El presidente estadounidense, Donald Trump, viajará este miércoles a la Base Aérea de Dover, en Delaware, para recibir los cuerpos de los soldados estadounidenses Isabella Gonzales, de 19 años y originaria de Texas, y Tyler Freehan, de 25 años y originario de Hawái, quienes perdieron la vida en ataques separados perpetrados el fin de semana por milicias respaldadas por Irán en la guerra en Oriente Medio. Esto deja un saldo de 17 muertes estadounidenses en el transcurso de la guerra.
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“Cada vez que Irán mate a un soldado estadounidense, pagará por ese asesinato con creces”, advirtió el mandatario, quien aseguró que vendrán más ataques contra Irán en represalia.
Los ataques entre Estados Unidos e Irán cumplen ya 11 días desde su reanudación, luego de que el frágil acuerdo de cese de hostilidades entre ambas partes se quebrara el pasado 7 de julio tras acusaciones mutuas de incumplimientos. El estrecho de Ormuz, vital para la economía global, volvió a cerrarse bajo el estricto control de Irán, sacudiendo de nuevo los mercados. Pero esta vez la situación se ha agravado por la entrada de los hutíes de Yemen, grupo respaldado por Irán, quienes declararon su propio bloqueo marítimo en el mar Rojo, por el estrecho de Bab el-Mandeb, contra el transporte de Arabia Saudita. Esto no solo podría escalar el conflicto regional, sino que agrega otro peso al suministro de petróleo.
Ante este panorama, analistas como Barak David, corresponsal de Axios para Oriente Medio, observan dos caminos para el presidente estadounidense: promover un nuevo alto al fuego de 10 días para tratar de estabilizar la región, o emprender una nueva campaña militar con Israel para doblegar a Teherán. Ambas son rutas difíciles, pero de acuerdo con informes de inteligencia estadounidenses, las nuevas rondas de ataques militares estadounidenses contra Irán serían poco efectivas para suavizar su postura negociadora, lo que alentaría la primera opción. Además, esta segunda ruta tiene muchos más desafíos que la primera.
Aunque Trump ha intentado mostrar firmeza desde el ámbito militar frente a Irán, la realidad en el Congreso limita sus opciones en el corto plazo. Según estimaciones hechas por think tanks como el Center for American Progress, que podrían quedarse cortas debido a la opacidad en la información del Departamento de Defensa, la guerra ha costado unos USD 111.000 millones, poco más de USD 1.000 millones al día. El Pentágono ya no tiene cómo sostener ese nivel de gasto.
La Casa Blanca ha pedido USD 87.600 millones en un paquete específico para la guerra con Irán, adicional al presupuesto regular del Pentágono que superaría el USD 1 billón este año. Pero Trump, además, quiere inyectarle otros USD 350.000 millones adicionales a través de un proyecto de ley de reconciliación, un mecanismo que permite aprobar leyes relacionadas con el presupuesto y los impuestos con una mayoría simple.
“Ajustada a la inflación, (el presupuesto) superaría el gasto militar de los presidentes George W. Bush y Barack Obama en los momentos álgidos de la guerra contra el terrorismo, excedería con creces cualquier presupuesto de defensa de la Guerra Fría y se acercaría a los niveles máximos de la Segunda Guerra Mundial”, señaló el Instituto Brookings.
Es muchísimo dinero en juego, que además está bloqueado en un momento crítico para Trump. La semana pasada, los demócratas bloquearon la Ley de Autorización de Defensa Nacional, la del presupuesto regular de USD 1 billón, argumentando que aprobarlo equivale a validar una guerra no autorizada. El financiamiento suplementario de USD 87.600 millones enfrenta la misma resistencia, así como el paquete de USD 350.000 millones por la vía de reconciliación. Todo esto tiene que votarse a contrareloj, pues el Congreso sale a su último receso en los próximos ocho días.
El bloqueo no se debe solo a los demócratas, pues entre los mismos republicanos hay descontento por el gasto. La semana pasada, el Comité de Presupuesto de la Cámara logró un marco para un presupuesto de USD 95 mil millones para ayudar a agricultores (perjudicados precisamente por la guerra), pero la mayor parte del mismo, casi unos USD 73 mil millones, se usaría para financiar gastos militares. A los legisladores con un discurso de responsabilidad fiscal esto no les ha sentado bien.
“¿Cuándo pagaron por una guerra? Gran parte de esto son gastos militares para esa guerra”, dijo el presidente del Comité de Asignaciones, Tom Cole.
La razón, para otros, no es como tal el monto, sino la manera en la que se usan. La supervisión del Congreso ha sido vital para optimizar el gasto militar. El Instituto Brookings recuerda que durante la administración de Ronald Reagan se descubrieron inodoros a USD 600 y pagos ilícitos a contratistas. Los fondos adicionales para la guerra contra Irán se exigen rechazando la supervisión y equilibrios habituales del Congreso.
“El país no puede permitirse ayudar a los pobres y necesitados, pero siempre hay más dinero para la guerra, incluso para guerras innecesarias y arbitrarias como la que el presidente Donald Trump ha emprendido contra Teherán”, subrayó el analista Hayes Brown.
Antes de la muerte de los soldados estadounidenses, el Pentágono ya había sido criticado por su opacidad en la información sobre gasto, así como sobre el costo humano. Esta semana se supo que un centenar de soldados han resultado heridos en las últimas dos semanas de guerra, lo que alimenta la impopularidad de la guerra. Según The Economist, la guerra de Irán es la más impopular para Washington desde que se hacen encuestas. Apenas la apoyan tres de cada diez estadounidenses. La economía, en cambio, se mantiene como la máxima prioridad de cara a las elecciones del próximo noviembre, por lo que cualquier voto a favor de un paquete de gasto militar en medio de la crisis inflacionaria podría ser castigado en las urnas, un panorama que Trump parece desconocer.
“Bueno, mire, estamos ganando mucho dinero. Las empresas de defensa están prosperando y dan trabajos”, dijo el presidente cuando se le preguntó el lunes por la posibilidad de que la guerra aumente la inflación.
El futuro de la guerra dependerá de la voluntad del Congreso en las próximas 48 horas que tiene una única oportunidad de detener a Trump congelando los fondos de Defensa. Mientras esto ocurre, la primera opción, el díalogo, sigue en marcha. El ministro del Interior iraní viajó el martes a Pakistán, un mediador clave en el conflicto, mientras Trump recibió a su homólogo de Líbano, Joseph Aoun, a quien prometió apoyo.
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