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El 1º de enero de 1994, al entrar en vigencia el tratado de libre comercio firmado con Canadá y los Estados Unidos, el entonces presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, declaró que su país dejaba atrás al resto de Latinoamérica para ingresar al exclusivo club del llamado Primer Mundo, cumpliendo con ello el cometido de la civilización y de la historia.
Ese mismo día, en Chiapas, la perspectiva amerindia le recordó al México de Salinas y al resto del mundo globalizado que otro mundo ya existía en este.
En ese otro mundo, la necesidad de elegir entre la naturaleza y la civilización, imponiendo esta última a la primera para los fines de un progreso medido en ciclos interminables de guerra, crisis y austeridad, carece de sentido.
La Declaración de la Selva Lacandona, de enero de 1994, es quizás el más importante acontecimiento de la historia reciente de la globalización, pues le pone fin y llama a un nuevo comienzo.
Dado que la historia de la globalización comenzó con el sometimiento de los amerindios en el siglo XV y la expoliación y explotación de su plata, su oro y los recursos de sus selvas —para convertirlos por vez primera en dinero global y mercantilismo sin límites—, tiene sentido que sean ellos mismos quienes sometan dicha historia a juicio y la declaren limitada y culpable.
Culpable de genocidio y expoliación económica. Y de haber convertido a la naturaleza humana en un agente destructivo capaz de interferir los procesos de la Tierra como si de una fuerza geológica se tratase.
¿Son evidencia de ello la inusitada onda fría que ha afectado a los Estados Unidos durante la primera semana de este año, el calentamiento de Alaska y las inundaciones por lluvias torrenciales en el norte de Europa cuando debería estar nevando? Hemos entrado en una nueva era geológica y climática. Una en la cual no cabe mantener la estricta separación entre la historia de la civilización y la historia de la especie como parte de la naturaleza.
Desde este punto de vista adquiere nueva relevancia la perspectiva amerindia que sostiene la indiferenciación originaria entre humanos, animales y naturaleza. Dicha perspectiva es el núcleo de la declaración del EZLN.
Ha motivado la transformación que tuvo lugar primero en el corazón de los jóvenes mestizos que penetraron la selva Lacandona en 1983, el Subcomandante Marcos y los herederos del FLN-EZLN, y luego en las muchas formas de resistencia y los muchos Méxicos que existen hoy en México. Puede ahora ayudar a transformar este mundo envejecido en muchos mundos nuevos. Declarar la relevancia de dicha perspectiva es la mejor manera de comenzar el nuevo año, y saludar la asombrosa historia de la hazaña indígena zapatista.