En Santa Cruz, se evidenció que la OEA responde principalmente a los requerimientos de los gobiernos, convirtiéndose en juez y parte e inhabilitándose como el organismo mediador que por naturaleza está llamado a ser.
En este contexto, tanto el secretario general, José Miguel Insulza, como el secretario de asuntos políticos, Dante Caputo, sin cautela alguna, mantuvieron enfrentamientos con algunos sectores de la oposición, y el mensaje del Consejo Permanente, como era de esperarse, favoreció al gobierno del presidente Evo Morales.
El caso de Bolivia deja claro que al menos que la OEA logre superar estos obstáculos estructurales, que la convierten en una especie de club de gobiernos, será siempre inefectiva en su papel de prevención y mediación. Esto requerirá de la institucionalización de los importantes mecanismos de supervisión que Insulza ha puesto en funcionamiento. Sin embargo, es evidente que estos instrumentos no tendrán mucha fuerza al menos que los gobiernos de la región permitan a la OEA comportarse de manera más autónoma, sin las restricciones que ahora imponen.