
Manifestación en la que se pide que paren los asesinatos del ICE en Estados Unidos.
Foto: Agencia AP
No sale de su casa. Prefiere evitarlo. Si hace unos años vendía bolsas, el miedo a ser perseguida ahora se lo impide. Su esposo es el único que trabaja, y semana a semana guarda algo de dinero de lo que él gana, pero no es suficiente. Hay ocasiones en que no alcanza ni siquiera para pagar el arriendo. Uno de sus temores, porque son muchos, es que un día él no regrese, que lo arresten y que ella se quede sola con sus cuatro hijos. No quiere volver a Venezuela, al menos no todavía, aunque su mamá y sus hermanos viven allí. Quiere hacerlo cuando...
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