Como si no tuvieran suficiente con los sangrientos ajustes de cuentas de los carteles de la droga y el continuo azote de la delincuencia común, las autoridades mexicanas ahora deben preocuparse por los lectores de la Biblia que desean advertir al mundo de males por venir.
Una semana después de que un pastor boliviano secuestrara un avión para advertir al país de un inminente terremoto, un agricultor disparó indiscriminadamente en uno de los vagones del metro de Ciudad de México, causando la muerte de dos pasajeros.
El agresor, de 38 años y originario del estado de Jalisco, le dijo a los policías que lo arrestaron que estaba cumpliendo un mandato divino: advertir de la hambruna que en pocos meses se apoderará de todo el país.
“También habla de la Biblia. Dice que muchas de las cosas que están sucediendo están escritas en la Biblia”, dijo Miguel Ángel Mancera, procurador de Justicia de la capital mexicana.
El gobierno del Distrito Federal decidió tomar cartas en el asunto y ya son comunes los operativos diarios en los que 4.600 policías vigilan las 175 estaciones del metro para evitar un incidente similar. De ahora en adelante, cualquier persona que acceda al sistema es requisada con detectores de metales y vigilada muy de cerca por agentes encubiertos.
“Es muy importante la participación de todos los ciudadanos para garantizar la seguridad del servicio”, dijo Luis Rosales, director de la Secretaría de Seguridad Pública, quien aconsejó a los cerca de cuatro millones de personas que utilizan el metro no poner su vida en riesgo si se presenta un evento similar.
Pero las medidas no sólo se toman en la capital. Ayer las autoridades del Aeropuerto Internacional de Cancún realizaron un simulacro de secuestro. Su objetivo es evitar otro incidente de advertencia bíblica.