¿Usted sabe cuántas personas viven en Irán? Si no lo sabe, no se preocupe. El senador estadounidense Ted Cruz, republicano por Texas, tampoco lo sabía. Cuando Tucker Carlson, presentador y activista de derecha, interrogó a Cruz en junio del año pasado sobre datos básicos de Irán se sorprendió al ver el desconocimiento del congresista. Todos lo hicieron.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
“Usted no sabe nada de Irán”, le dijo Carlson a Cruz, encarándolo con otra pregunta sobre la composición étnica del país. “Si pides derrocar a un gobierno, es tu obligación conocer el país y reflexionar sobre las consecuencias, y no lo has hecho ni lo haces”, agregó el periodista en medio de una acalorada entrevista.
Para un congresista diferente, esto no habría pasado de un hecho anecdótico. Sin embargo, Cruz, una de las voces más feroces contra el actual gobierno iraní, integra el Subcomité sobre Oriente Próximo, Asia Meridional, Asia Central y Lucha contra el Terrorismo, por lo que se le exige un conocimiento técnico más profundo en estos asuntos. Aún así, pese a todas las críticas que hay en su contra, hoy es uno de los cuatro hombres que impiden un acuerdo entre Washington y Teherán para terminar la guerra.
El pasado fin de semana, el gobierno de Donald Trump anunció un principio de acuerdo con Teherán para poner fin a las hostilidades y reabrir el estrecho de Ormuz, lo que podría ayudar a combatir los precios inflacionarios. Cruz, sin embargo, se opuso rotundamente al acuerdo, pese a que su estado está sufriendo por el costo de vida. Las críticas incentivaron, según la prensa local, a que el trato no se firmara. Pero ¿por qué importa esta oposición?
No es tanto el rol de Cruz en el Subcomité sobre Oriente Próximo, sino su rol activo en el Comité Judicial, en el que integra cuatro subcomités claves. Desde allí, Cruz maneja con lupa la interpretación legal de los actos del presidente. Tiene un enorme poder fiscalizador con el que controla que el presidente no se esté saltando las leyes de sanciones vigentes dictadas por el Congreso. Y esto es clave para el acuerdo.
Una de las propuestas de la Casa Blanca en el borrador era descongelar hasta USD 12.000 millones en activos de Irán en bancos de Catar, con los que el régimen iraní podría inyectarle oxígeno a su economía. Esto se haría mediante una orden ejecutiva y no un tratado ratificado. Cruz siempre se ha opuesto a esto.
En 2023, tras un intercambio de prisioneros entre Estados Unidos e Irán que implicó descongelar USD 6.000 millones en activos iraníes en Corea del Sur, Cruz presentó una medida junto con otros senadores para volver a congelar permanentemente esos activos y congelar otros USD 10.000 millones en Omán.
Aunque su proyecto no avanzó en el Congreso, la inmensa presión política ejercida por Cruz, junto con las reacciones a los ataques de Hamás del 7 de octubre, obligaron al gobierno de Joe Biden a congelar esos fondos de facto en Catar. Se limitó su uso exclusivamente a transacciones humanitarias supervisadas por el Departamento del Tesoro de EE. UU.
Si el gobierno Trump avanzara en su propuesta, Cruz no se va a quedar con los brazos cruzados. Podría usar su peso en el Comité Judicial para cuestionar la legalidad del pacto. Y aunque el presidente puede apelar a poderes de emergencia, la sola amenaza de una batalla legal en el Capitolio podría generar un efecto disuasorio para que un banco internacional se lo piense dos veces antes de liberar los fondos o se limite su uso como ocurrió en el pasado, poniendo en riesgo la estabilidad del plan de Trump.
Además de Cruz, otro hombre que se opuso férreamente al acuerdo fue el senador Lindsey Graham, de Carolina del Sur, quien consideró el acuerdo como una “capitulación”. Graham es uno de los aliados más leales, confidentes e incluso de los habituales compañeros de golf del propio Trump. Pero también es el puente directo entre el ala dura del Congreso de EE. UU. y el gobierno israelí de Benjamin Netanyahu, junto con Cruz.
Su importancia radica en que lidera el bloque de senadores que no aceptarán ningún trato con Irán si no beneficia directamente a Israel y cambia el mapa geopolítico de la región. Por eso, fue él quien planteó como parte de un acuerdo que países clave, como Arabia Saudita, integren los Acuerdos de Abraham para el reconocimiento de Israel.
“(Si no lo hacen) habrá severas repercusiones para nuestras relaciones futuras”, amenazó.
Le recomendamos: GSSG, la empresa que recluta colombianos para la guerra en Sudán
Es una píldora venenosa porque eleva la barra de la negociación a un nivel casi imposible de alcanzar. Un reconocimiento así es muy complejo por la situación actual en Gaza. Pakistán ya rechazó la propuesta de inmediato. Aunque Trump le siguió la cuerda a Graham, y pidió que otros países integren los Acuerdos de Abraham, en Riad tampoco lo recibieron bien.
