Cientos de soldados y policías buscan por tierra y aire en los estados de Querétaro, México, Hidalgo y Guanajuato a Diego Fernández de Cevallos, uno de los más prominentes e influyentes políticos de las últimas dos décadas, que fue secuestrado por un comando armado. La desaparición del controvertido ex candidato presidencial se produjo en medio de la última oleada de violencia que estremece a los mexicanos.
La peor barbarie de las últimas horas se registró en un bar de Torreón (Coahuila), en donde un grupo de sicarios asesinó a ocho clientes e hirió a otros 18. Más tarde se encontraron cuatro cadáveres decapitados. En Ciudad Juárez, Chihuahua, se produjeron alrededor de otras ocho muertes ligadas al narcotráfico. Una víctima fue decapitada; un menor de edad fue baleado cuando paseaba con su novia.
Las autoridades tienen más dudas que respuestas sobre la desaparición de Fernández de Cevallos, que sigue rodeada por el misterio. Nadie sabe quién, quiénes y por qué lo habrían secuestrado. Nadie conoce qué hay detrás de su captura en su rancho cercano a Querétaro.
No se sabe si fue secuestrado por una banda del crimen organizado; si se lo llevó un grupo guerrillero; si fue víctima de una venganza de particulares (era un abogado que ganaba pleitos millonarios ostentando cargos públicos), si su desaparición tiene fines políticos para desestabilizar al gobierno de Felipe Calderón o si el secuestro puede ser visto como un mensaje de los capos del narcotráfico. Se desconoce si los atacantes contactaron a la familia, si han pedido dinero para liberarlo o si tiene algún sustento la versión de que ya fue asesinado.
La fiscalía dijo que no hay rastros que supongan que Fernández de Cevallos pudiera haber sido víctima de un grupo armado. Aunque las autoridades no hablan de secuestro sino de desaparición, en la camioneta en la que viajaba el político, encontrada en las puertas del rancho, aparecieron manchas de sangre. El vehículo no mostraba ningún impacto de bala.
Aunque ningún grupo criminal se ha adjudicado el asalto, el secuestro de un personaje tan prominente es un hecho sin precedentes en México (en 1994 fueron raptados para cobrar rescate los empresarios Alfredo Harp Helú y Ángel Losada). Si se trataba de desestabilizar al país o de enviar un mensaje intimidatorio al presidente Calderón, los criminales eligieron bien a la víctima.
La desaparición de Fernández pone de relieve el nivel que ha alcanzado la inseguridad en México. Hasta ahora, sólo políticos locales habían sido víctimas de las mafias. Este fin de semana la violencia alcanzó a un privilegiado interlocutor del poder desde los tiempos del presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), ex candidato presidencial del gobernante Partido de Acción Nacional (PAN).
La desaparición del político ocurrió dos días después del asesinato del candidato del PAN a la alcaldía de Valle Hermoso, (Tamaulipas), su hijo y un empleado. Hace una semana, el fiscal general reconoció que el crimen organizado “ha implantado su ley de violencia y muerte en regiones donde la debilidad institucional y la carencia de una estructura moral y solidaria de la sociedad eran ya una problemática profunda y arraigada”.
Poco después de conocerse la desaparición violenta de Fernández de Cevallos, no faltó quien recordara informes del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, según los cuales, los secuestros denunciados en los últimos cuatro años registraron un aumento del 200%.