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La francesa de la discordia

Florence Cassez, la francesa de 36 años condenada en México a 60 años de prisión, está complicando las relaciones diplomáticas entre ambos países.

Ricardo Abdahllah/París

15 de febrero de 2011 - 04:59 p. m.
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La tensión en la manifestación de diciembre de 2009, en la que Bernard y Charlotte, los padres de Florence Cassez; su abogado Frank Berton y unos veinte senadores, representantes y alcaldes de todas las vertientes políticas desfilaron frente a la Embajada de México en París, mostraba que el caso de la joven francesa, detenida en México en ese entonces desde hacía cuatro años y condenada a una pena de seis décadas de reclusión se había convertido en una cuestión diplomática. El hecho de que más de un año después de esa tarde el presidente Nicolás Sarkozy haya vuelto a recibir en el Palacio del Eliseo a los Cassez, es una señal de que las cosas no han cambiado.


Natural de Béthune, en el norte de Francia, Florence decidió viajar a México en 2003. “No se sentía bien con su trabajo como agente comercial de una cadena de almacenes”, dice su madre. En México comenzó a salir con Israel Vallarta, “un tipo amable como todos los mexicanos”, dice Bernard. Razón de más para lo imprevisto de la noticia del 9 de diciembre de 2005, cuando los Cassez se enteraron de que Israel y Florence habían sido detenidos y acusados de secuestro.


Lo que ha seguido desde entonces ha sido un proceso judicial que ha recorrido todas las instancias de la justicia mexicana hasta el Séptimo Tribunal Penal, que la semana pasada confirmó la condena a 60 años de prisión, limitando la suerte de Florence a un posible traslado a Francia para que cumpla en su país el resto de su condena.


Acerca de ese posible traslado deben hablar vía telefónica en los próximos días los presidentes de Francia y México. Aunque un acuerdo entre los dos países permite este tipo de operación, una declaración hecha por Sarkozy el pasado lunes complica aún más esta solución, que en México sería extremadamente impopular.


“El pueblo francés sabe distinguir entre el pueblo mexicano y algunos de sus dirigentes”, afirmó el mandatario a propósito de la proposición hecha por algunos políticos que apoyan a Florence, pero rechazada por ella, en el sentido de cancelar las celebraciones culturales y los encuentros económicos del Año de México en Francia como forma de protesta. Sarkozy no sólo confirmó que las actividades previstas se realizarían, sino que estarían dedicadas a la joven retenida.


Gesto que el gobierno mexicano no apreció y que lo condujo a condicionar su participación a que el Affaire Cassez  no se mencionara. En los círculos culturales y entre los organizadores del evento se rumora que éste ya ha sido cancelado. En México, varios periódicos y artistas apoyaron al gobierno mexicano y criticaron al presidente Sarkozy por su posición frente al caso de la ciudadana francesa. Hasta el escritor mexicano Carlos Fuentes se pronunció al respecto y aseguró que “Nicolás Sarkozy se estaba comportando en este asunto como un dictador bananero”.


Más allá de los embrollos diplomáticos están las inconsistencias que surgen en el proceso judicial de Cassez desde el momento mismo de su detención. Presentada como un operativo en directo, en realidad fue una “reconstrucción” organizada por la policía, que retuvo a Cassez y Vallarta toda la noche en un furgón antes de forzarlos a actuar como si estuvieran en su casa. A juicio del periódico El Universal, el presidente francés “ha llevado demasiado lejos su empeño personal” por trasladar a Francia a Cassez y “ha usado el tema para desplegar un populismo doméstico, que identifica la detención de una compatriota como una afrenta diplomática, sin reparar en el daño causado a las víctimas”.

Por Ricardo Abdahllah/París

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