21 Apr 2021 - 5:05 a. m.

Nada cambia, pero no todo sigue igual

El fin formal de la era Castro no significa el del castrismo ni mucho menos la omnipotencia del Partido Comunista de Cuba.

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Foto: Opinión

El octavo congreso del Partido Comunista de Cuba arrancó con la noticia de que Raúl Castro se retira como secretario general y terminó con el esperado nombramiento del presidente Miguel Díaz-Canel como su sucesor. Más allá de culminar la entrega histórica del mando, el fin formal de la era Castro no significa el del castrismo ni mucho menos la omnipotencia del PCC. No obstante, el hecho de que no se auguren cambios en la política no significa que todo sigue igual. Para la muestra, la militancia inusitada del régimen contra la canción viralizada de rap, Patria y vida y el Movimiento San Isidro, sumada a sus pronunciamientos recientes sobre la “subversión político-ideológica” propagada en redes sociales, hace palpable el desafío doble que enfrenta la nueva generación de líderes lealistas de preservar la vigencia del proyecto revolucionario y dar respuesta al malestar creciente de la población.

Los orígenes del MSI, cuyos artistas e intelectuales han sido acusados oficialmente de “mercenarios”, “ratas” y “contrarrevolucionarios”, se hallan en el controversial Decreto 349 de 2018. La tentativa de controlar y vigilar, si no de amordazar la expresión cultural en la isla -cuyos límites en cuanto a lo admisible y lo tabú se habían expandido gradualmente después del período especial- provocó el rechazo unánime de la comunidad creativa y la movilización de parte de ella. Ante el arresto y la condena de un rapero integrante del Movimiento en noviembre de 2020, se intensificaron sus estrategias de protesta, incluyendo una huelga de hambre y un plantón de cientos de artistas frente al Ministerio de Cultura. Desde entonces el MSI ha sido blanco de intimidación y creciente represión, suscitando la reacción de varios gobiernos e instituciones extranjeras, así como de ONG como Amnistía Internacional.

El hecho de que la controversia en torno a la libertad de expresión cultural involucra artistas del hip hop es interesante, toda vez que desde hace dos décadas el Estado lo ha patrocinado a través de la Agencia Cubana de Rap. Esta ha operado para cooptar el comentario crítico que generalmente acompaña dicho género musical, dándole al régimen cierto aire de tolerancia ante la denuncia de problemas como la desigualdad económica y social, y el racismo.

Sin embargo, en la medida en que estos se han agudizado a causa de la apertura económica, el sistema monetario dual (en vías de eliminarse), el acceso diferenciado a divisas extranjeras y ahora la pandemia, el compromiso del partido único con su eliminación se ha puesto en entredicho. Más allá de la crítica sobre la Revolución y la consigna de Fidel, “Patria o muerte”, la canción Patria y Vida -producida por artistas famosos que residen fuera y dentro de Cuba- pone el dedo en la llaga al denunciar de frente esta situación mediante la reapropiación de símbolos patrios y en boca de hombres afrodescendientes.

Queda por verse si entre la unificación monetaria, la reanudación del turismo y el levantamiento de las restricciones a las remesas aplicadas durante el gobierno de Trump se logran resolver al menos algunos de los agravios que comparte la mayoría de los cubanos. Por ahora, uno de los mensajes más poderosos del MSI y Patria y Vvda es que la división entre cubanos buenos y malos, o revolucionarios y contrarrevolucionarios, carece de sentido, sobre todo en la cultura.

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