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Las vacunas prometidas por Cuba que nunca llegaron a Colombia: el mito de la salud cubana

El Gobierno de Colombia celebró una “generosa donación” de Cuba en medio de la crisis por fiebre amarilla. Meses después, derechos de petición confirman que las dosis jamás ingresaron al país.

Camilo Gómez Forero

09 de marzo de 2026 - 01:13 p. m.
El presidente de Cuba Miguel Diaz-Canel (i) y el presidente de Colombia Gustavo Petro se saludan durante la inauguración de la cumbre del G77+China en 2023.
Foto: EFE - Ernesto Mastrascusa
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En abril de 2025, Colombia y toda la región atravesaban por una crisis de salud atípica: la fiebre amarilla, que suele estar controlada en zonas selváticas, saltó con fuerza a departamentos y ciudades más centrales. En nuestro caso el foco fue en Tolima, que tuvo una letalidad del 40 % en los casos reportados, y Huila. En Brasil fue Sao Paulo. La sorpresa vino no solo por la particularidad geográfica, sino porque en ese momento había denuncias constantes sobre la falta de biológicos en las regiones más críticas. Sin embargo, de repente apareció un salvador: Cuba.

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Luego de que el Ministerio de Salud de Colombia declaró la emergencia sanitaria en todo el territorio nacional con ocasión a la circulación activa del virus de la fiebre amarilla, mediante la resolución 691 de 2025, los cubanos salieron a relucir con su clásica diplomacia sanitaria y acordaron enviar 2.000 vacunas, según informó el embajador de Cuba en Colombia, Javier Caamaño.

En este escenario, anunciar 2.000 vacunas era como intentar apagar un incendio forestal con un vaso de agua, pero políticamente se vendió como un “gran gesto de hermandad”. La excanciller colombiana, Laura Sarabia, agradeció la “generosa y solidaria donación”. Asimismo, como recuerda Programa Cuba, iniciativa académica de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda, “la senadora del Pacto Histórico, María José Pizarro Rodríguez, destacó la solidaridad de Cuba y exhortó a la oposición a manifestar gratitud, preguntando si ‘¿La oposición saldrá como siempre a criticar?, ¿serán capaces de expresar agradecimiento?’”. Pero hubo un problema: las vacunas nunca llegaron.

“En la respuesta al derecho de petición allegada el día 27 de noviembre de 2025, Minsalud notificó que, tras la revisión de los registros institucionales y los sistemas de gestión documental, la donación de las vacunas nunca ingresó al ministerio, por lo que, aunque se tramitó desde dicho despacho, no se materializó y tampoco llegó al país”, señaló Programa Cuba tras una extensa investigación.

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Lo llamativo de esto es que parece no ser un hecho aislado, sino que se trataría de un esfuerzo más de Cuba por fortalecer su narrativa de ser una potencia en la “diplomacia de servicios”, una estrategia que, lejos de ser altruista, ha sido una de las fuentes de ingresos del régimen cubano. Como señaló Program Cuba, varias figuras del espectro político de la izquierda colombiana, como las citadas Pizarro y Sarabia, pero también el senador Omar Restrepo y el influencer David Porras, resaltaron la acción cubana, reforzando la idea del altruismo y de una superioridad en el sector salud que la isla ya no tiene.

Una fuente diplomática consultada por El Espectador señaló que las vacunas no llegaron a Colombia por un asunto “burocrático”.

Además del caso colombiano, periodistas mexicanos han detectado convenios llamativos del gobierno mexicano con el régimen cubano en el área de salud para la producción de vacunas públicas. En diciembre, por ejemplo, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado de México confirmó un convenio estratégico entre Birmex (la paraestatal mexicana) y BioCubaFarma para la producción de vacunas.

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“¿Por qué meten a Cuba en todo?”, se preguntaba el periodista Pedro Ferreiz.

La realidad de la salud en Cuba

“Cuba sí fue una potencia médica, pero durante el tiempo en el que tuvo el sostenimiento de la Unión Soviética y tuvo la capacidad de sostener un estado de bienestar, que difícilmente cualquier otro estado en América Latina y el Caribe hubiera podido sostener. Esto le permitió tener grandes avances y desarrollos tanto en materia de educación, salud pública, entre otras cosas desarrollos científicos para la época”, señaló Sergio Angel, Director del Programa Cuba de la Universidad Sergio Arboleda.

