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Perú votó en busca de estabilidad y seguridad, pero la jornada se empañó con irregularidades

De cuatro presidentes en los últimos cinco años, solo uno fue escogido por voto popular. El país volvió a las urnas con una probable tendencia a la derecha y a elegir su primer Congreso bicameral en más de 30 años. Sin embargo, retrasos en la entrega del material electoral obligó a extender la jornada hasta este lunes en algunas jurisdicciones.

María Alejandra Medina

13 de abril de 2026 - 06:00 a. m.
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El domingo, cerca de 27 millones de peruanos fueron convocados a las urnas para escoger al noveno presidente en 10 años, pero al primero en unas elecciones generales desde 2021. No en vano, algunos las han calificado como las más complejas en la historia del país, sumido en una crisis política tras otra y que, en esta ocasión, podía elegir entre 35 fórmulas presidenciales.

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El día transcurrió de forma pacífica, pero con irregularidades. Policías y fiscales inspeccionaron la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) luego de que más de 60.000 electores se quedaron sin votar a causa de la falta de instalación de sus mesas en Lima, informó la AFP. La jornada debía terminar a las 5 de la tarde, pero por los retrasos reportados desde temprano fue extendida una hora en todo el país.

En la noche del domingo, no obstante, la ONPE informó que las votaciones generales se extenderán hasta las 6 p. m. del lunes en las mesas de Lima que no pudieron ser abiertas el día anterior debido a los retrasos en la entrega del material electoral.

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La situación provocó reclamos por parte de los candidatos, en particular del ultraderechista Rafael López Aliaga (de Renovación Popular), quien pidió la captura del jefe de la ONPE, Piero Corvetto, y procesarlo penalmente por omisión de funciones.

Elecciones complejas

En el tarjetón, casi con el tamaño de una caja de pizza (42 cm por 44 cm), aparecieron las opciones para escoger también, por primera vez en más de 30 años, un Congreso bicameral, con 130 diputados y 60 senadores, así como a cinco parlamentarios andinos.

La reciente reforma electoral, por ejemplo, obligará a que un proceso de destitución presidencial surta dos fases en vez de una, como ocurre actualmente. El cambio no es menor en un sistema que es criticado por quienes consideran que el Legislativo tiene poderes excesivos.

La complejidad también vino de la mano de la incertidumbre: ningún candidato, según las encuestas previas, lograba siquiera el 20 % de los votos. Para ganar la presidencia en Perú en primera vuelta es necesario obtener la mitad de los votos más uno, a lo que prácticamente nadie apostaba antes de los comicios.

Pero si en la antesala de las votaciones había algo casi seguro era un inminente giro a la derecha: los tres principales candidatos, de acuerdo con los sondeos, son considerados de corte conservador.

El domingo en la noche, la candidata derechista Keiko Fujimori lideraba los sondeos a boca de urna, encaminándose a ser la primera en asegurar su paso a la segunda vuelta, por celebrarse el próximo 7 de junio.

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Según la firma Datum, que realizó una medición con 44.596 personas, con un margen de error del 3 %, Fujimori obtuvo el 16,5 % de los votos, seguida por el ultraconservador López Aliaga, con el 12,8 %, el centroderechista Jorge Nieto, con el 11,6 %, y el derechista Ricardo Belmont el 10,5 %.

La medición de Ipsos, por su parte, con una muestra de 18.144 encuestados y un margen de error del 3 %, daba a Fujimori el 16,6% de los sufragios; al izquierdista Roberto Sánchez, el 12,1 %; a Belmont, el 11,8 %; a López Aliaga, el 11 %; y a Nieto, el 10,7 %.

Tras la extensión de la jornada electoral, la ONPE exhortó a no publicar nuevos sondeos.

¿Cómo se explica la tendencia?

Para Eduardo Ruiz, analista de riesgo global para la Región Andina de Control Risks, la gran cantidad de candidatos y la falta de claridad sobre un favorito reflejaban “un problema estructural más que coyuntural: la debilidad de los partidos políticos, la baja confianza ciudadana en las instituciones y la volatilidad del electorado. En este contexto, la primera vuelta funciona más como un filtro que como una instancia decisiva, donde los candidatos con mayor capacidad de movilización, aunque no necesariamente con amplio respaldo, logran avanzar”.

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En cuanto a la inclinación a la derecha, hay que resaltar que la izquierda peruana ha estado “sacudida de manera negativa por escándalos de corrupción”, en palabras de Manuel Camilo González, profesor de Relaciones Internacionales de Universidad de San Buenaventura. “Pedro Castillo intentó dar un autogolpe de Estado. Esa izquierda no tiene muchas credenciales democráticas. Hay una erosión en su imagen institucional”, agregó en referencia al encarcelado expresidente, quien precisamente fue el que ganó en las urnas hace cinco años.

Pero la tendencia también se puede explicar por los temas que hoy parecen ser la prioridad de los peruanos, especialmente la seguridad. “Las políticas públicas para abordar la criminalidad organizada y los problemas de extorsión y sicariato han sido parte central del debate. Las propuestas van desde la construcción de más cárceles, hasta la aplicación de la pena de muerte para delitos graves (…)”, escribió Milagros Campos, para nuestro aliado Latinoamérica21.

“El hecho de que los candidatos que lideran las encuestas sean de derecha sugiere, en parte, una reacción del electorado frente a los altos niveles de inseguridad, el deterioro institucional y el estancamiento económico (…) Sin embargo, este posicionamiento no necesariamente refleja un giro ideológico estructural del país hacia la derecha. Más bien, responde a un voto pragmático y reactivo, donde los electores buscan respuestas inmediatas a problemas concretos, más que una adhesión consistente a una agenda política definida”, añadió Ruiz.

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Para el analista también fueron llamativos los elevados niveles de voto en blanco e indecisión que anticipaban las encuestas. El panorama “indica que una proporción significativa del electorado aún no se siente representada por las opciones actuales. Esto refuerza la volatilidad del escenario y mantiene abierta la posibilidad de cambios en las preferencias en las semanas previas a la elección”.

Así, todo está por determinar en el camino hacia la segunda vuelta. Las alianzas, la capacidad de captar el voto antiestablecimiento y el rechazo al oponente serán factores determinantes, apunta Ruiz. “Más que una elección programática, es probable que el resultado se defina por dinámicas de rechazo relativo entre opciones”, concluyó.

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