Viajar al Mundial, asistir a los partidos de los equipos favoritos y, además, conocer otro país puede sonar como un sueño para muchos. Este año, el torneo se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá, un hecho que debería representar un motivo de unión. Sin embargo, la organización del evento ha despertado cuestionamientos entre expertos y turistas debido al endurecimiento de las políticas migratorias de Estados Unidos.
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Las dudas aumentaron luego de que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) afirmara que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) podría apoyar las labores de seguridad durante el Mundial. Esto encendió las alarmas entre distintos sectores, ya que ICE es el organismo encargado del control migratorio y, en el último año, ha intensificado las redadas y detenciones de migrantes, lo que genera preocupación en el contexto del torneo.
No obstante, el medio NBC informó que funcionarios del DHS aseguraron que los agentes asignados al Mundial no tendrán como objetivo realizar operativos migratorios ni verificar el estatus legal de aficionados, trabajadores o asistentes a los encuentros deportivos.
A pesar de estas aclaraciones, persiste la preocupación entre turistas y comunidades migrantes frente a la posible presencia de ICE. La Coalición de Inmigrantes de Florida (FLIC) incluso creó un sitio web para advertir a los aficionados que planean viajar a Miami —ciudad que albergará siete partidos del Mundial— sobre los “riesgos sin precedentes” que, según la organización, podrían enfrentar. Entre ellos mencionan perfilamiento racial, detenciones arbitrarias en condiciones inhumanas y posibles violaciones de derechos humanos.
“Florida ya no es un destino seguro para los turistas internacionales”, expresó Tessa Petit, directora ejecutiva de FLIC, en una carta pública. “Los visitantes internacionales deben preguntarse si vale la pena, por un partido de fútbol, correr el riesgo de ser detenidos o encarcelados”, añadió.
Para Alejandro Bohórquez-Keeney, docente de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia, lo que está realmente en juego —y hoy se encuentra profundamente cuestionado— es el prestigio internacional de Estados Unidos. Según explica, esa imagen viene deteriorándose desde comienzos del siglo XXI y se ha visto aún más afectada por las políticas migratorias y el protagonismo de ICE durante la administración de Donald Trump.
En ese contexto, señala que la reputación internacional del país queda en entredicho frente al Mundial. Aunque ICE ha asegurado que no realizará revisiones migratorias, arrestos ni redadas masivas durante el evento, persiste la suspicacia sobre el verdadero alcance de su participación y el mensaje político que transmite su eventual presencia.
La desconfianza hacia ICE también se ha visto alimentada por episodios recientes que han generado indignación nacional. En enero de 2026, los ciudadanos estadounidenses Renée Nicole Good, madre de tres hijos, y Alex Pretti, enfermero de cuidados intensivos, fueron asesinados en Minneapolis durante operativos y enfrentamientos relacionados con agentes federales de inmigración.
Ambos casos provocaron protestas y reforzaron las críticas contra ICE por presuntos abusos, redadas y detenciones arbitrarias contra migrantes.
Este fenómeno puede explicarse mediante lo que el Dr. José Pons describe para la revista Medicina y Salud Pública. Según el especialista, las redadas migratorias generan un “trauma colectivo” marcado por hipervigilancia, solidaridad defensiva y pérdida de confianza en las instituciones. Por eso, aunque las autoridades han asegurado que ICE no realizará controles migratorios durante el Mundial, la sola posibilidad de que el organismo participe en la seguridad del torneo despierta temor entre comunidades migrantes y aficionados internacionales.
La preocupación cobra aún más fuerza por la carga simbólica que representa ICE para muchos latinos dentro y fuera de Estados Unidos. Aunque su presencia en eventos masivos no es nueva —el organismo ya ha participado en operativos federales durante competencias como el Super Bowl y el Kentucky Derby—, expertos consideran que su participación en un evento tan global como el Mundial puede tener un impacto distinto en la percepción internacional del país.
En ese sentido, el académico Alejandro Bohórquez-Keeney sostiene que detrás de la posible participación de ICE queda una “mancha” sobre la imagen de Estados Unidos: la duda de si el país sigue siendo realmente un lugar abierto y acogedor para los extranjeros. A su juicio, el mensaje político que se transmite es que Estados Unidos ya no se percibe tanto como “la tierra de la libertad”, sino como un territorio donde hay que actuar con cautela y donde quizá no todas las personas son igualmente bienvenidas.
“Estados Unidos históricamente ha sabido aprovechar este tipo de eventos. Por ejemplo, se considera que los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984 fueron los primeros realmente lucrativos para una ciudad sede. Siempre ha existido un fuerte componente de negocio y de proyección internacional”, afirmó Bohórquez-Keeney.
Incluso, asociaciones civiles recomendaron durante una conferencia frente a la sede de la FIFA en Miami —ciudad donde jugarán selecciones como Colombia, Uruguay y Brasil— que los aficionados latinoamericanos consideren asistir a partidos en México o Canadá en lugar de Estados Unidos. Este último será sede de 78 de los 104 encuentros programados entre el 11 de junio y el 19 de julio.
Hasta el momento, no existe una confirmación oficial sobre si ICE tendrá presencia dentro de los estadios del Mundial, y la FIFA tampoco se ha pronunciado al respecto. Sin embargo, el debate ya está abierto sobre si esta sería una decisión conveniente para Estados Unidos, especialmente por el impacto simbólico que el organismo tiene para la comunidad latina dentro y fuera del país.
“Esto podría pasarle factura a Estados Unidos, porque históricamente los grandes eventos deportivos han sido utilizados por los países anfitriones para fortalecer su imagen y proyectar prestigio internacional. Sin embargo, los últimos mundiales, como los realizados en Rusia y Qatar, estuvieron marcados por fuertes cuestionamientos políticos y denuncias relacionadas con derechos humanos. Eran países cuya calidad democrática ya estaba en debate, y ahora Estados Unidos empieza a enfrentar señalamientos similares”, concluyó el profesor.
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