se construyen muros entre las naciones. Ellos (los dirigentes estadounidenses) olvidaron que hace unos años el muro de Berlín se derrumbó”, declaró el mandatario iraní en un discurso retransmitido por la televisión pública. “Hay que suprimir los muros entre los pueblos. El mundo de hoy no es un mundo en el que se refuerzan las diferencias entre las naciones”, añadió.
La tensión escala, pues el domingo Irán hizo una “prueba” de misil que fue denunciada por EE.UU. El ministro de Defensa iraní, el general Hosein Dehghan, confirmó la “prueba” y afirmó que no constituye una violación del acuerdo nuclear, informó este miércoles la agencia Isna. “Esta acción no está en contradicción con el acuerdo nuclear ni con la resolución 2231” de la ONU que lo ratificó, declaró Dehghan, añadiendo que la prueba se enmarca dentro de “la continuación del programa defensivo” de Irán.
La resolución 2231 “pide a Irán que no lleve a cabo ninguna actividad vinculada a misiles balísticos capaces de transportar una cabeza nuclear”. Irán siempre afirmó que sus misiles no están concebidos para llevar armas nucleares. “Tenemos un programa para producir equipamientos defensivos en el marco de nuestros intereses nacionales y nadie puede influenciar nuestra decisión”, agregó. La nueva embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley, había declarado el martes que el ensayo del domingo de un misil balístico de mediano alcance era “absolutamente inaceptable”.
El asesor de seguridad nacional de Estados Unidos Mike Flynn fue más allá y anunció una política más dura hacia Irán al condenar un reciente ensayo de misil y señalar que estaba "advirtiendo oficialmente a Irán" sobre su conducta.
"La administración Obama fracasó a la hora de responder adecuadamente a las malignas iniciativas de Teherán", dijo Flynn. "Irán se siente ahora envalentonado", agregó el asesor de Trump, quien añadió que "a partir de hoy estamos advirtiendo oficialmente a Irán".
Considerando que la reciente prueba de misil constituye una violación de la resolución 2231 del Consejo de Seguridad de la ONU, el asesor agregó que la administración del expresidente Barack Obama "no había respondido de manera adecuada a las acciones nefastas" de Teherán.
"La administración Trump condena tales actos que debilitan la seguridad, la prosperidad y la estabilidad en Medio Oriente y más allá, poniendo vidas estadounidenses en peligro", afirmó Flynn.
Irán había pedido a Washington que no cree "nuevas tensiones" por su programa de misiles balísticos, en un clima envenenado por la decisión de Trump de prohibir a los iraníes y a los ciudadanos de otros seis países de mayoría musulmana viajar a Estados Unidos.
Por su parte, la Unión Europea expresó su preocupación por el programa de misiles de Irán, país al que instó a no profundizar la "desconfianza" con pruebas balísticas.
Las nuevas sanciones
La tensión crece: la administración Trump impuso nuevas sanciones a Irán por su programa balístico. Estas nuevas sanciones, no relacionadas con el programa nuclear de Teherán, afectan a 25 personas o entidades sospechosas de haber aportado un apoyo logístico para los misiles balísticos iraníes, señala el departamento del Tesoro en un comunicado.
Irán y Estados Unidos no mantienen relaciones diplomáticas desde hace más de 37 años, pero alrededor de un millón de iraníes viven en Estados Unidos, según las estimaciones oficiales iraníes.