Estados Unidos es menos apasionado por el fútbol que la mayoría de los países, pero con el presidente Donald Trump al mando, el deporte rey también se ha convertido en un campo de batalla diplomático.
Trump, que está orgulloso del papel de Estados Unidos como coanfitrión del Mundial, reconoció que se puso en contacto con la FIFA, que revocó la tarjeta roja mostrada a la estrella estadounidense Folarin Balogun.
Trump también puso en entredicho la reputación del árbitro brasileño Raphael Claus, que mostró la tarjeta roja, aunque precisó que no le gusta “crear controversias”.
Brasil, un país que mantiene varios contenciosos diplomáticos y comerciales con Trump y que vive el fútbol como una religión más, reaccionó mediante su Confederación de Fútbol (CBF), que reivindicó la honestidad del colegiado.
“La CBF rechaza cualquier insinuación que ponga en duda la integridad de Raphael Claus. Es un profesional ejemplar”, explicó.
Trump zanjó la cuestión este lunes con claridad. “Pedí una revisión porque no pensé que fuera falta”, dijo Trump a periodistas en la Casa Blanca este lunes.
El presidente republicano, que afirmó que “entiende mucho de deportes”, reconoció que inicialmente desconocía que una tarjeta roja implicaba la suspensión automática para el siguiente partido y calificó esa norma de la FIFA como “muy injusta”.
Balogun, máximo goleador de Estados Unidos en el torneo con tres tantos, había sido expulsado en la victoria 2-0 contra Bosnia en dieciseisavos por pisar a un rival, lo que le impedía jugar ante Bélgica. La FIFA anunció el domingo que la sanción de un partido “queda en suspenso durante un período de prueba de un año”.
Infantino salió al paso este lunes asegurando haber dicho a Trump que las instancias de la FIFA son “independientes”. “Durante nuestra conversación le expliqué que un procedimiento jurídico estaba en curso implicando a las instancias judiciales independientes de la FIFA”, señaló en un comunicado.
Balogun, ciudadano por nacimiento
Lo paradójico aparece al ver que Folarin Balogun nació en Brooklyn, Nueva York, lo que le otorgó la ciudadanía automática bajo la 14 enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, a pesar de que sus padres son de nacionalidad nigeriana y residían en Londres.
Dicho de otra forma, Trump se la jugó por un estadounidense cuya ciudadanía llegó por el metodo que él mismo está buscando eliminar en estos momentos en Estados Unidos.
La semana pasada, la administración Trump intensificó su lucha contra el llamado “turismo de nacimiento”, dijo el fiscal general interino de Estados Unidos.
La Corte Suprema de Justicia, de mayoría conservadora, confirmó el martes pasado el derecho a la ciudadanía por nacimiento. El alto tribunal revocó una orden ejecutiva del presidente Donald Trump en la que, en el primer día de su segundo mandato, decretó que los niños nacidos en Estados Unidos de padres “presentes ilegalmente o temporalmente” no se convertirían automáticamente en ciudadanos estadounidenses.
El fiscal general interino, Todd Blanche, dijo a periodistas el miércoles que, ante esa decisión, las autoridades seguirán teniendo como objetivo a mujeres extranjeras que busquen dar a luz en Estados Unidos.
“Desde el punto de vista del Departamento de Justicia, obviamente estamos concentrando a nuestros fiscales y a nuestros socios de las fuerzas del orden en el turismo de nacimiento, que es una industria en auge y va a seguir creciendo”, dijo Blanche en una conferencia de prensa.
“Hay otras cosas que (...) el gobierno federal puede hacer en el proceso de la visa y el proceso de aplicación para minimizar o limitar la oportunidad a personas de venir acá (...) solo para tener a su bebé y que pueda ser entonces un ciudadano estadounidense”, agregó.
La administración Trump ha utilizado el “turismo de nacimiento”, particularmente desde China, como argumento en contra de la ciudadanía por nacimiento.
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