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Por un lado, el arrollador triunfo demócrata en EE.UU, sumado a la respuesta que le dé la administración Obama a la crisis financiera, pueden dejar sin aliento la continuidad del denominado “Plan Colombia” en los próximos años, a partir de una reducción del combustible financiero que lo alimenta. Y porque además el proceso de reflexión-evaluación que ejecuta la Comisión de Estupefacientes y la comunidad internacional, demuestran que en términos de Reducción de la Oferta es un fracaso.
Por otro lado, la dinámica y las consecuencias del conflicto armado cada vez más se acercan con mayor visibilidad a las regiones de frontera, a lo largo de los 6.300 kilómetros de línea de frontera con Panamá, Brasil, Ecuador, Perú y Venezuela, generando la consiguiente preocupación estratégica de los militares vecinos. Por consiguiente, y en tercer lugar, el aumento de tropas por parte de Ecuador, la posible construcción de bases militares venezolanas en el Perijá y el mayor patrullaje del Putumayo, son un ejemplo de las respuestas que va generando.
Si a ello le sumamos el proceso de reconstitución de los grupos armados irregulares y paramilitares que actúan en la costa de Nariño, Santander, La Guajira y Arauca, podremos concluir que si bien a nivel estrictamente doméstico la Fuerza Pública colombiana mantiene una evidente iniciativa táctica y estratégica, que ha dejado sentir su mano en la capacidad operativa de las Farc, no sucede lo mismo conforme nos vamos acercando al corredor fronterizo.
Los procesos de militarización, desplazamiento, los casos de ejecuciones extrajudiciales imputados a ciertas unidades de las Fuerzas Armadas, así como el hostigamiento militar en el terreno, son factores que son sentidos en primer lugar por la población civil que vive en comunidades fronterizas, se reproducen —cual “espejo de agua” al otro lado del río San Miguel, del Catatumbo, de Turbo o del Putumayo—.
Además, el mayor grado de aislamiento en el que se encuentran las columnas de los diversos Frentes de las Farc constituyen una ventaja estratégica, pero no necesariamente táctica para la Fuerza Pública. Por su parte, el Gobierno debe enfocar sus acciones político-diplomáticas para mejorar las relaciones con algunos de sus vecinos y las acciones de desarrollo con mayor eficacia y selectividad, de modo que lleguen a las poblaciones más vulnerables.
* Experto en fronteras, investigador del Transnational Institute de Holanda.