Los “halcones de defensa” en todo el mundo están preocupados por lo que está ocurriendo en el teatro de guerra en Oriente Medio. Y con toda la razón. Según filtraciones del Pentágono, el ejército de Estados Unidos está quemando municiones a un ritmo alarmante. Solo en las primeras 100 horas de la Operación Epic Fury en Irán se gastaron USD 3.700 millones en municiones, de acuerdo con el Center for Strategic and International Studies. Esto es casi la cifra que se gastaba a finales de 2025 en Ucrania para sostener un mes entero de guerra contra una superpotencia como Rusia.
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El mayor problema con esto, según le dijeron asesores del Congreso a Politico, es que se están usando misiles Tomahawk e interceptores de última generación para destruir objetivos que, en teoría, podrían atacarse con armas más baratas. Además de generar graves interrogantes sobre la idoneidad estratégica del ahora llamado Departamento de Guerra, esto ha encendido las alarmas sobre el abastecimiento de municiones de Washington, pues es al final el proveedor de armas de decenas de países en el mundo.
¿Se está quedando EE. UU. sin armas? Las respuestas no solo tienen implicaciones para la guerra actual, sino para las futuras que se peleen.
La “matemática de los misiles”
El presidente Donald Trump ha dicho que el país tiene un “arsenal prácticamente ilimitado” y podría librar una guerra “eternamente”. Sin embargo, esto no es un videojuego con claves para obtener más munición y disparar infinitamente.
Camille Grand, ex-alto funcionario de la OTAN, que ahora dirige la Asociación de Industrias Aeroespaciales, de Seguridad y de Defensa de Europa, con sede en Bruselas, explica que fabricar armas no es como fabricar un carro Tesla. Es un proceso de alta tecnología que enfrenta cuellos de botella críticos en sensores, motores de cohetes combustible y microchips.
Un misil Patriot PAC-3 o un sistema de defensa aérea como el THAAD tiene un ciclo de producción que promedia los 20 a 24 meses desde que se pide hasta que se entrega. No es solo el ensamblaje, sino la obtención de materiales críticos (como tierras raras), la fabricación de los motores de combustible sólido (que tienen un proceso de “curado” químico que no se puede acelerar con magia) y los complejos buscadores (“seekers”, en inglés) que guían el misil y que son fabricados por muy pocas empresas en el mundo.
Esto quiere decir que, aunque haya dinero en la mesa (y lo hay, pues Washington aprobó el año pasado USD 30.000 millones adicionales solo para cubrir el déficit de municiones de 2025), la base industrial de Estados Unidos no tiene un interruptor de “encendido inmediato”. Este es un problema que venía desde la guerra en Ucrania en 2022, cuando la producción mundial de armas empezó a notar los efectos sobre la demanda.
Fuentes del Pentágono advirtieron al general Dan Caine que el ejército estadounidense está a solo “días de distancia” de tener que priorizar qué ciudades o bases proteger en Oriente Medio, debido a que el ritmo de gasto de armamento supera por mucho la capacidad de reposición de las fábricas.
Ante las críticas, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, ha prometido un giro hacia el uso de bombas de gravedad guiadas por GPS, más baratas y abundantes, argumentando que la superioridad aérea ya es total y no se necesitan tantos misiles de crucero “exquisitos”.
Asimetría financiera: un negocio redondo
El conflicto con Irán también ha revelado una brecha económica insostenible: el costo de defenderse es mucho más alto al del ataque. Mientras Irán satura el cielo con drones Shahed de miles de dólares, Estados Unidos ha atacado con municiones de élite. Un solo misil PAC-3 MSE del sistema Patriot cuesta aproximadamente USD 4 millones. Ahora, defenderse también le sale caro: que cada interceptor THAAD, capaz de derribar amenazas fuera de la atmósfera, alcanza los USD 15 millones.
Según Bloomberg, la doctrina militar exige disparar dos o tres interceptores por cada objetivo entrante, lo que eleva el costo de una sola tarde de defensa a miles de millones de dólares.
La disparidad es un negocio redondo para contratistas como Lockheed Martin, Northrop Grummanm Boeing y RTX, cuyas acciones alcanzaron máximos históricos tras acordar con el presidente Trump “cuadruplicar la producción”. La guerra se ha convertido en el motor económico más rentable para los proveedores del Pentágono, algunos aliados de Trump durante su campaña. Pero, de nuevo, la preocupación está en el stock actual.
