"La transición en Venezuela no va a ser tan rápida como la quiere Guaidó": Víctor Mijares

Desde que Juan Guaidó se proclamó como presidente interino, una cadena de eventos se han desarrollado en Venezuela con un rumbo incierto. A pesar de la presión internacional, Maduro sigue en el poder y no parece dejarlo pronto. Víctor Mijares, venezolano y profesor de la Universidad de los Andes, analiza las posibilidades de desenlace de la situación y explica por qué cree que la transición no será rápida.

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Jesús Mesa / @JesusMesa
08 de marzo de 2019 - 03:12 p. m.
Víctor Mijares, profesor de la Universidad de los Andes. / Gustavo Torrijos - El Espectador
Víctor Mijares, profesor de la Universidad de los Andes. / Gustavo Torrijos - El Espectador
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Han pasado casi dos meses desde que el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, se autoproclamara como mandatario interino de Venezuela y desde entonces las cosas en el vecino país han tomado un rumbo incierto. La oposición ha presionado internacionalmente a Nicolás Maduro para que salga del poder, pero el jefe de estado se rehusa. Los militares, que pueden inclinar la balanza, parecen ser leales al gobierno y mientras el Grupo de Lima rechaza una intervención militar, Estados Unidos y Donald Trump plantean que "todas las opciones están sobre la mesa".

El Espectador entrevistó a Víctor Mijares, profesor del Departamento de Ciencia Política en el área de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Los Andes, venezolano y experto en política exterior de Venezuela y otros estados petroleros. 

Mijares analiza las posibilidades de desenlace de la situación, el papel que pueden asumir potencias como Estados Unidos, Rusia y China, el rol que Colombia puede asumir en esta crisis y explica por qué, para él, la transición en Venezuela puede tardar más tiempo del que Juan Guaidó y la oposición esperan.

El Grupo de Lima rechazó la posibilidad de una intervención militar al mismo tiempo que Estados Unidos no la descartó. ¿Cómo se entienden estas posiciones contrarias de dos aliados?

Eso te dice cuál es el papel que quieren asumir en esta situación. El Grupo de Lima quiere mantener la presión diplomática, pues los países latinoamericanos no pueden sancionar a Venezuela porque no depende para nada de ellos. Mientras que Estados Unidos juega a lo que tiene que jugar una gran potencia que es a la intimidación. Está tratando de intimidar la resistencia que ofrece el régimen y quebrar la unidad militar. Eso puede tomar mucho tiempo.

Es por eso por lo que el grupo de Juan Guaidó, Borges y María Corina Machado, que ha logrado algún grado de coordinación después de tanto tiempo, no puede forzar a los presidentes del Grupo de Lima a que vayan más rápido de lo que pueden ir. El Grupo de Lima no es una institución sólida, es un grupo adhoc, y si acelera demasiado se despedaza. Va a ir mucho más lento de lo que los venezolanos quieren. El Grupo de Lima busca que el conflicto con Venezuela no pueda desbordarse y generar crisis adicionales dentro de sus países.

¿Cómo lo ve a Guaidó?

Creo que él estaba esperando más apoyo del que recibió por parte del Grupo de Lima tras el intento de ingreso de la ayuda humanitaria. Sin embargo, creo que tiene que valorar que el Grupo de Lima sigue en pie y tiene que valorar las condiciones que llevaron a Estados Unidos a comprometerse tanto en esta coyuntura, como las geopolíticas y electorales. Entiendo la desesperación por parte del grupo opositor venezolano y la de la vasta población de Venezuela, pero creo que hace falta un poco más de reflexión acerca de la necesidad de comunicar a la población que las cosas no se van a mover a la velocidad que ellos quieren. ¿Existen posibilidades reales de transición política en Venezuela? Yo creo que sí. Pero no en los plazos que los venezolanos quieren.

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Entonces, ¿cuál fue la intención con este tema de las ayudas humanitarias?

Hay algo cierto y es que en Venezuela hay necesidades reales, pero también hay una estrategia política que trató de probar si iba a haber resistencia o no por parte de las fuerzas estatales y paraestatales para permitirles el ingreso. Si entraba la ayuda se iba a decir que hay una gran fisura y que se está desquebrajando el régimen, pero si no se abría, que fue lo que pasó, entonces se dice que Maduro no tiene intenciones de cooperar y que está sacrificando a su propia población. Esa es la disyuntiva que la oposición quiso plantear sobre la base de una necesidad real, pero también de una estrategia política. No se puede hacer política sin estrategia. La oposición recopiló información y eso es muy importante.

