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El indio guerrero Amoim Aruká, último hombre sobreviviente del exterminado pueblo indígena brasileño Juma, murió el miércoles a los 86 años víctima del COVID-19, según informaron medios en Brasil.
“Aruká era el último hombre juma que tenía memoria de las maneras de cazar, los modos artesanales propios de su pueblo. Existe un consenso en la región, entre los indígenas kagwahiva, de su importancia para la memoria colectiva”, le explicó el antropólogo Edmundo Peggio de la Universidad Estatal Paulista (Unesp) al diario El País de España.
Aruká falleció en un hospital de Porto Velho, capital del amazónico estado de Rondonia (norte de Brasil), donde estaba internado desde el pasado 2 de febrero por complicaciones del nuevo coronavirus, de acuerdo con la Asociación de Defensa Etnoambiental Kanindé. El octogenario indígena fue llevado con problemas respiratorios al Hospital Regional de Huamaitá, en el estado de Amazonas, y de allí, por su estado grave, remitido a Porto Velho. Su cadáver será llevado a Humaitá, donde será sepultado.
Las tres hijas de Aruká se convirtieron así en las últimas del pueblo Juma, el cual en el siglo XVIII alcanzó a tener entre 12.000 y 15.000 miembros. Una serie de matanzas a manos de mineros y hacendados invasores, los ataques de animales y enfermedades letales redujeron drásticamente la población de los juma.
Ante la falta de hombres en su prácticamente exterminada comunidad, las tres hijas de Aruká se casaron con miembros del pueblo Uru-Eu-Wau-Wau y por eso sus nietos ya no tienen el linaje puro de los Juma.
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La Coordinación de las Organizaciones Indígenas de la Amazonía Brasileña (COIAB) citó en un comunicado que a pesar de que su pueblo estaba diezmado a finales del siglo XX, Aruká consiguió en 2004 la demarcación de las tierras indígenas.
La reserva de los Juma, con Aruká, sus hijas, nietos y los yernos de otra tribu, era una de las tierras amparadas por las barreras sanitarias de protección a las comunidades indígenas en medio de la pandemia, pero el bloqueo para su resguardo no fue realizado plenamente, lo que los dejó vulnerables ante el virus.
El caso de los juma, y de Aruká en particular, ilustra las nuevas amenazas que enfrentan los pueblos indígenas del país. No solo se ven expuestos a las enfermedades que se propagan en las ciudades sino que sufren del abandono estatal y de las intimidaciones de un presidente como Jair Bolsonaro que desprecia los derechos humanos. El mandatario ultraderechista prometió en campaña actuar de manera agresiva en la Amazonía y hasta ahora ha cumplido con sus objetivos. Su gobierno ha dejado sin más protección legal a las comunidades, por lo que las principales organizaciones de aborígenes brasileños han culpado al Ejecutivo de la muerte de Aruká.
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“Una vez más, el Gobierno brasileño se comportó con un grado de omisión criminal y de manera incompetente. El Gobierno lo asesinó”, señalaron las organizaciones indígenas de Brasil en un comunicado.
Brasil superó el miércoles las 242.000 muertes por el nuevo coronavirus, 567 entre sus pueblos indígenas, según cifras oficiales.
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