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La ruta hacia el desarme

El pleno del Consejo de Seguridad de la ONU votará la resolución que establece el uso de la fuerza (aunque no de inmediato) en caso de que Damasco incumpla lo pactado.

Antonio Caño /Especial de El País

27 de septiembre de 2013 - 05:00 p. m.
Los inspectores de la ONU regresaron ayer a Damasco para verificar nuevas denuncias sobre el uso de armas químicas. / AFP
Foto: AFP - LOUAI BESHARA
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Los países occidentales del Consejo de Seguridad llegaron a un acuerdo con Rusia para aprobar de inmediato una resolución que daría fuerza legal y permitiría la aplicación del reciente acuerdo ruso-estadounidense para el desmantelamiento del arsenal químico de Siria, según anunciaron diferentes fuentes diplomáticas. La resolución incluye una mención del uso de la fuerza en el caso de que el régimen sirio no cumpla el compromiso, aunque no se hace una autorización automática de ese recurso.

Los embajadores de Estados Unidos, Samantha Power, y del Reino Unido en la ONU, Lyall Grant, confirmaron a través de Twitter el acuerdo. El emisario británico anunció que su país presentaría el texto a consideración de los 15 miembros del Consejo de Seguridad. Fuentes diplomáticas estadounidenses y chinas habían anticipado que el acuerdo con Rusia era inminente. Ayer, la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas se reunió en Ginebra para discutir la integración de Siria en el organismo.

Aunque el texto exacto de la resolución no se conoce de momento, distintas fuentes coincidían en que incluye una alusión al capítulo 7 de la Carta de las Naciones Unidas, que permite el uso “de todos los medios necesarios, incluidos militares” para obligar a su cumplimiento. Sin embargo, por exigencia de Rusia, esa opción queda subordinada a una nueva votación del Consejo, con lo que el gobierno ruso se reservaría la posibilidad de impedir una acción militar contra Siria en el futuro. El embajador británico aseguró que la resolución era “vinculante y aplicada por la fuerza”. Power dijo que era “legalmente vinculante”.

La discusión de esta resolución ha sido motivo durante días de una fuerte pugna en la ONU entre la delegación rusa y las de los tres países occidentales con derecho de veto: Estados Unidos, el Reino Unido y Francia. Esas diferencias, relacionadas con el uso de la fuerza, estaban poniendo en riesgo la aplicación del acuerdo alcanzado hace dos semanas en Ginebra por el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, y el ministro ruso de Relaciones Exteriores, Sergei Lavrov.

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Si el texto es, finalmente, aprobado de acuerdo con los términos del borrador presentado, ambas partes salvan relativamente la cara. Las tres potencias occidentales logran la introducción de la amenaza militar, pero Rusia consigue conservar el derecho a la última palabra para que se autorice un ataque. De esta manera, el régimen de Bashar al Asad recibe un fuerte mensaje de la comunidad internacional sobre la necesidad de que destruya su armamento químico, pero conserva la protección de Rusia para evitar una acción militar en el caso de que incumpla.

En todo caso, esta resolución aleja por un buen tiempo el espectro de otra guerra en Oriente Medio y debería permitir la puesta en marcha inmediata del pacto ruso-estadounidense. Ese pacto da hasta el mes de noviembre para que los inspectores de la ONU investiguen sobre los arsenales del régimen sirio y precisen el material que es necesario destruir. Los inspectores, que todavía están esperando luz verde de Naciones Unidas, tendrán ahora poco más de un mes para cumplir una misión técnicamente muy compleja y también muy peligrosa en medio de un país en guerra.

Los inspectores no sólo tienen que contar con el riesgo de que el Ejército sirio trate de esconder su armamento y dificultar su labor por todos los medios, sino que podrían tener que hacer frente también a la ira de los rebeldes, que se sienten traicionados por el acuerdo ruso-estadounidense y consideran que este pacto servirá para mantener en el poder a Al Asad.

El gobierno de Rusia, que consolida cada día su posición ventajosa en esta crisis, se ha ofrecido para facilitar la seguridad de los inspectores durante su trabajo sobre el terreno en Siria, lo que podría significar el despliegue de soldados rusos en ese país. Una medida así, sobre la que aún no ha habido ninguna reacción oficial de Washington, dejaría el destino de Siria aún más claramente en manos de Rusia, al que le preocupa mucho más la continuidad del régimen que el arsenal químico.

El acuerdo en Nueva York sobre la resolución del Consejo de Seguridad se alcanzó, después de numerosos contactos bilaterales y multilaterales, en un almuerzo al que el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, invitó el jueves a los ministros de los cinco miembros permanentes del máximo órgano ejecutivo de la organización. La posición de China, que ayer respaldó la necesidad de incluir medidas de fuerza contra Siria, pudo haber sido determinante para ayudar a lograr el acuerdo. Al mismo tiempo, Kerry, cuyo prestigio personal estaba en juego en la negociación, ha trabajado intensamente en la sede de la ONU para hacer posible el compromiso.

Por Antonio Caño /Especial de El País

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