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Popularidad de Lula dará otra vez las cartas en la segunda vuelta

El primer lugar obtenido por Rousseff es, sobre todo, un triunfo de Lula.

EFE

03 de octubre de 2010 - 05:49 p. m.
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El resultado de las elecciones presidenciales del domingo en Brasil pondrá de nuevo a prueba la alta popularidad de Luiz Inácio Lula da Silva en una segunda vuelta a la que su apadrinada acudirá como clara favorita y la oposición en busca de una remontada épica.

Lula, que tiene una popularidad cercana al 80 por ciento, se empeñó a fondo para tratar de que Dilma Rousseff, escogida por él a dedo como abanderada del Partido de los Trabajadores (PT), fuese elegida en la primera vuelta, pero la candidata, aunque fue la más votada, con el 46,79 por ciento, no obtuvo la mayoría absoluta requerida.

Su rival, José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), recibió el 32,66 por ciento y tendrá que buscar alianzas con Marina Silva, del Partido Verde (PV), tercera en la disputa con un atractivo 19,4 por ciento que la puede convertir en el fiel de la balanza.

El primer lugar obtenido por Rousseff es, sobre todo, un triunfo de Lula.

El presidente no sólo la impuso dentro del PT sino que la presentó ante el electorado como la "madre" de su millonario programa de obras de infraestructura, la acompañó a todos los mítines que pudo y apareció tanto como ella en la propaganda electoral en radio y televisión para ayudarle a sumar votos.

Con la alta popularidad de Lula soplando a su favor, principalmente entre las clases baja y media por sus progresos económicos, y la maquinaria oficial a su disposición, Rousseff pasó de ser una desconocida para la mayoría del electorado al rostro de la continuidad del Gobierno de Lula y esa será nuevamente su baza en la vuelta decisiva, el 31 de octubre.

El hecho de que la definición de la presidencia se aplace cuatro semanas puede ser una pequeña victoria de la oposición, pero los analistas coinciden en que, a la luz de las encuestas, se repetirá la historia de 2002 y 2006, en las que los candidatos del PSDB no pudieron recortar la ventaja que les tomó entonces Lula.

"Los electores votaron por la continuidad del Gobierno. No es sólo porque Lula haya pedido el voto (por Rousseff), es porque ven en ella al representante de un Gobierno que tiene aprobación popular por el bienestar económico y financiero de la población", dijo el analista político Alberto Carlos Almeida, director del Instituto Análise y de Ipsos Public Affairs.

Los datos oficiales que indican que en los ocho años del Gobierno de Lula 28 millones de brasileños salieron de la miseria y otros 30 millones escalaron de la clase baja a la media, lo cual explica la popularidad del presidente y el apoyo a Rousseff de un electorado indiferente a los escándalos de corrupción y excesos del Gobierno.

Según Almeida, autor del libro "La cabeza del elector", en las presidenciales un 30 por ciento del electorado suele votar por el PT y otro 30 por ciento no vota de ninguna manera por ese partido, con lo cual la definición queda en manos de un 40 por ciento de indecisos que a la hora de escoger su candidato lo hacen "con la cabeza en el bolsillo", es decir, según como esté su situación económica.

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Una opinión similar tiene la analista política María do Socorro Souza Braga, profesora de la Universidad Federal de San Carlos, quien explica que los brasileños han votado, más que por una candidata, por la continuidad de una propuesta de Gobierno que comenzó en 2002 cuando Lula fue elegido presidente por primera vez.

"La gran mayoría del electorado se siente beneficiado por un conjunto de políticas económicas y sociales que han permitido una mejor distribución de la renta y más acceso al crédito, especialmente en los últimos cuatro años", señala Souza Braga.

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Los especialistas apuntan que ese escenario favorable a Rousseff difícilmente cambiará en la segunda vuelta, principalmente porque Serra y la oposición en general no se preocuparon en los últimos años por ofrecer al electorado alternativas a los programas económicos y sociales de Lula, cuya arrolladora personalidad ocupa el escenario político nacional.

"El PSDB no ha sabido organizar sus banderas para mostrar al electorado propuestas consistentes, como darle valor a lo que hizo el Gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1995-2003)", del cual Serra fue ministro y dio a la economía nacional una estabilidad que Lula continuó, señaló Souza Braga.

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Por lo general, los candidatos que pasan en segundo lugar a la vuelta decisiva suelen decir que se trata de "otra elección", que todo comienza de nuevo, pero el propio Serra ya constató hace ocho años que, como se dice en el mundo del boxeo, "el que pega primero pega dos veces".

Por EFE

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