
Analeidis Arias Marín prepara a sus hijos para ir a la escuela en Santiago de Cuba, en mayo.
Foto: Lisette Poole González
Adrián Silva Guerra vio que la farola de la calle se encendió con un parpadeo. Eran las 2:08 a. m. de un jueves. Silva Guerra, electricista, rápidamente se levantó del portal, entró a la casa y dejó la puerta entreabierta para que el aire de la madrugada llegara a su hijo de 7 años, quien dormía en un colchón de espuma.
Entró en su taller, se sentó junto a una pila de televisores descompuestos que desmontaba para sacarles piezas de repuesto y empezó a soldar. Una voluta de humo salía de una placa de circuitos verde y cobriza en la que estaba...
Por Ed Augustin y Lisette Poole González | The New York Times
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