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“Por la salud de la democracia, debemos defenderla contra el golpe”, dijo la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, expuesta a un juicio político avalado hace dos días por el presidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha. Pero con la misma contundencia con que pidió rapidez en el proceso, la mandataria señaló que “no tiene fundamento ese proceso de impeachment. Voy a emprender la defensa de mi mandato con todos los instrumentos previstos en nuestro Estado de Derecho”, afirmó Rousseff, quien no ha sido involucrada directamente en actos de corrupción, pero que terminó siendo sometida a un juicio por autorizar gastos públicos adicionales sin permiso del Congreso.
El pedido fue admitido por Cunha, quien a su vez es investigado por esconder en bancos suizos dinero proveniente del millonario esquema de corrupción descubierto este año en Petrobras. Para el gobierno y miembros del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), Cunha resolvió ir contra Rousseff cuando advirtió que el Consejo de Ética de la Cámara, que lo juzga por ocultar esas cuentas en el extranjero, lo obligará a dejar el cargo.
Ministros, legisladores y el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva fueron desplegados para acelerar un proceso que puede llevar varios meses, justamente cuando Brasil camina hacia su peor recesión en 85 años y Rousseff tiene una popularidad de apenas 10%. El Congreso todavía no ha decidido si se toma el receso de fin de año (del 22 de diciembre al 2 de febrero) o comienzan ya el juicio. Según una encuesta, solo 182 diputados están a favor del impeachment. En contra, 258, lo que calma las agitada aguas alrededor de Rousseff.