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Katty Joseph, una mujer haitiana que vive en República Dominicana, tenía miedo de ir a un hospital para tener a su bebé. No quería ser deportada. Los funcionarios de migración dominicanos asignados a los hospitales públicos estaban deteniendo a migrantes indocumentados que luego eran deportados, incluyendo madres y sus bebés recién nacidos. El operativo, que está en marcha desde hace más de un año, ha atrapado sobre todo a haitianos que huían de una crisis humanitaria catastrófica en el vecino Haití.
Joseph, de 20 años, llegó a República Dominicana hace un año y vivía en la trastienda de un taller mecánico en el que el dueño la había acogido. Fue ahí donde, dijo, dio a luz a finales de octubre.
Tumbada en una manta en el suelo manchado de grasa, dijo que soportó el sofocante calor del Caribe con la ayuda de una amiga. Joseph cortó el cordón umbilical con una navaja, relató. Pero el bebé no lloró.
Menos de 24 horas después, dijo, estaba muerto. “Fue un momento muy difícil”, dijo Joseph en creole, buscando palabras para describir su pérdida.
República Dominicana lleva a cabo una de las campañas de deportación masiva más extensas del hemisferio occidental, en la que ha expulsado a miles de haitianos y los ha enviado de vuelta a un país en ruinas.
El esfuerzo se ha extendido a los hospitales, una medida polémica que los críticos han denunciado como inhumana y reflejo de un profundo sentimiento antihaitiano en la nación insular. Las autoridades dominicanas describen las medidas tomadas en los hospitales, que comenzaron en abril de 2025, como un paso crucial para expulsar a los haitianos que, según dicen, están agotando los recursos públicos. Según las mediciones del gobierno, la política ha funcionado: las deportaciones han aumentado y el número de haitianos que buscan atención hospitalaria ha disminuido.
Sin embargo, en el último año esto ha orillado a cada vez más mujeres haitianas a dar a luz en casa o en otros lugares no supervisados y a menudo insalubres, según profesionales médicos y grupos de defensa locales.
Ellos advierten que sin intervención médica las madres y los bebés enfrentan riesgos mortales, incluidas infecciones y hemorragias.
Las consecuencias son evidentes: los partos hospitalarios entre las mujeres haitianas descendieron casi un 60 por ciento en los 12 meses transcurridos desde el despliegue de los agentes, de 32.967 en 2024 a 13.856, según las estadísticas de salud dominicanas.
“Ha sido catastrófico”, dijo William Charpentier, presidente de la Mesa Nacional para las Migraciones y Refugiados, un grupo dominicano de defensa que ayuda a las madres haitianas.
En el transcurso de varios meses, The New York Times entrevistó a alrededor de una decena de madres haitianas, así como a médicos y parteras informales que ayudaban a las mujeres haitianas a dar a luz en la clandestinidad. El Times documentó la muerte de un recién nacido por complicaciones médicas y de una madre que murió de choque séptico dos semanas después de dar a luz a dos gemelos en su casa.
Dar a luz entre sombras
Joseph dijo que el propietario del taller mecánico llevó a su bebé con un pediatra cuatro horas después de que naciera en Puerto Plata, en la costa norte dominicana. El pediatra, Juan Payero, dijo que los signos vitales del bebé eran estables, pero le preocupaba que el recién nacido tuviera hambre y aún no hubiera llorado.
Payero dijo que instó a Joseph a que fuera a un hospital, pero el bebé murió pocas horas después. Joseph dijo que ella misma cavó un hoyo y enterró el cadáver en una colina cercana al pueblo donde vivía. Agregó que nunca se realizó una autopsia para determinar la causa de la muerte.
Payero sugirió que el bebé podría haber muerto por desnutrición, falta de oxígeno, una infección causada por las condiciones antihigiénicas en las que nació o tétanos por la navaja utilizada para cortar el cordón umbilical.
La crisis es el más reciente punto de tensión en décadas de fricciones en La Española, la isla caribeña compartida por Haití y República Dominicana. La economía dominicana ha dependido durante mucho tiempo de la migración haitiana para impulsar sus sectores agrícola, de la construcción y del turismo, pero el reciente aumento ha provocado una reacción adversa.
Decenas de miles de haitianos han cruzado la frontera terrestre de 386 kilómetros en los últimos años, huyendo del incesante derramamiento de sangre y las carencias en uno de los países más inestables del continente americano.
El gobierno dominicano respondió con una campaña de deportaciones con un alcance amplio, apoyada por muchos dominicanos preocupados de que la violencia de las pandillas en Haití se extendiera a través de la frontera y de que el éxodo estuviera sobrecargando la capacidad de los contribuyentes.
El presidente Luis Abinader, aprovechando una oleada de nacionalismo que impulsó su reelección en 2024, estableció cuotas semanales de deportación que han llevado a la expulsión de más de 478.000 haitianos desde enero de 2025, incluidas personas que cruzaron la frontera y fueron deportadas varias veces, según autoridades dominicanas.
La más reciente encuesta gubernamental, de 2017, estimaba que casi 500.000 haitianos vivían en la República Dominicana, y otras 252.000 personas habían nacido en la República Dominicana de padres haitianos.
Abinader supervisó la construcción de una valla fronteriza de 160 kilómetros vigilada por soldados y sensores, pero su medida más divisiva tomó como objetivo lugares tradicionalmente considerados santuarios: los hospitales.
En abril de 2025, el gobierno empezó a exigir a los hospitales públicos de la isla que informaran a las autoridades migratorias sobre los pacientes que carecían de documentación adecuada, para que pudieran ser detenidos y deportados después de recibir atención médica. Ni siquiera el gobierno de Donald Trump ha promulgado medidas similares en los hospitales estadounidenses como parte de su campaña de deportación.
