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La política exterior no ha sido un tema muy relevante en las posturas de las dos candidaturas que hoy luchan por la presidencia colombiana. Y cuando han existido, parecen expresar más unas ideas básicas que un programa de gobierno.
Con las propuestas de la campaña de Iván Cepeda y Aida Quilcué, podría pensarse en una continuación de las grandes tendencias en la política exterior del presidente Gustavo Petro. Además, existe un documento programático, elaborado por el Pacto Histórico el mes anterior, que muestra algunas propuestas y una aproximación general al tema. En el caso de la campaña de Abelardo de la Espriella (ADE) y José Manuel Restrepo, lo que de momento se encuentra son declaraciones en diversos foros y referencias a que la política exterior será manejada por el vicepresidente y por su canciller (incluso, podrían ser la misma persona). Esta es una primera diferencia en las dos campañas.
En cuanto a la aproximación general al relacionamiento externo colombiano, existen varias diferencias importantes. La primera, la tendencia a enfatizar, en el caso de Cepeda-Quilcué, en temas como paz, justicia económica, género, transición ecológica, sociedad civil y diplomacia multilateral. Mientras que en el caso de ADE-Restrepo, se plantea un énfasis fuerte en seguridad, competitividad económica, asuntos comerciales y el mejoramiento de los instrumentos del ejercicio de la política exterior.
También hay que hablar de los temas regionales, incluyendo las posibilidades de integración. En parte por razones del contexto internacional y en parte por motivos de política interna, en el último cuatrienio no se ha registrado un solo avance en la integración andina, la Alianza Pacifico o en las relaciones bilaterales con los vecinos; incluso espacios como la Celac se restringieron a diálogos diplomáticos habituales con otros actores mundiales, sin un valor agregado importante.
Las referencias al diálogo sur-sur aparecen varias veces en la propuesta de Cepeda-Quilcué. Al parecer, la posición de ADE-Restrepo sería diferente, por lo menos en sus comienzos. En efecto, hacen énfasis en la regularización y profundización de la relación con Estados Unidos en varios temas estratégicos que tienen una carga fuerte en seguridad en el sentido tradicional. Seguramente ese punto de vista parte de un diagnóstico que es también diferente en cada campaña.
Para Cepeda-Quilcué y su equipo, existen relaciones entre asuntos como paz y conflicto, drogas, tenencia de la tierra y asuntos sociales. Sin decirlo, parecería que el eje podría ser la llamada “Paz Total”, sustentada sobre una base: lo central de los diálogos políticos con todos los factores de poder en las regiones del país, con independencia de si parecen primar las consideraciones políticas o las económicas en los diversos grupos dominantes. Una mezcla entre una forma de pragmatismo y la llamada “seguridad humana”.
Pero para el equipo ADE-Restrepo y su asociación multipartidaria, la “Paz Total” habría contribuido a desvertebrar el país, dando primacía a formas de poder armado local y las microempresas de la delincuencia. Su visión de la seguridad es más tradicional. Teniendo en cuenta las dificultades nacionales en lo económico, plantean la conveniencia de una especie de “Plan Colombia 2”. Ahora, se trataría de incluir a la Unión Europea, y no solo a EE. UU., y tendría un componente adicional: la importancia central de la tecnología. Es de suponerse que varios temas relacionados con las TIC se incorporarían a los territorios por esta vía.
Adicionalmente, los tribunales internacionales en materias como derechos humanos serían muy importantes para la campaña Cepeda-Quilcué, mientras que su minimización e incluso la salida de Colombia de ellos sería una posibilidad en el caso de ADE-Restrepo.
Un factor indirecto es de la mayor importancia: la campaña de ADE-Restrepo insiste (al igual que algunos sectores de centro) en la defensa a rajatabla de la Constitución del 91, que fue fruto de un acuerdo político nacional entre liberales, conservadores y el M-19. La Constitución establece que la prioridad principal del país en lo internacional debe ser la integración y concertación con América Latina y el Caribe. Ese es un tema que ha estado ausente de varios gobiernos colombianos (que por ende han estado violando la Constitución, o por lo menos no cumpliéndola).
Viendo la ausencia de realizaciones en ese terreno durante los últimos cuatro años y el poco entusiasmo de una de las candidaturas con la Constitución vigente, podría pensarse que para la campaña de ADE-Restrepo los temas de integración y concertación pueden ser importantes. Más por el lado de la asociación de economías abiertas al mundo, pero puede haber espacios ahora para integración de algún tipo entre varios países de la región.
Finalmente, la propuesta de ADE-Restrepo consagra la importancia central de la política exterior apoyando e impulsando la creación de empresas, la capacidad exportadora del país (con industrialización y valor agregado), y la recuperación de las capacidades profesionales y el conocimiento de los asuntos de la política exterior: noticia de interés en pro de una Cancillería modernizada, con actualización y formación importante en economía, así como en ciencia y tecnología, y con una visión consular que promueva, como en el caso mexicano, la economía nacional en el mundo.
Existen también diferencias profundas en el ámbito de las drogas y asuntos conexos, y un tema común: el principio de corresponsabilidad debería profundizarse. Por otra parte, hay diferencias en la visión de algunos de los conflictos del Medio Oriente. Pero podría existir un acuerdo posible en una mayor asociación con países intermedios del mundo que no afecte las relaciones con EE. UU. o el impulso a “políticas de autonomía relacional”, según el caso. Naturalmente, un tema de fondo estará en el horizonte: el énfasis en “inserción y “competitividad”, por un lado; o en “autonomía” por el otro. Si lo que se quiere es asegurar un mayor margen de maniobra del país, y una mejor inserción de Colombia, su gente y sus productos en el mundo, el tema no es tan contradictorio pese a las diferencias de procedimiento.
* Ph. D. y exviceministro de Relaciones Exteriores.
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