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Monterrey. Estar sentado junto a Silvia Raquenel Villanueva puede ser una experiencia desgarradora para los nervios y no sólo debido a que ella es una mordaz abogada que maldice cual marinero si la provocan. Está también la delicada cuestión de las personas que la quieren ver muerta.
Ella ha enfrentado cuatro atentados en contra de su vida. Le han disparado. Le han lanzado explosivos. La han rociado con una lluvia de balas. Ha sufrido impactos en la cabeza, las nalgas, en el pulmón, en el estómago y milagrosamente, cada vez, ella ha logrado recuperarse.
Actualmente tiene guardaespaldas y un vidrio de protección en el ventanal junto a su enorme escritorio. De cualquier forma, la más prominente "narco-abogada" de México o abogada de los capos de las drogas, sigue recibiendo amenazas, mismas que ella, mujer religiosa con semblante serio, desvía con rezos, una veladora encendida en su oficina y, en los muros, veintenas de cruces e imágenes de Jesucristo.
"Yo puedo suponer que Dios quiere que yo siga trabajando en lo que siempre he hecho", dijo. "Soy una abogada para gente que realmente lo necesita".
Con todo, sí reconoce que ahora es más circunspecta, dados todos los intentos de asesinato, con respecto a quién representará. Un poco. Incluso así, ella no tuvo reparos hace unos cuantos meses para incluir como uno de sus clientes a un agente de policía al que las autoridades habían acusado de secuestro y asesinato del hijo adolescente de un prominente empresario en un caso que traumatizó a la nación. Sin embargo, se alejó y le encontró un abogado diferente a dicho oficial, tras haber recibido telefonemas en los que le prometían un nuevo atentado en contra de su vida.
No obstante, para su familia, Raquenel no se ha distanciado en la medida suficiente de la vida peligrosa. "Mi padre me dice: Tienes la cabeza muy dura. Por eso te dispararon en la cabeza y lograste vivir".
Raquenel puede contar con asombrosa rapidez las fechas exactas de los diversos atentados en contra de su vida, como si fueran días feriados. Está la vez del 13 de mayo de 1998, cuando un explosivo estalló justo frente a la puerta de su oficina. Y el 23 de marzo de 2000, cuando recibió un impacto de bala cuando entraba a un hotel en la Ciudad de México acompañada de un cliente, un comandante de policía acusado de trabajar por lo bajo para el "narco". Después llegó el 31 de agosto de
2000, cuando alguien irrumpió en su oficina y le disparó ocho veces; luego vino el 13 de noviembre de 2001, cuando alguien le disparó estando en las escaleras que están afuera del juzgado en Monterrey.
"Algunas personas habrían salido del país", dijo. "Yo no. Dios me ha puesto en el ojo del huracán. La gente a quien defiendo podría ser lo peor de lo peor o podría ser inocente".
Todo parece indicar que a Raquenel le importa muy poco con qué cárteles de las drogas en competencia casualmente estén afiliados sus clientes. Ella representó a Carlos Resendez Bertolucci, oficial de la ley de la rama federal que fue acusado de colaborar con el cártel del Golfo. Representó a sospechosos vinculados con el cártel de Sinaloa y con los Zetas, que es un grupo de desertores militares acusados de instigar buena parte de la violencia relacionada con las drogas que México soporta actualmente.
Lo que verdaderamente enfurece a Raquenel más que un criminal es un funcionario gubernamental que lucra a partir del crimen, y han existido numerosos ejemplos en México de personas poderosas que son descubiertas trabajando para los narcotraficantes. Los traficantes verdaderamente grandes, argumenta, no necesitan sus servicios, ya que ellos tienen políticos, fiscales y oficiales de policía en su nómina para asegurarse que ningún cargo se sostenga.
Los últimos siete años han pasado sin contratiempos cuando se trata de verdadera violencia en su contra, pero, incluso así, las amenazas siguen llegando. Sin embargo, el hecho de ser un objetivo no la ha convertido en un manojo de nervios. Se muestra fatalista con respecto a cuándo y como llegará su final, y jura que continuará con su agresiva defensa de cualquier cliente que ella elija defender.
Como madre soltera, claramente le molesta que su hija adolescente pudiera quedar huérfana algún día, y eso ha hecho que rechace clientes, dijo, que, de lo contrario, ella habría representado.
La lista de sus clientes ha sido una galería de malhechores de narcotraficantes, policías corruptos y otros maleantes, o presuntos, ya que Raquenel ha logrado liberar a muchos de ellos de la cárcel destacando errores procesales o lo que ella prefiere llamar evidencia fabricada por parte del Estado.
Asimismo, se muestra desdeñosa hacia los cargos que se entablaron en su contra en el otoño de 2006, mismos que condujeron a su detención a lo largo de tres meses. En ese caso, ella fue acusada, aunque nunca convicta, de haber estado involucrada en el secuestro y asesinato de un oficial de la ley.
"Las autoridades tienen una imaginación perversa", dijo, indicando que esa no había sido la única vez que ella había sido acusada falsamente. En 2001, los cargos en el sentido que ella había estado portando un arma de fuego sin permiso no lograron sostenerse. De hecho, en fecha reciente, se descubrió que la división sobre delincuencia de la Procuraduría General de la República que la estaba investigando estaba repleta de oficiales que recibían pagos secretos de los narcotraficantes.
Uno de los resultados de su detención, dijo, fue que el Consulado Estadounidense en Ciudad de México había revocado su visa para visitar Estados Unidos. (Una portavoz en la Embajada Norteamericana en Ciudad de México se negó a comentar sobre el caso, diciendo que se consideraba que esas decisiones eran privadas.)
Raquenel, cincuentona, reconoce que ha cometido errores a lo largo de los años. "Solamente soy humana", dijo, poniéndose emotiva pero negándose a ahondar exactamente en lo que había salido mal en su vida. Las autoridades, de manera extraoficial, la describen como una persona que se ha acercado demasiado a la vida criminal, habiendo salido muy beneficiada con dinero sucio.
Con todo, ella también cuenta con admiradores. Al menos seis bandas diferentes han escrito canciones sobre su persona, con títulos como "La Dama de Acero" y "La Abogada a Prueba de Balas", aunque debería decirse que se ha sabido que algunos de los grupos también han escrito baladas acerca de los mismos narcotraficantes.
Cada una de las cruces clavadas al muro en la entrada de su oficina es de un cliente que ella ha arrancado de la cárcel, comentó Raquenel. Hay muchísimas, demasiadas para contarlas cuando se avanza hacia la salida, con la puerta abierta y los guardaespaldas lejos de ahí, así como la posibilidad en el aire de que alguien, en algún lugar, aún pudiera albergar un resentimiento en contra de ella.