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Periodista mexicana está impresionada por tanto “horror” en Ciudad Juárez

En esa ciudad han asesinado a más de 5.500 personas desde 2008.

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Agencia EFE
12 de noviembre de 2010 - 09:47 a. m.
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La periodista mexicana Sandra Rodríguez, Premio Internacional de Periodismo del periódico español "El Mundo", nunca pudo imaginar el horror que ha vivido y visto tan de cerca como reportera en Ciudad Juárez.

Rodríguez, de 36 años, recibirá el 22 de noviembre el reconocimiento por su labor periodística en una ciudad donde han sido asesinadas desde principios del 2008 más de 5.500 personas, entre ellos dos colegas suyos de "El Diario de Juárez".

"El papel del periodista en nuestra ciudad es hoy más necesario que nunca y todos mis compañeros, o casi todos, lo vemos así. Tanto que en muchos sentidos nuestra labor es nuestra prioridad y es más importante que el miedo a ser yo misma el blanco de las balas", dijo Rodríguez.

Rodríguez, quien ha trabajado en la unidad de investigación de "El Diario de Juárez" durante siete años, afirma que ha adoptado como una de sus tareas prioritarias el "humanizar" a las víctimas.

"No se trata de perros muriendo", dice ofendida ante el discurso oficial que cataloga a los muertos como "malandros" por el hecho de morir a balazos.

Una de sus grandes satisfacciones fue la publicación a ocho columnas de una nota en la que se revelaba que seis adolescentes asesinados junto a otras ocho personas en la colonia Horizontes del Sur de Ciudad Juárez el pasado 22 de octubre eran "matachines" (danzantes de la Virgen) y uno quería ser sacerdote y era coordinador de confirmaciones.

"Es decir que eran personas con sueños, con ambiciones, rodeados de amor, de personas que los quieren y creo que los periodistas estamos aquí para hablar de lo que está ocurriendo, para evidenciar esas injusticias", sostuvo.

Rodríguez reconoce que el miedo de trabajar bajo condiciones tan duras en Ciudad Juárez es inevitable, pero afirma que tanto ella como sus compañeros no lo tienen en cuenta para poder cubrir situaciones de riesgo.

Durante los funerales de los adolescentes de Horizontes del Sur, corrió el rumor de que los sicarios iban a atacar la iglesia y ella, como otros periodistas, sintió "pánico" pero ninguno ss fue.

"Ese día sí tuve miedo y me dije: 'qué feo sería que me muriera aquí y qué feo sería que nos dieran a todos porque está llena la iglesia', y tuve la visión de varias personas acribilladas, varias cámaras tiradas, porque estaba lleno de periodistas", recordó.

La periodista nacida en Chihuahua considera que los reporteros, al igual que el resto de los ciudadanos, han asumido que en esa ciudad fronteriza la fatalidad está a la vuelta de la esquina. Pero piensa que por algún instinto de mantener la cordura, de un adormecimiento del instinto de conservación, siguen sus vidas en situaciones muy extremas.

"Cuando afronto una situación de tensión pienso en cómo podría protegerme, pero nunca en irme", afirma.

Aclara que no únicamente los periodistas de la ciudad han adoptado la responsabilidad que implica su oficio, sino también reporteros internacionales que a pesar de los rumores y de no conocer la plaza acuden a cubrir lo que pasa.

"Nosotros vivimos aquí, los valientes son ellos", apunta.

Del asesinato de sus compañeros del diario dice que en lugar de acallar sus voces les comprometió aún más.

Las peticiones de justicia de reporteros y trabajadores del periódico para los casos de Armando Rodríguez (El Choco), asesinado en noviembre del 2008, y del fotógrafo Luis Carlos Santiago Orozco, el 16 de septiembre de este año, han sido constantes.

Rodríguez inició su carrera como periodista en Ciudad de México y trabajó como editora de noticias internacionales en el diario "Reforma" y como reportera de la revista "Proceso", y después, fascinada por la naturaleza de la franja fronteriza, se trasladó a Ciudad Juárez.

Ha sido testigo de situaciones extremas en esta ciudad, ocasionadas en principio por la ineficacia del sistema de justicia, la pobreza extrema y la estructura social que empuja a las madres a trabajar en las maquiladoras dejando a sus hijos solos, en las calles y sin estudios.

"Las condiciones eran perfectas para provocar un efecto devastador. Ahí tenían a todos esos muchachitos sin educación ni trabajo, listos para ser sicarios. Pero ni en nuestras peores pesadillas imaginamos algo como lo que estamos viviendo", finalizó.

Por Agencia EFE

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