“¿Quién le inspiró a pedirnos que nos unamos a los Acuerdos de Abraham como si nos estuviera haciendo un favor o dictando nuestras opciones?”, sentenció el analista político saudí Abdulsalam Saleh, de línea oficialista. “Nuestra posición sobre la causa palestina no es una moneda de cambio, y ni las amenazas ni los incentivos la moverán. No habrá paz sin el establecimiento de un Estado palestino independiente con Jerusalén Oriental como su capital”.
Detrás de los reclamos de Cruz y Graham estaría la presión del lobby israelí, cuyo gobierno ha dejado clara su posición frente a la propuesta. “Este es un mal acuerdo y no permitiremos que ocurra”, dijo el martes Itamar Ben-Gvir, ministro israelí de Seguridad Nacional. Sin embargo, hay otros intereses que pueden estar en juego.
La tercera figura que se opuso al acuerdo es Roger Wicker, senador por Mississippi y presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, es decir, quien tiene control sobre las finanzas del Pentágono. Tras anunciarse el borrador, Wicker emitió un comunicado fulminante exigiendo a Trump que rompa las negociaciones y deje que los militares “terminen el trabajo”. Para él, la propuesta de alto al fuego de 60 días es una muestra de “debilidad” y pidió continuar con las operaciones militares.
“Estamos en un momento que definirá el legado del presidente Trump. Sus instintos han sido terminar el trabajo que empezó en Irán, pero está siendo mal asesorado para buscar un acuerdo que no valdrá el papel en el que está escrito. Nuestro comandante en jefe necesita permitir que las cualificadas fuerzas armadas de Estados Unidos terminen la destrucción de las capacidades militares convencionales de Irán y luego reabran el estrecho”, comunicó Wicker.
Le puede interesar: Nueva investigación en Miami contra Maduro apunta a lavado de dinero y Saab sería clave
Acá hay que ver la historia de Mississippi, sede de Huntington Ingalls Industries, el astillero militar más grande de Estados Unidos y el principal empleador privado de todo el estado. El congresista es un firme defensor del crecimiento de la presencia industrial en su estado, centrándose específicamente en los sectores de manufactura de defensa y marítima.
Con frecuencia, Wicker visita empresas en todo su estado natal, como astilleros en Pascagoula, desarrolladores de embarcaciones no tripuladas en la región de la Costa del Golfo y empresas con capacidades láser en el condado de Lee. Para él, entonces, mantener una postura de fuerza militar es garantizar miles de millones de dólares en contratos navales para su estado y, por ende, empleos.
Es una historia similar a la de Tom Cotton, senador por Arkansas y presidente del Comité de Inteligencia del Senado, y la cuarta figura en oponerse a los acuerdos. Como el mismo congresista reconoció la semana pasada, “Arkansas es líder en Estados Unidos en la producción de material de defensa”.
Con el Parque Industrial Highland en East Camden, Arkansas, un gigantesco complejo de más de 7.000 hectáreas donde gigantes como Lockheed Martin, Raytheon y General Dynamics fabrican el arsenal de misiles e interceptores más crítico del Pentágono, el estado logra inyectar unos USD 1.000 millones al año, según Arkansas Business, y mantener unos 10.000 empleos. El interés en que la industria de la defensa en su estado mantenga su demanda explicaría su motivación de optar por la vía militar.
Paradójicamente, el principal obstáculo que encuentra Trump para poner fin a su aventura en Irán son sus propios aliados. Del lado demócrata, el presidente ha encontrado, para su sorpresa, un apoyo inusual.
“No es precisamente el camino que Wendy (Sherman), Ben (Rhodes) o yo hubiéramos tomado. Pero si este acuerdo pone fin a una guerra ilegal e injustificable, a la pérdida sin sentido de vidas y destrucción, y a las consecuencias económicas globales en cascada, estoy seguro de que lo aceptaríamos con gusto en lugar de la alternativa”, señaló Robert Malley, enviado de Obama para Irán y uno de los principales artífices del acuerdo nuclear de 2015 que Trump desmanteló en 2018. Rhodes, el influyente asesor de Seguridad Nacional y estratega de comunicaciones de Obama, también recriminó a los críticos del acuerdo de Trump.
👀🌎📄 ¿Ya se enteró de las últimas noticias en el mundo? Invitamos a verlas en El Espectador.
El Espectador, comprometido con ofrecer la mejor experiencia a sus lectores, ha forjado una alianza estratégica con The New York Times con el 30 % de descuento.
Este plan ofrece una experiencia informativa completa, combinando el mejor periodismo colombiano con la cobertura internacional de The New York Times. No pierda la oportunidad de acceder a todos estos beneficios y más. ¡Suscríbase aquí a El Espectador hoy y viva el periodismo desde una perspectiva global!
📧 📬 🌍 Si le interesa recibir un resumen semanal de las noticias y análisis de la sección Internacional de El Espectador, puede ingresar a nuestro portafolio de newsletters, buscar “No es el fin del mundo” e inscribirse a nuestro boletín. Si desea contactar al equipo, puede hacerlo escribiendo a mmedina@elespectador.com