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En diez años el país tendrá la fuerza más poderosa de América Latina con fragatas, navíos ligeros, corbetas, además de misiles de largo alcance, torpedos, aviones y helicópteros de avanzada tecnología. También fabricará un submarino nuclear.
“Brasil quiere ser la primera potencia militar de América Latina, pero para conseguirlo tendrá que demostrar que tiene con qué”, aseguraban hace más de un año los ministros de Defensa, Nelson Jobim, y el de Asuntos Estratégicos, Roberto Mangabeira Unger, funcionarios elegidos por Luiz Inácio Lula da Silva para explicar a varios países de la región su estrategia de defensa.
La idea era convencer a los demás países suramericanos de la importancia de que Brasil desarrolle un potencial bélico serio y evitar cualquier susceptibilidad. Por eso, el millonario acuerdo militar por US$12.000 millones, firmado ayer con Francia, no sorprendió a nadie y, contrario al debate que generó el firmado entre Estados Unidos y Colombia, en esta oportunidad ni Argentina ni Venezuela ni Ecuador se rajaron las vestiduras y pidieron explicaciones al presidente Lula.
El acuerdo militar entre París y Brasilia es el más importante firmado por ese país en los últimos 50 años y convierte al gigante brasileño en la primera potencia militar de América Latina. Para 2020 el país tendrá la fuerza naval más poderosa de la región, equipada con fragatas, navíos, 35 corbetas, además de misiles de largo alcance, torpedos y aviones con tecnología avanzada.
La asociación estratégica también prevé la fabricación de 50 helicópteros, la construcción en serie de cuatro submarinos convencionales, además del primer submarino brasileño a propulsión nuclear (ver recuadro). También se esperan inversiones en instalaciones industriales y portuarias, la construcción de astilleros y la transferencia de tecnología nuclear.
Según palabras del ministro Jobim, esta inversión militar —que supera las compras de Venezuela a Rusia y el monto del Plan Colombia— no despertó inquietud en la región, porque “no está diseñado para agredir a nadie”. Expertos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo explican que los motivos que llevan a los brasileños a mejorar e incrementar su arsenal no tienen que ver con fines bélicos. Apuntan que los tres principales factores son: una mejora del sistema de control aéreo, preservar el Amazonas y fomentar los recursos para la extracción de petróleo, cuyas reservas superarían los 50.000 millones de barriles.
Para el experto en historia y estrategia militar João Roberto Martins, el acuerdo militar entre Brasil y Francia demuestra el interés del gobierno de Lula en asumir una política regional sin la hegemonía de Washington. En una entrevista con el diario Folha de São Paulo, Martins declaró que ese contrato con Francia “va a entorpecer no sólo los intereses estratégicos norteamericanos, sino también sus intereses comerciales de la industria naval y aeronáutica”.
Sólo queda un punto pendiente del acuerdo: la compra a la empresa francesa Dassault de 36 aviones de combate. La decisión se tomará en los próximos días. El único problema que ven los expertos con esta demostración de fuerza es que cada vez que un país se arma, el vecino anuncia nuevas adquisiciones. ¿Cuál será el próximo?
Los brasileños en el club nuclear
“Con el submarino nuclear Scorpene, Brasil ganará poder disuasorio en la plataforma continental”, aseguró el ministro brasileño de Defensa, Nelson Jobim. El submarino nuclear está diseñado para lanzar y transportar misiles balísticos (como el misil SS-N-18 ruso o el Trident II estadounidense), sin embargo, no son submarinos de ataque. Hasta este año sólo Estados Unidos, Rusia, China, el Reino Unido y Francia, las cinco potencias con asientos permanentes en el Consejo de Seguridad la ONU, poseían y construían submarinos de propulsión nuclear.