El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, opinó que la paz en Oriente Medio es imposible mientras que Estados Unidos sea el "tutor" de las negociaciones.
"Estoy convencido de que no habrá paz en Oriente Medio mientras EE.UU. sea el tutor de la paz. Es necesario desarrollar otros agentes, otros países para poder negociar la paz", dijo Lula en una ceremonia en Brasilia con altos mandos militares.
El mandatario brasileño aseguró que ese espíritu, el de abrir las negociaciones de paz a nuevos interlocutores, le llevó a viajar a Teherán el pasado mayo para intentar lograr un acuerdo en el área nuclear con el régimen del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad.
Entonces Irán suscribió un acuerdo tripartito con Lula y el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, para el intercambio de uranio destinado a sus reactores con fines científicos, pero las potencias nucleares lo rechazaron por sus temores a que Teherán se escude en este pacto para fabricar una bomba atómica en secreto.
Lula reiteró que el acuerdo logrado entonces con Ahmadineyad tenía "exactamente" las mismas condiciones que le había comunicado días antes el presidente de EE.UU., Barack Obama, en una carta.
"Aún así, el Consejo de Seguridad de la ONU decidió castigar a Irán. La única explicación es que Brasil y Turquía se habían metido en un campo que no se considera de país emergente, sino del Consejo de Seguridad", analizó Lula.
El jefe de Estado brasileño reclamó el derecho de su país de intervenir en cualquier asunto "sin pedir permiso", para tratar de tener una influencia mayor en el mundo.
En el mismo sentido, demandó una apertura del Consejo de Seguridad a otros países, puesto que esta institución "representa el orden mundial de después de la Segunda Guerra Mundial y no el del siglo XXI", lo que lo ha convertido en "un club de amigos".
En los últimos tiempos, Brasil ha estrechado sus relaciones con Irán y otros países de Oriente Medio y se ha ofrecido como mediador en el conflicto entre Israel y Palestina.
Hace tres semanas, el Gobierno brasileño anunció el reconocimiento del Estado palestino con base en las fronteras de 1967, previas a la Guerra de los Seis Días.
Esta decisión, que ha sido imitada por otros países suramericanos, generó la "decepción" del Gobierno israelí, que consideró que este tipo de posicionamientos "dañará la confianza" entre las partes y repercutirá negativamente en el proceso de paz.