Las autoridades dominicanas dijeron que la medida era necesaria para evitar el hacinamiento en los hospitales, que describieron como inundados por migrantes haitianos.
El vicealmirante Luis Rafael Lee Ballester, director general de Migración, dijo que no tenía conocimiento de ningún aumento de los partos caseros entre las mujeres haitianas.
Destacó que los haitianos indocumentados solo se enfrentan a la deportación hasta después de recibir y pagar la atención médica en hospitales. Según los protocolos actuales, las madres son detenidas 72 horas después de dar a luz por parto natural, mientras que las que se someten a cesárea son detenidas a los siete días.
“Nos hemos visto obligados a tomar una serie de medidas por razones de seguridad nacional y para garantizar la seguridad de nuestros ciudadanos”, dijo Lee Ballester en una entrevista, y añadió que los funcionarios estaban actuando con “un alto sentido de profesionalidad y con respeto a la dignidad humana”.
La política, que ha dado lugar a la deportación de madres lactantes y sus hijos, ha sido denunciada por organizaciones de derechos humanos y por las Naciones Unidas, y un alto funcionario de la ONU en Haití dijo que suscitaba “graves preocupaciones humanitarias y de derechos humanos”.
Cristiana Luis, presidenta del Movimiento de Mujeres Dominico-Haitianas, un grupo de defensa de los derechos humanos, dijo que se trataba de una afrenta “contra la dignidad de las mujeres, y de las niñas y los niños”.
Gemelos, huérfanos al nacer
Durante el último año, el miedo a ser deportados a su país, que está sumido en la crisis, ha hecho que muchos haitianos eviten buscar atención médica.
El pasado noviembre, Linline Poleis, de 28 años, dio a luz a dos gemelos, Duleyson y Dudleyca, en una casa en construcción donde vivía sin permiso, según sus familiares. Se negó a ir a un hospital por miedo a ser deportada y estuvo sola durante el parto, hasta que una partera llegó más tarde para ayudarla a cortar los cordones umbilicales, dijeron.
La mujer enfermó con rapidez y empezó a sangrar profusamente por la pelvis, según familiares y vecinos entrevistados por el Times. Los vecinos dijeron que reunieron 4500 pesos, unos 75 dólares, para enviarla a una clínica privada, donde la trataron por hipertensión.
Al día siguiente, Poleis se desplomó y murió en una acera de Santo Domingo, la capital del país, dijo su familia. El informe de su autopsia, realizado por las autoridades dominicanas y revisado por el Times, reveló que murió de choque séptico, septicemia y endometritis, una infección uterina que es una de las principales causas de muerte posparto.
Los gemelos huérfanos están ahora al cuidado de la familia de su padre.
Una nueva generación de parteras
El aumento de los partos en casa ha reactivado una práctica casi artesanal de parteras, que eran comunes hace décadas pero habían desaparecido en gran medida con la transición de la República Dominicana hacia un sistema hospitalario de maternidad.
Kenya Degraff, activista comunitaria de 28 años, dijo que desde que se convirtió en partera el año pasado, ha recorrido la isla ayudando a más de dos decenas de mujeres haitianas a dar a luz, sin cobrarles nunca.
“Ahora mismo, muchos haitianos de aquí no tienen dinero”, dijo Degraff, refiriéndose a los elevados costos que conlleva dar a luz en hospitales privados para evitar a los funcionarios de migración. “¿Vas a dejar que alguien muera por dinero?”.
A finales del año pasado, el Times visitó la casa de otra partera en el norte de República Dominicana, abarrotada con seis mujeres haitianas. La partera dijo que cobraba entre 100 y 250 dólares por sus servicios, desde simplemente cortar el cordón umbilical hasta proporcionar baños de vapor tradicionales, que pueden ayudar a calmar a las nuevas madres.
“Los dominicanos no saben que hago esto en casa”, dijo la partera, quien pidió el anonimato por temor a que las autoridades dominicanas pudieran deportar a las mujeres a las que ayuda.
Islan Luis, de 21 años, estaba de visita en casa de la partera tras dar a luz dos días antes porque no tenía los 2000 dólares que, según dijo, costaba dar a luz en un hospital privado.
Luis dijo que había ido a ducharse a su casa y sintió un dolor en la cadera cuando, de repente, se puso de parto en el cuarto de baño.
“El bebé nació inmediatamente después de que sintiera el dolor”, dijo Luis, que seguía sufriendo dolores abdominales pero aún no había acudido al médico.
Tras 17 horas de parto en casa de la partera, otra mujer haitiana, que pidió el anonimato por temor a ser identificada y deportada, corrió a un hospital público para dar a luz.
El Times acompañó a la mujer y a su marido al hospital, donde dijeron haber pagado un soborno de 250 dólares para no ser denunciados a las autoridades de migración, además de pagar los aproximadamente 85 dólares por la atención hospitalaria.
Poco después de dar a luz, dijo, tuvo que compartir cama con otra madre haitiana y sus dos bebés. Cerca de ella, añadió, las madres dominicanas acurrucaban a sus bebés en sus propias camas individuales.
Este reportaje se ha elaborado con el apoyo de la Fundación Internacional de Mujeres y Medios de Comunicación (IWMF), en el marco de su Iniciativa sobre Salud Reproductiva, Derechos y Justicia en las Américas. El Times conservó el pleno control editorial del artículo, y los financiadores no revisan los artículos antes de su publicación.
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