¿Qué tipo de información?

El 23 de febrero ofreció nueva información acerca de cómo están las lealtades de las fuerzas estatales y paraestatales del chavismo. También ayudo a entender que los países del Grupo de Lima no se van a mover a la velocidad que desea Juan Guaidó y la oposición venezolana. ¿Por qué? porque los presidentes del Grupo de Lima se deben a sus países y tienen demandas internas. No van a arriesgar sus presidencias y la opinión publica de sus países en nombre de la causa venezolana.

¿Cree que la oposición venezolana se apresuró en afirmar que Maduro saldría en estos dos meses?

Creo que se trató adelantar un poco la película, precisamente para generar expectativas, que terminaron siendo infladas. La estrategia sigue en pie: que va a seguir siendo esta idea de la presión diplomática. Sabemos que el factor internacional es muy importante, pero los factores internos siguen siendo los primordiales en este caso. Por eso es por lo que muchas veces se va a vender un tipo de esperanza un poco desbordante o sobredimensionada.

Pero creo que la estrategia tiene que moverse de forma mucho más asertiva a aproximarse a los aliados de Maduro. Aproximarse a Rusia a China, a Turquía, no para venderles la idea de que van a ser mejores o les van a dar más, sino para venderles la idea precisamente de que le conviene a estos países, sobre todo a China y Rusia, una Venezuela estable.

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No obstante, hay gente que piensa que la oposición fracasó en su intento de deponer a Maduro…

En Venezuela hay mucha emotividad sobre la crisis. La oposición está jugando entonces en un escenario no solamente internacional, sino también en un escenario nacional en el cual necesita tener a la gente esperanzada. Pero mantener esa esperanza después de todo lo que ha pasado es difícil. Por eso, de vez en cuando, les van a vender ideas al estilo de “batalla final”, Día D, ese tipo de cosas que los genios del marketing político se inventan para tratar de movilizar la población.

Esto obviamente corre un riesgo y es el de la desesperanza. Que la gente pierda la fe en que puede haber un cambio más allá de Maduro. Sin embargo, no hay muchas alternativas frente a esto. Por ello la oposición tratará de mantener la movilización.

¿La oposición esperaba tan pocas deserciones?

El quiebre militar en Venezuela no es tan fácil como se cree. En primer lugar, porque hay muchos vínculos de los militares con el sector gubernamental. Hoy en Venezuela hay casi 2000 generales, mientras que, por ejemplo, Colombia tiene 77. Esto tiene que ver con un sistema de premios, de recompensas a los altos cuadros militares en donde se les da el control sobre minas, pozos petroleros y recursos naturales del país. Entonces, es de esperarse que haya resistencia por parte de los cuadros militares.

Pero además de eso se ha instalado un comisariato político, en donde hay figuras muy leales al partido que forman parte de los batallones. Esto hace muy difícil que haya deserciones y que haya fracturas desde adentro porque hay mucho temor. El miedo de que puedan ser ellos o sus familias blancos en una posible retaliación. Por eso es por lo que yo no estaba esperando una deserción masiva ni la estoy esperando. Creo que esto va a ser una cuestión más a cuentagotas lo cual añade más razones para que yo piense que este es un proceso muchos más largo.

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¿Por qué de repente Estados Unidos está tan interesado en Venezuela?

El gobierno de Estados Unidos ha identificado a Venezuela como una amenaza. Además, hay un factor electoral que me hace pensar que Trump va a querer algún tipo de resultado al menos en el mediano plazo. El año que viene tenemos elecciones, el apoyo de los americano-venezolanos ha venido creciendo en el estado de la Florida, que es un estado clave, y si juntamos que por una parte la estrategia de seguridad de Estados Unidos identifica a Venezuela como una amenaza, y hay un imperativo interno electoral, creo que existen razones más que suficientes para pensar que Trump quiera anotarse un triunfo con el caso venezolano.  

¿Qué quiere decir Estados Unidos cuando dice que “todas las cartas están sobre la mesa”?

