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Maduro, el conductor elegido

El vicepresidente es la figura que menos problemas generaría durante la transición de poder en Venezuela.

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Redacción Internacional
05 de enero de 2013 - 09:00 p. m.
Nicolás Maduro es uno de los chavistas más fieles del entorno presidencial.  / AFP
Nicolás Maduro es uno de los chavistas más fieles del entorno presidencial. / AFP
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El vicepresidente de Venezuela es el lado opuesto de Diosdado Cabello. No tiene enemigos declarados dentro del chavismo y se dice que su patrimonio familiar no ha tenido un gran crecimiento desde que entró al círculo presidencial. Su estilo conciliador y tranquilo se ha hecho evidente en los últimos meses, cuando el estado de salud de Hugo Chávez empeoró. Durante la última campaña presidencial era habitual ver a Nicolás Maduro conduciendo el camión que llevaba al presidente candidato en sus cortos recorridos, pues el cáncer no le permitió recorrer el país como en sus primeras luchas electorales.

Lo hacía recordando orgulloso ese pasado de chofer de autobús que el propio presidente alabó en muchos momentos. La última vez fue el 10 de octubre, después de su triunfo en las urnas, al nombrarlo vicepresidente: “Miren dónde va Nicolás, el autobusero Nicolás. Era chofer de autobús en el metro y cómo se han burlado de él”.

Después de estudiar la secundaria sin grandes calificaciones y de tocar el bajo en la agrupación juvenil de rock Enigma, Maduro decidió que lo suyo no sería la universidad ni la música, pues quería ser parte de la lucha social que nacía por esos días en los barrios populares de Caracas. Comenzó a trabajar como chofer de autobús en el Metro de Caracas, en donde se convirtió en un destacado líder del sindicato que él mismo fundó.

Su llegada al chavismo se dio cuando empezó a acompañar a su pareja, Cilia Flores, hoy procuradora y miembro directivo del PSUV, en la defensa de los presos políticos. Fue ella quien en los años 90, como abogada de oficio, defendió a los militares, incluido el teniente coronel Hugo Chávez Frías, por su participación en el fallido golpe de Estado de 1992. Allí conoció al presidente y cuando éste dejó la prisión se convirtió en uno de sus más firmes aliados.

“Maduro es un venezolano típico, echador de broma, inteligente. En el 2000 no tenía mucha fuerza dentro del partido. Después de la salida de Luis Miquilena tomó una posición más beligerante. Era una persona con quien se podía conversar, de los pocos con los que se podía hablar”, le dijo a periodistas el diputado chavista Ramón José Medina.

Se hizo militante del Movimiento Bolivariano Revolucionario-200 (MBR-200) y como líder popular comenzó su ascenso. En 1999 formó parte de la Asamblea Nacional Constituyente y el año siguiente fue elegido diputado de la Asamblea Nacional. En 2006 fue designado presidente del Poder Legislativo y meses después renunció para ser el ministro de Relaciones Exteriores de Chávez, cargo que ocupó hasta el pasado 10 de octubre, cuando fue designado vicepresidente ejecutivo.

Como hombre de máxima confianza, Maduro ha sido el único ministro que no se ha separado de Chávez en las ocasiones que ha sido operado en La Habana. Según informes de inteligencia de Estados Unidos, cuenta con la simpatía de los hermanos Castro, pues, acostumbrado a no discutir ninguna decisión del presidente, aseguraría la continuidad de la ayuda que el mandatario venezolano le brinda a la isla desde hace varios años.

La oposición le reconoce haber acabado con la burocracia de las embajadas. Desde que se convirtió en canciller dejó varios cargos vacantes y cerró algunos consulados que no daban resultados. Elegía a los representantes venezolanos en el exterior luego de estudiar sus capacidades y no por recomendaciones.

Pocas veces toma el micrófono y cuando lo hace no usa un tono fuerte o lanza insultos, a menos que tenga que hablar de la “burguesía” o el “imperio”. En abril de 2012, en un acto frente a la embajada de Cuba, aseguró, al referirse al golpe contra Chávez en 2002: “Así será la calaña de estos sifrinitos, mariconsones, fascistas, que pretenden darle lecciones al pueblo de Venezuela”. Luego se retractó: “Le pido disculpas si alguien se sintió agredido por una expresión que tenía otra connotación. Me disculpo”. En la Cumbre de las Américas realizada en Cartagena el año pasado fue enfático: “Ayer Bush y hoy Obama siguen en su política de desprecio. Ellos realmente, en el fondo, nos desprecian. Nos desprecian a toda América Latina y el Caribe”.

Que fuera ungido por el propio Chávez como su sucesor no sorprendió a nadie. Desde 2011 varios cables de WikiLeaks lo daban como el más seguro reemplazo del mandatario, a quien desde entonces se le pronosticaban dos años de vida porque, aclaraban, “es un mal paciente, ya que no escucha a sus doctores e interrumpe su tratamiento cuando tiene que hacer una aparición pública”. Los cables del Departamento de Estado de EE.UU. lo definen como un hombre honesto, a pesar de que en 2002 dos exchavistas lo denunciaron por enriquecimiento ilícito, porque, decían, tenía depósitos millonarios en cuentas en el extranjero. En 2007, la investigación fue sobreseída.

Esta semana reconoció que sí hizo contactos con Estados Unidos en noviembre de 2012, pero aclaró que fue con autorización del presidente. “Hasta más allá de esta vida vamos a ser leales a Hugo Chávez”, dijo entre lágrimas en un discurso en el que explicó el mal estado de salud de su amigo, mentor y posible antecesor.

Por Redacción Internacional

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