Manuel Antonio Noriega, el exhombre fuerte de Panamá, derrocado el 20 de diciembre de 1989 en una invasión estadounidense, llegará extraditado a una cárcel panameña tras cumplir 20 años de prisión en Estados Unidos por narcotráfico y casi dos de sus siete años de condena por lavado de dinero en Francia. El ministro panameño de Relaciones Exteriores, Roberto Henríquez, confirmó la llegada: “Efectivamente, Noriega llegará a Panamá cuando termine la semana”.
Una de las mayores expectativas que genera su regreso es el impacto de posibles revelaciones: secretos conocidos como exagente de la CIA, antiguo jefe de los servicios de inteligencia y dictador entre 1983 y 1989. El presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, dijo esperar que “hable” para “saber lo que pasó con todas las personas que aquí de alguna forma se lucraron a costa de los militares y del Estado”.
Muchas de las fortunas de ese país centroamericano nacieron bajo la dictadura de Noriega y surgen especulaciones sobre sus posibles intenciones de saldar cuentas. “Vamos a saber de muchas fortunas que se hicieron en este país de forma ilegal”, dijo Martinelli, al conocer el aval que dio el 23 de noviembre la justicia francesa para la extradición de Noriega, reclamado por Panamá para que enfrente tres penas que suman 60 años por la desaparición y muerte de opositores.
Roberto Díaz Herrera, exlugarteniente de Noriega, comentó a la AFP que el exdictador tiene información para “hacer daño a determinadas personas, si quisiera”. Sin embargo, aclaró que “la que debería temer es la CIA como institución y todo ese aparato de intriga y corrupciones”. Díaz denunció a Noriega en 1987 por corrupción, fraudes electorales y violación de derechos humanos, por eso estuvo preso y luego en el exilio en Venezuela.
Según Díaz, Noriega colaboró con Washington, por instrucciones de la CIA, en la venta de drogas para financiar a los ‘contras’ que en los años ochenta combatían al gobierno sandinista instalado en Nicaragua tras la revolución de 1979, en lo que se conoció como el escándalo Irán-Contra.
Otros, por su parte, creen que no va a pasar mucho. “Los turistas van a querer saber dónde está e ir a verlo. Si cobran eso, sería una buena taquilla”, ironizó el general Rubén Darío Paredes, a quien Noriega relevó en 1983 como comandante de la antigua Guardia Nacional. “Tienen que preocuparse quienes hicieron negocios con él y no cumplieron con devolverle su parte a los familiares. No hay de qué preocuparse por lo que pueda decir porque son cosas que ya han prescrito, temas que no tienen validez hoy”, añadió.
Para Mauro Zúñiga, un opositor a Noriega secuestrado y torturado por militares en 1984, el regreso “va a ser folclórico, un show”. Pero aún si hablara, “su credibilidad está en entredicho, no tiene ningún apoyo”.
Aunque sin respaldos políticos declarados abiertamente, lo que Noriega sepa o no, diga o no, podría reabrir viejas heridas en Panamá. El presidente Martinelli es claro al decir que lo escuchará. “Irá a una cárcel tan pronto llegue a Panamá el fin de semana, pero podría pedir casa por cárcel. Ya es un viejo y está enfermo”.
Con información de la agencia AFP.