Pero la realidad hoy es que Cuba se quedó en 1991. Mientras el mundo avanzó hacia la telemedicina y la biotecnología de punta, el sistema cubano colapsó cuando se le acabó el subsidio soviético y nunca pudo recuperarse. Hoy, como dice el profesor Ángel, “una persona que quiera hacerse una cirugía en Cuba tiene que llevar desde el algodón, tiene que llevar desde las jeringas para que pueda ser atendido en un hospital”. Y esa “exportación” de servicios médicos no pasa por su mejor momento, no solo por la demanda, sino por las constantes denuncias de “esclavitud moderna” que pesan sobre los médicos cubanos.

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Caso diferente, eso sí, es el de quienes van a hacer “turismo de salud” para recibir servicios médicos en Cuba. “Hay una diferencia abismal entre la salud pública que vive el cubano de a pie y la salud pública que se utiliza comercialmente para quienes van a hacerse procedimientos allá a Cuba a precios internacionales y sobre todo la diplomacia médica que se utiliza para atender a políticos aliados como Gustavo Petro. Ellos no van a los hospitales públicos a los cuales asiste la población de a pie, ellos van a los Hermanos Ameijeiras, sí, o sea que son hospitales de primer nivel que básicamente están acomodados con todo tipo de comodidades”, sostiene Ángel.

La narrativa actual

Pese a que Cuba ya no es una potencia en servicios de salud, llama entonces la atención que sus aliados como Colombia, México o Brasil continúen oxigenando la isla aceptando estas ofertas de “donaciones” y “convenios”. Bien sea por mantener la narrativa de que La Habana sigue siendo una potencia “altruista” en esta área, aceptando supuestas donaciones como el caso denunciado por Programa Cuba, o porque a través de estas alianzas como el caso citado de México se oxigena la economía cubana.

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“Es un punto muy importante: el régimen cubano lo vende así como propaganda, la embajada cubana en Colombia vende así reiterativamente esto no es altruismo: las misiones médicas no son altruistas, las misiones médicas se cobran y se cobran muy caras”, advierte Ángel.

La economía cubana atraviesa hoy una fase de colapso terminal, marcada por una crisis energética que el Financial Times ha descrito como un callejón sin salida, con reservas de crudo que apenas alcanzan para cubrir 20 días de consumo nacional y agravada por el congelamiento del envío de petróleo desde México, su mayor proveedor, ante las presiones de Estados Unidos.

Ante el recorte de los envíos de petróleo desde Venezuela y México, el régimen, entonces, ha activado de forma agresiva la diplomacia de salud no como un gesto de cooperación, sino como una vena económica vital de reemplazo. Como señala Ángel, “el modelo actual cubano no es el modelo socialista que se pueda vender como si estuviesen dando gasto social, sino todo lo contrario; hoy hay prioridades de inversión orientadas a un modelo de capitalismo de Estado, donde quienes controlan esto son una oligarquía militar”.

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Esa oligarquía, el Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), un conglomerado empresarial estatal cubano, controlado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), es la que usa la exportación de servicios médicos y la venta de promesas biotecnológicas, como las vacunas anunciadas en Colombia, como el nuevo mecanismo para captar divisas extranjeras.

Se trata de una estrategia de supervivencia donde la salud se convierte en una mercancía de exportación que busca “parasitar” los presupuestos de aliados regionales para sostener una infraestructura interna que, paradójicamente, ya no puede garantizar ni siquiera una jeringa o fluido eléctrico constante para su propio pueblo.

“Todo por la narrativa”

Programa Cuba no encontró que en el caso de las vacunas que nunca llegaron se haya hecho una transacción a cambio de dinero. Parece ser un caso que buscaba alimentar la narrativa de cuba. La pregunta es obvia: ¿por qué? ¿Qué gana Colombia y México con esto?

“Petro dijo que es muchísimo mejor vivir en la cultura de La Habana que el tráfico de Miami. Mire, esto es un asunto estrictamente ideológico. Acá hay una disciplina de partido. Un tipo como Petro es un tipo que tiene una construcción dogmática absolutamente profunda. Es decir, acá es como si fuese una Iglesia. Cuando tiene ese grado de convicción, si a usted le tumban el modelo cubano, o sea, porque el modelo cubano es el que sirve para legitimar, el que le venden a usted para decirles que mire, con un país así de chiquito somos un éxito deportivo, somos una potencia médica, somos un éxito porque tenemos una cobertura plena de educación. Si eso se cae, se le desmorona todo. Así que hay una suerte de complicidad que se construye”, concluye Ángel.

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