Lo que quiere decir es exactamente eso. Que no ha descartado ninguna opción, incluso la militar. Es algo muy remoto, pero que está presente porque Estados Unidos es una gran potencia que juega con escenarios de conflicto.

Sin embargo, la gente piensa en un conflicto de gran envergadura…

Tiene que ver con lo que entendemos como intervención o por uso de la fuerza. En política internacional hay múltiples formas de usar la fuerza. Una potencia como los Estados Unidos tiene la capacidad tecnológico-militar para aplicarla de múltiples maneras. ¿Qué es lo que yo he venido criticando? Esa idea tan arraigada de que el uso de la fuerza se piense al estilo Afganistán, al estilo Irak y eso no es, al parecer, un escenario que busque Washington.

La administración Trump está tratando de sacar sus tropas de situaciones comprometedoras, como por ejemplo en Siria. Pero, al mismo tiempo, Trump ha identificado que Venezuela, sobre todo su relación con China y Rusia es una amenaza para sus intereses y para su seguridad nacional. Esto hay que entenderlo bien, porque mientras se sale de Eurasia, está cada vez más enfocado en problemas de América Latina.

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¿Cómo serían esa forma no convencional de intervención?

Se está tratando de buscar aliados dentro de Venezuela, se está tratando de quebrar la unidad militar del chavismo, pero eso va a tomar tiempo. Por eso creo que, en caso de que se dé una intervención, el uso de la fuerza no sería extensivo al estilo de otras grandes como las de Iraq o Afganistán. Estados Unidos no parece estar orientado a esta situación. No hay apoyo interno suficiente para una operación de esta envergadura, pero el presidente sí podría actuar en operaciones más de corte no convencional, sobre todo con el uso intensivo de la tecnología. A través del uso de guerra electrónica. Por una vía en la cual no haya ningún tipo de participación humana en el terreno.

¿Nicolás Maduro se ha preparado para este escenario?

El chavismo se viene preparando desde más o menos entre 15 y 18 años para un escenario como este, de presión externa y de posible amenaza militar. Y lo ha hecho de dos maneras: generando condiciones de intimidación a la población civil y de control sobre las fuerzas militares para evitar un golpe de estado, y ha generado mecanismos parapoliciales, los colectivos, cuya tarea es la represión de la población. Adicionalmente se han venido preparando para la defensa antiaérea de Venezuela, algo que por ejemplo no tiene Colombia, siendo un país mucho más grande en población y territorio. ¿Venezuela ha venido preparándose para una confrontación de corte convencional? Sí, pero, también ha generado un mecanismo de control antigolpes. Han pensado en las amenazas externas e internas y eso hace que hoy las cosas se muevan lentamente en el caso venezolano.

Dicen algunos que el tiempo le conviene precisamente a Maduro para bajar la tensión. ¿Qué opina usted de eso?

Creo que esta preparación del chavismo, aunque tiene mucho tiempo llevándose adelante, no necesariamente garantiza la estabilidad del gobierno por la situación crítica de la economía venezolana. Venezuela no tiene reservas internacionales suficientes para costear más de 30 días de importaciones, siendo un país que vive de ellas. La producción de Pdvsa ha caído a niveles históricos. Y esto ha hecho que Venezuela sea cada vez más vulnerable. Contrario a lo que se cree, el tiempo no está necesariamente del lado de Maduro.

Además, si Maduro deja que avance el año, podría seguir mandando, pero con costos mayores y riesgos de desobediencia. Guaidó, por el contrario, parece abrazar una estrategia a un ritmo más lento, pero que le garantice una transición negociada.  Maduro quisiera correr 100 planos, porque tiene la fuerza inmediata, pero Guaidó le propone una maratón, porque considera que a lo largo de la carrera puede ir ganando mayores apoyos que lo fortalezcan.

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¿Por qué ha sido tan difícil generar un quiebre en gobierno de Maduro?

Mucha gente dice que no va a haber quiebre porque este no se ha dado todavía, pero creo que se está evaluando todo muy apresuradamente. Estados Unidos apunta a quebrar la lealtad que pueda haber entre los militares y el sector civil del chavismo particularmente. Tratar de vender la idea de que, si no se voltean y le dan su lealtad a Juan Guaidó las probabilidades de salir vivos, y con éxito, son pocas. Es una guerra psicológica en la que se genera esta idea de terror.