“Estamos utilizando estos interceptores más rápido de lo que podemos fabricarlos”, advirtió Kelly Grieco, del Stimson Center, subrayando que ni siquiera los presupuestos récord pueden comprar el tiempo necesario para reponer una cadena de suministro.
Por eso mismo, funcionarios de Europa y Asia están alarmados porque, pese a que Trump los sometió a una presión política extrema para aumentar sus presupuestos y comprar armas estadounidenses, ahora temen que las armas compradas no lleguen a sus stocks. Algunos le reconocieron a Politico que saben que Washington priorizará su defensa y la de Israel por encima de la de sus otros aliados.
Esto ha llevado a que algunos países, como Polonia, empiecen a comprar armas a otros aliados, como Corea del Sur. Tailandia, por otro lado, se está haciendo con armas chinas. Taiwán es el socio que debería estar más alarmado, pues Washington suspendió dos paquetes de armas en medio de los interrogantes por abastecimiento y de cara a la visita de Trump a China.
“Los europeos todavía viven en un mundo de ensueño en el que Estados Unidos es un gigantesco Walmart, donde compras los productos y los recibes inmediatamente, y eso simplemente no es cierto”, concluye Grand.
Implicaciones para Taiwán, ¿y Cuba?
Un mes antes de que EE. UU. e Israel atacaran Irán, la directora del China Program de Stimson Center, Yun Sun, argumentaba en Foreign Affairs que este podría ser el año de la anexión de Taiwán por parte de China, algo que, en la hoja de ruta de Pekín, está previsto para 2027.
“Estados Unidos no ha reaccionado con demasiado nervio a las maniobras militares chinas de cerco a Taiwán”, agrega el periodista y analista Argemino Barro, subrayando que China ya no aparece como una “amenaza sistémica” en la nueva retórica de Washington.
Y ahora que el arsenal de Estados Unidos está comprometido en Oriente Medio, Pekín percibe cómo se abre más una “ventana de oportunidad” para sus operaciones regionales. La pauta está marcada por lo que sucede con Ucrania.
Cabe destacar que China ha construido la armada más grande del mundo y ahora tiene misiles que pueden atacar a las tropas estadounidenses en Guam. Para los aliados estadounidenses en el Pacífico, la quema de municiones en Irán también significa menos preparación ante una guerra en Asia. Lo sorprendente es que, pese a este panorama, Washington parece encaminado incluso a abrir otro frente de batalla, esta vez en Cuba, según advirtió el fin de semana el senador Lindsay Graham.
En caso de un conflicto, la isla está a solo 150 kilómetros de EE. UU. Su defensa aérea, aunque anticuada, obligaría a usar los mismos interceptores Patriot y misiles Tomahawk que hoy se agotan en Irán. Hay que resaltar que el USS Gerald R. Ford, que llegó a aguas del Caribe en noviembre de 2025, bajo la directiva de la administración Trump, ya no está en este hemisferio, sino que se transportó al canal de Suez.
Disparar un misil de USD 4 millones para destruir una base de radares en el Caribe mientras el USS Gerald Ford demanda suministros constantes en el mar Rojo es, financieramente, un suicidio logístico. Si EE. UU. decide invertir sus recursos restantes en Cuba, el distanciamiento con Europa y Asia sería mayor. Ahora, en este cálculo también tiene que entrar la posibilidad de que Washington simplemente se retire de Oriente Medio de un momento a otro y sin mayor explicación, lo que implicaría la posibilidad de más presión sobre Cuba, pero no significa que la situació vaya a escalar de inmediato.
“Cuba es una incógnita, y considero que Miguel Diaz Canel debe estar muy preocupado. La situación de Cuba es más aislamiento que antes. Difícilmente tendría apoyo militar de algún aliado. Ahora, es difícil vincular a Cuba con apoyo a carteles, como se hizo con Nicolás Maduro. Tampoco es una amenaza a la seguridad como Irán por construir un programa militar de uranio o misiles que impacten en EE. UU. Es un régimen indeseable extremadamente cerca, pero tampoco es un ejemplo como los demás. Es un régimen crítico política e ideológicamente, lo ha sido desde los años 60, pero al mismo tiempo. Eso genera dificultades para venderlo a nivel interno: Trump en el tema de Cuba cuenta solo con el apoyo del ala más radical del sur de Florida, pero no necesariamente con más apoyo en el Partido Republicano”, señala Rafael Piñeros, profesor de relaciones internacionales de la Universidad Externado.
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