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Omar García Harfuch transitaba por un barrio acomodado de Ciudad de México cuando pistoleros acribillaron su camioneta con 400 disparos. Sobrevivió a un atentado que se suma a una historia marcada por el terciopelo, la adversidad y la mano dura contra el crimen.
La mayoría se refiere al secretario de Seguridad de México por su segundo apellido: Harfuch, un policía que odia el escritorio, hijo de una famosa actriz de telenovelas, María Sorté, que lo crió sola, y del director de la temida policía política en la década de 1970.
Comerciantes informales venden toallas, camisetas y otras mercancías en las que aparece su rostro en un cuerpo con pectorales y abdominales muy marcados: es el “Batman mexicano”, como lo apodan sus seguidores por su lucha contra el crimen.
Bien parecido, alto y elegante, es el responsable de seguridad más visible de su país, en un momento en que el presidente Donald Trump presiona a México para que endurezca su ofensiva contra los cárteles.
De 44 años, comienza a sonar como posible candidato a sustituir a la presidenta Claudia Sheinbaum en el lejano 2030.
Para ello, será clave el resultado de su cada vez más firme estrategia contra los cárteles. También una campaña informal de imagen que lo acerca a los mexicanos, salvando el distanciamiento de la gente que le impone su cargo por motivos de seguridad.
El secretario evade siempre el tema de su imagen.
El policía de Sheinbaum que emerge como figura clave para 2030
La popularidad de Harfuch se disparó en febrero tras la muerte en un operativo militar del narco más buscado: Nemesio Oseguera “El Mencho”.
Fue precisamente el líder del poderoso Cartel Jalisco Nueva Generación quien ordenó en 2020 el atentado en su contra cuando era el responsable de la seguridad en la capital.
Una mañana de junio, 30 pistoleros descendieron de un camión y arremetieron contra el vehículo blindado en que viajaba. Recibió impactos en un brazo y una pierna, mientras vio morir a dos de sus escoltas. Una transeúnte también falleció.
Un ataque así “te marca de por vida, te marca en el sentido de compromiso”, dice a la AFP Gerardo Rodríguez, experto en seguridad nacional y académico de la Universidad de las Américas Puebla.
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Harfuch se mudó a un departamento custodiado dentro de las instalaciones de la secretaría de Seguridad capitalina, desde donde coordinó a la policía prácticamente aislado de su familia durante casi cuatro años.
Rodríguez lo conoció en 2018 cuando era director de la agencia de investigación criminal de la fiscalía mexicana. “Buscaba profesionalizar, modernizar esta agencia de inteligencia para la persecución de delito”, explica a la AFP.
Ese trabajo lo llevó a la secretaría de Seguridad en la Ciudad de México, cuando Sheinbaum era alcaldesa. Los homicidios en la capital cayeron a la mitad, según cifras oficiales, aunque en esos años también se reportaron denuncias de abuso policial.
Sheinbaum luego lo llevó al gobierno nacional cuando asumió el poder en 2024. Juntos emprendieron una estrategia de mano dura contra los cárteles, con crecientes detenciones y decomisos de droga.
En un país harto de la violencia, llevó el índice de homicidios dolosos a su nivel más bajo desde 2015, aunque algunas oenegés cuestionan estos números.
El secretario creó la Unidad Nacional de Operaciones Especiales, una policía élite que emula un modelo creado por él en la capital. Sus oficiales fueron bautizados popularmente como “los Harfuch”.
El heredero de la mano dura: la estrategia de Harfuch contra los cárteles
Harfuch inició su carrera en 2008 en la desaparecida Policía Federal, diez años después de la muerte de su padre, Javier García Paniagua, dirigente del hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI). Su abuelo paterno, Marcelino García Barragán, fue el secretario de Defensa durante la matanza de estudiantes en Tlatelolco en 1968.
Maribel Cervantes fue su jefa en 2008, cuando se desempeñaba como la responsable de inteligencia de la Policía Federal.
Lo recuerda como un joven con una imagen romántica del policía noble, intrépido e incorruptible en operaciones peligrosas.
Es un policía “de la calle. A él no le gusta el escritorio” y prefiere “ir a operativos”, cuenta Cervantes, que recuerda que el hoy secretario fue capacitado en talleres del FBI.
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Harfuch de hecho se reúne con frecuencia con autoridades de seguridad estadounidenses para discutir esfuerzos antidrogas.
Afiliado al izquierdista partido Morena y senador con licencia, Harfuch cumple con “arquetipos literarios” del “héroe que sobrevive a un ataque” de cara a una posible aspiración presidencial, explica Vianey Esquinca, consultora de política e imagen. “Es una novela” que lo acerca a la gente.
Un alto cargo policial que trabajó con Harfuch teme que la política pueda corromper al policía íntegro: “Lo peor que podría pasar es que perdiéramos a Omar”.
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