
Poco antes de morir, Taty Almeida recibió el doctorado honoris causa por parte de la Universidad de Buenos Aires.
Foto: AFP - LUIS ROBAYO
No hubo flores. Esa fue su última voluntad. De los 95 años que vivió, Taty Almeida dedicó casi 51 a buscar a Alejandro, el hijo que la dictadura argentina le arrebató. Él sabía que estaba en peligro, y ella supo su sentir al leer un poema que él dejó: “Si la muerte me sorprende lejos de tu vientre (...), si me sorprende lejos de tus caricias que tanto me hacen falta, si la muerte me abrazara fuerte como recompensa por haber querido la libertad, y tus abrazos entonces solo envuelven recuerdos, llantos y consejos que no quise seguir, quisiera...
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