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Política exterior del gobierno Petro: la forma no fue tan importante como el fondo

Según analistas, si bien causas como la defensa de los derechos humanos eran loables, la falta de diplomacia caracterizó el actuar de este gobierno en materia internacional.

María Alejandra Medina

03 de agosto de 2026 - 05:14 p. m.
Foto: X: @petrogustavo
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Orientaciones adecuadas ejecutadas de formas desacertadas es como algunos analistas resumirían buena parte de la política exterior del gobierno saliente. Por ejemplo, las posiciones en defensa de los derechos humanos en escenarios internacionales son de resaltar, pero las confrontaciones en las que, en nombre de esos principios, con poca diplomacia, se embarcó la administración son muestra de que durante el cuatrienio la forma no importó tanto como el fondo. Ambas cosas, según el excanciller Camilo Reyes, son igual de relevantes cuando de política exterior se trata.

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Hablamos con él, con el excanciller Julio Londoño Paredes y con el profesor de relaciones internacionales Rafael Piñeros, de la Universidad Externado de Colombia, sobre el legado, los aciertos y desaciertos del gobierno de Gustavo Petro en materia internacional, y esto fue lo que nos dijeron.

El legado

Si en algo coinciden todos es que este fue un gobierno que casó peleas. “Desafortunadamente durante toda esta administración se levantó camorra con muchos Estados, incluyendo los Estados Unidos y países limítrofes. Esa situación fue complicada y difícil”, dice Londoño Paredes en referencia a confrontaciones como la sostenida con Donald Trump.

Los desencuentros empezaron muy temprano, días después de la investidura del republicano, cuando el gobierno de Gustavo Petro se negó a recibir un vuelo de colombianos deportados argumentando las condiciones indignas en que eran enviados por el nuevo inquilino de la Casa Blanca, quien fue reelegido con un plan de deportación masiva de migrantes irregulares, militarización de la frontera, entre otros. Todo, de lado y lado, a través de mensajes en X. “Eso no es conveniente: hacer una política exterior con base en discursos improvisados, de mensajes en X, de la utilización del micrófono o del megáfono en un momento determinado”, agrega Londoño.

La situación escaló al punto de que Washington le revocó la visa a Petro luego de que el mandatario colombiano, precisamente con megáfono en mano y en defensa de Palestina, instara a los militares estadounidenses a desobedecer órdenes de Trump, cuyo gobierno, además, lo incluyó en la llamada lista Clinton.

“El interés nacional me parece que ha resultado bastante disminuido”, señala, por su parte, Camilo Reyes. Hace énfasis en los colombianos en zona de frontera. “Tenemos una crisis con el Perú, tenemos una crisis con el Ecuador, tenemos una relación bastante difícil con la misma Venezuela y una relación poco fluida con Panamá”. Eso, explica el excanciller, afecta a las comunidades colombianas “que dependen de tener buena cooperación, concertación, intercambio de información, buen comercio en las zonas de fronteras”.

Piñeros destaca como legado la cumbre de biodiversidad (COP16) en Cali y la puesta en marcha de la política exterior feminista. Si bien sobre la primera hubo un consenso del éxito rotundo que el evento significó para Cali en materia turística y, por tanto, económica y de posicionamiento internacional, también es cierto que la alegría no fue completa, pues la reunión terminó sin resultados concretos en materia de financiación para los propósitos ambientales. Por otro lado, la política exterior feminista evidenció “un compromiso ético con la igualdad de género, la paz, la justicia social, la defensa de los derechos humanos de las mujeres y otros grupos vulnerables y el cuidado, y busca integrar estos elementos al ejercicio internacional, tanto bilateral como multilateral”, en palabras de una de sus principales impulsoras, Arlene Tickner. Ella, al salir del gobierno, también reconoció, no obstante, que la política quedó con muchos retos pendientes, entre ellos, el poder transversalizarlo dentro de la propia Cancillería.

Petro como líder

Uno de los principales objetivos del presidente cuando llegó a Palacio era convertirse en una voz relevante para la región y el mundo, entre otras, promoviendo el multilateralismo. En esto, no obstante, muchos también lo rajan. Como explica Piñeros, al respecto hay una “fractura”: para los simpatizantes del presidente, “Petro es un líder no solo regional, sino mundial. Para otros, incluso una perspectiva crítica no de oposición, Petro tiene pocos resultados”. Se refiere a su talante “más retórico que práctico; fue más confrontacional que conciliador, más denunciante que transformacional”. Incluso con sus principales aliados en el continente, Claudia Sheinbaum y Luiz Inácio Lula da Silva (quienes, por cierto, se han relacionado en mejores términos con Estados Unidos pese a las tensiones), hubo falta de coordinación en temas como el de Venezuela.

