Rodrigo Ávila Avilés representa a la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena), hoy en el poder con Elías Antonio Saca. Carlos Mauricio Funes Cartagena es el candidato del izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), el principal partido de oposición desde que se firmó la paz en 1992. Hasta última hora las encuestas hablaron de un empate técnico con una leve ventaja para Funes, un sociólogo de 49 años que se hizo famoso como reportero de guerra del Canal 12 y corresponsal de CNN en español. Hace cinco años había sido postulado por primera vez, pero los estatutos del FMLN exigían que debía ser militante y él no quiso plegarse a la ortodoxia de líderes como Shafick Handal, fundador del Partido Comunista Salvadoreño en 1932 junto con Farabundo Martí. Hace dos años murió Handal y el camino se despejó para Funes, cuya independencia y un plan de redención de los pobres, titulado “Manifiesto a la Nación”, moviliza multitudes —sin embargo, cuenta como fórmula vicepresidencial con el ex guerrillero Salvador Sánchez Cerén—.
No ocurre lo mismo con el candidato presidencial de Arena, que simboliza la influencia de las Fuerzas Armadas en un país que durante más de la mitad del siglo pasado soportó dictaduras y el aparato electoral del partido que lleva 20 años de mandato. Se trata de Rodrigo Ávila Avilés, de 44 años. A pesar de ser ingeniero con experiencia en la industria privada, el hecho de haber sido dos veces director de la Policía Nacional Civil, formado en academias del FBI en Estados Unidos e integrante confeso de las Defensas Civiles —grupos paramilitares que operaron durante el conflicto—, lo hace representar el fantasma del extremismo y la corrupción del que los salvadoreños quieren huir. Él advierte que los opositores pondrían en peligro la democracia y llevarían a El Salvador hacia el socialismo. Se vale del apoyo de la ex comandante guerrillera Ana Guadalupe Martínez desde el Partido Demócrata Cristiano y de las críticas del también ex comandante Joaquín Villalobos, quienes ahora se identifican con la derecha. En las calles de este pequeño país la tensión es evidente, la gente está desesperada. La canasta familiar básica es de 750 dólares mensuales y los salarios oscilan entre 100 y 160 dólares. El 43% de los habitantes es subempleado y la economía del país depende del efectivo que envían un millón y medio de salvadoreños que viven en Estados Unidos, la mayoría en Los Ángeles. El café, los camarones y la langosta no dan para sostener al país.
Las elecciones legislativas y municipales del 18 de enero fueron el primer campanazo: el FMLN ganó 96 de los 262 concejos y, aunque perdió la alcaldía de la capital por el 3%, triunfó en ciudades como La Unión y Santa Ana, hasta hace dos meses en poder de los areneros. Ahora el FMLN es la primera fuerza política del país al obtener más de 90.000 votos de ventaja sobre Arena y ganar 35 escaños en la Asamblea Legislativa versus las 32 de Arena.
Ramírez Ocampo: “Descarto que vuelva la guerra”
El ex canciller colombiano Augusto Ramírez Ocampo fue el hombre clave de las Naciones Unidas para acabar con la guerra de El Salvador y luego supervisó que los acuerdos de paz se cumplieran. Este es su análisis: “La posibilidad de que el FMLN llegue hoy al poder es fruto de un proceso democrático natural. Fui testigo de que, después de 28 meses de negociaciones, desde la firma de la paz en Chapultepec ese partido ha defendido la democracia. Lo admirable es que hasta ahora nunca volvió a haber confrontación militar entre Estado y FMLN. Ellos han ganado su derecho a participar, tienen un candidato joven y respetable como Funes. Antes Shafick Handal causaba grandes anticuerpos, pero desaparecido él me parece que se han dividido los temores y puede ser el momento de Funes, quien no estuvo en la guerra y a pesar de tener ideas de izquierda, diría que es un socialdemócrata. Descarto que vuelva a haber guerra. El Salvador está curado de ese mal”.