El quiebre podría tardar mucho más tiempo porque hay muchos intereses en juego. Las sanciones gruesas que tienen que ver, por ejemplo, con el embargo petrolero, todavía no han surtido el efecto que se espera de ellas. Estas sanciones tienen un retraso de unos meses porque el petróleo se vende a crédito, por lo tanto, sus consecuencias se van a ver en el futuro. Además, Maduro no está solo. Tiene aliados muy importantes.

¿Qué papel juegan estos aliados?

En Venezuela hay un juego de múltiples jugadores en varios tableros que nos llevan a considerar que la situación no se va a mover a la velocidad que los venezolanos quieren.

Maduro tiene apoyos como el de Arabia Saudita, que, siendo un aliado de Estados Unidos, se ha prestado para llevar diluyentes a Venezuela e incluso comprar y revender petróleo venezolano. ¿Con qué intención? Yo intuyo que quieren tener algún tipo de capacidad de negociación mayor con Washington.

La relación con China también es muy importante, no solamente porque China tiene 65.000 millones de dólares en préstamos puestos en Venezuela, sino porque no quieren que los Estados Unidos tengan una posición dominante en su región.

Otro jugador importante es Rusia, que siente que Estados Unidos y sus aliados han jugado a cercarlos en Eurasia con la expansión de la OTAN y de la Unión Europea, que los ha constreñido a una posición mínima, y está por lo tanto respondiendo, teniendo también un activo en las Américas.

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Pero Estados Unidos ha anunciado que sancionará a las empresas que se relacionen con Maduro. ¿Esto podría persuadir a los aliados a que dejen de apoyar al chavismo?

En principio puede haber una afectación al crudo de China, por ejemplo. China necesita la materia prima, aunque ya no consuma como antes y las importaciones de petróleo venezolano hayan decrecido. Ahí hay un problema para el petróleo venezolano porque está anclado sobre todo a los Estados Unidos y en menor medida a los chinos.  Es allí donde existe la oportunidad para la oposición venezolana de aproximarse a China. Se tratar de venderla la idea de que con ellos en el poder las inversiones chinas no solamente están garantizadas, sino que China va a seguir siendo un actor importante en la economía venezolana. Ahora el problema allí es cómo interpretaría eso EE. UU.

¿Y con Rusia sería diferente?

La forma en que Rusia hace presencia en Venezuela es muy diferente a la de China y no tiene la capacidad económica para presionar a futuros gobiernos opuestos a sus intereses. A Moscú le conviene, sí o sí, un Nicolás Maduro en el poder.

Volviendo al tema de la intervención, en el caso extremo que se diera, ¿qué papel podrían asumir Colombia y Brasil?

En ese escenario extremo, que aclaro me parece poco probable, creo que el rol de Brasil y Colombia va a ser menos activo de lo que esperamos. Esto por una razón simple y es por su propia seguridad. Por eso creo que más que llevar a Colombia a la guerra, Estados Unidos va a buscar proteger a Colombia y le va a pedir que militarice la frontera.  Le va a pedir que haya unas condiciones de defensa del territorio colombiano muy por encima de lo que pueden lograr. En el caso de Brasil ellos se pueden defender bastante bien, son una fuerza mucho más grande ese sentido, con una configuración de defensa distinta a la colombiana, pero tropas brasileras entrando a Venezuela por su zona de frontera es algo que veo muy improbable. Más bien creo que estos dos países pueden servir como base logística, en caso de una intervención, pero no como tropas en el terreno.

¿Ese corto plazo es mejor con intervención o elecciones?

Ambos escenarios son difíciles de establecer porque por un lado implicaría una decisión unilateral por parte de los Estados Unidos, que no se quiere, y por otro un proceso de negociación que no es creíble con Maduro. Entonces estamos en un punto muerto en donde se trata de mantener la unidad de la coalición que lleve a una transición, con el llamado cerco diplomático, y las sanciones económicas, para tratar de generar, si no un quiebre en el gobierno, vender el convencimiento de que al parecer nada va a cambiar sin el uso de la fuerza.

Por Jesús Mesa / @JesusMesa

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