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Como sea, Gustavo Petro logró ser una figura visible en el plano internacional. Medios como The New York Times llegaron a destacarlo como el único presidente que desafió a Donald Trump. Para Londoño Paredes, sin embargo, “no es el único gobierno que en un momento determinado se ha enfrentado a los Estados Unidos. El gobierno del Dr. Virgilio Barco, del que yo fui canciller, se enfrentó a los Estados Unidos y en qué forma. Pero se hizo en otras formas: siempre hay maneras de poderlo hacer, para preservar uno su soberanía y sus criterios no hay que ser agresivo en los términos”.

Para Reyes, por otro lado, tampoco se prestó la suficiente atención a la política multilateral, en escenarios como la OEA o la Celac. “Tampoco veo ahí un gran progreso ni claridad en los objetivos. Entonces, lamento decirlo, pero un país que tiene casi 53 millones de habitantes, con unas fronteras muy largas y complejas, no logró gestionar la relación con los otros países para preservar el interés nacional”.

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Aciertos

Petro “se ha movido por todas partes”, dice Londoño Paredes, lo cual puede ser tan positivo como negativo. “Desafortunadamente llevó a que muchos de esos viajes no fueron justificados, no tenían una connotación política importante, pero evidentemente se hizo conocer y se tomaron acciones que destacaron la posición de Colombia en algunos aspectos”.

Una de las principales ideas que el presidente Petro defendió en escenarios internacionales fue el canje de la deuda externa de los países por acciones climáticas. Piñeros destaca también el acercamiento diplomático con África: “Es importante y necesario”. El docente subraya igualmente la creciente presencia del país en el exterior, y particularmente con el número de embajadas, “hoy amenazadas por posibles cierres que anunció la administración entrante”.

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“Colombia, cuando se habla de derechos humanos, tiene una responsabilidad mayúscula porque este país ha tenido durante mucho tiempo un conflicto que nos ha puesto en situaciones muy difíciles”, reflexiona Reyes. “Entonces, nuestras posiciones en los organismos internacionales cuando se refiere a derechos humanos o derecho internacional humanitario tienen un mayor peso específico porque no es un país cualquiera, es un país con una historia particular”. Sin embargo, regresa al asunto de las formas: para él, la posibilidad de concretar el liderazgo en las causas que defendió “se diluye al ignorar las formas, la delicadeza y la claridad en el fondo del propósito”.

Desafíos para el próximo gobierno

Con rencillas vigentes con varios países, los desafíos para el próximo gobierno no son pocos. A la lista se suman varios otros teniendo en cuenta algunas de las estrategias que el presidente electo, Abelardo de la Espriella, ha ido esbozando, como reconsiderar la presencia de Colombia en espacios internacionales o multilaterales. Cerrar embajadas, por ejemplo, “implica un ahorro para el erario, pero también es indispensable tener en cuenta que ciertos organismos internacionales adquieren una importancia especial. Por ejemplo, Naciones Unidas, una embajada ante los 189 países que la conforman. Ningún Estado tiene relaciones con todos los países, pero allí está precisamente la posibilidad de hacer contactos, establecer vínculos, acuerdos, etcétera”, dice Londoño.

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Para Reyes, es necesario que las acciones del nuevo gobierno “dejen muy claro que Colombia es respetuosa de los principios generales del derecho internacional, de los procedimientos y las formas con que se deben manejar las relaciones internacionales. Ojalá seamos capaces de volver a ser líderes en la preservación de la institucionalidad que a través de décadas los países han construido para manejar sus relaciones exteriores. Desdeñar de esa estructura es un error muy grande”.

Lo principal, en el caso de Piñeros, es “encontrar un equilibrio. Colombia requiere una mejor y más acertada inserción internacional, ampliar el número de personas de carrera diplomática en planta externa, disminuir el abuso de nombramientos a discreción, modernizar el servicio exterior con el propósito que tenga mejores herramientas de atención al ciudadano, a las necesidades de los empresarios y del sector privado y plantear objetivos más ambiciosos en escenarios regionales”. Menciona también el rol protagónico que Colombia debe cumplir en la transición en Venezuela, tanto en lo político como en lo económico. En relación con este asunto, distintos analistas han llamado la atención sobre la poca o nula relevancia que la actual administración dio a la regularización e integración de los tres millones de venezolanos que residen en el país, una necesidad que sigue pendiente.

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