Que desde el gobierno de Gustavo Petro están coordinando ataques en el norte de Ecuador, en la frontera con Nariño, escribió en X el presidente Daniel Noboa el miércoles pasado. Petro, a su vez, le respondió citándolo en la frontera para hablar y diciéndole que “deje de creer mentiras”. A esto, Noboa volvió a atacar diciendo: “dedíquese a mejorar la vida de su gente”. Esto ocurrió en un solo día, pero ha sido el tono de la relación bilateral entre Ecuador y Colombia desde los últimos meses de 2025 y, por cómo están las cosas, podemos anticipar que será así por lo menos durante los pocos más de tres meses que le quedan al colombiano en la Casa de Nariño.
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Petro ha sabido encontrar con quién casar enfrentamientos tuiteros, y Noboa, completamente opuesto a él ideológicamente, ha asumido el mismo terreno de confrontación, mostrando una vez más que, mientras sea presidente, alineará a su país con los intereses de Estados Unidos en la región. Petro busca lo contrario, como se vio en la reciente cumbre progresista en Madrid, donde se mostró con otros líderes como Claudia Sheinbaum, de México, y Lula da Silva, de Brasil. Son dos visiones políticas totalmente incompatibles, obligadas a coexistir a lo largo de los 580 kilómetros de frontera, un territorio que probablemente sea el que más sufra las consecuencias de los enfrentamientos diplomáticos y económicos. Cabe recordar que han llegado a imponer aranceles recíprocos de hasta el 100 % a productos del país contrario, una guerra comercial iniciada por el gobierno de Noboa.
Si esto no va a cambiar en un futuro cercano, por lo menos vale la pena echarle una mirada a los réditos que pueden salir de este constante enfrentamiento, al menos desde el lado ecuatoriano. Noboa, al tiempo que se enfrenta a Petro, sortea una crisis incesante que lo ha acompañado desde que asumió en 2023: la crisis de seguridad y la declarada guerra contra las pandillas. Ecuavisa, citando cifras de la Policía Nacional de Ecuador, revela que en el primer trimestre de 2026 habrían ocurrido 1.857 asesinatos, un promedio de 24 al día: un muerto menos que en el mismo periodo de 2025.
Para Manuel Camilo González, analista y docente de la Universidad Javeriana, lo que puede buscar Noboa con este enfrentamiento es desviar la atención de un manejo de la crisis de violencia que, por lo visto, no es eficaz. “Las cifras de violencia y las tasas de homicidio van en alza. Y, si se me permitiera ahondar un poco más en esto, creo que incluso el proteccionismo, de alguna forma, lo que hace es tratar de blindar a ciertas empresas e industrias cercanas al gobierno y que, por este clima de inseguridad que detiene mucho la inversión, trata de compensar ese apoyo a las grandes empresas que podrían verse afectadas”, analiza.
También introduce un elemento que, al volver momentáneamente al centro de la confrontación, tiene efectos directos en la seguridad. Con los embajadores de ambos países llamados a consultas, sin mesas técnicas binacionales y con los canales diplomáticos prácticamente congelados, la cooperación en seguridad queda aún más limitada. Días atrás, Javier Flórez, director de la ONG Ideas para la Paz, describió a este diario la zona como una “frontera porosa” donde operan distintos grupos al margen de la ley: desde disidencias de las Farc en el lado colombiano, hasta pandillas en Ecuador y estructuras subcontratadas por carteles mexicanos con presencia en esa franja. Todos coexisten en territorios binacionales y representan un riesgo sostenido para la seguridad.
Esto, sumado a que el comercio, especialmente en las poblaciones fronterizas, se ve fuertemente golpeado por las medidas arancelarias. En general, el impacto económico da para un análisis aparte. Lo cierto es que, con todo este panorama, muy probablemente no sea rentable en términos de seguridad, pero aquí es donde surge otra hipótesis que vale la pena desarrollar, especialmente tras el último roce con el que abrimos este artículo.
Noboa dijo que desde Bogotá se estarían orquestando ataques de grupos terroristas colombianos. Leído de otra forma ¿puede decirse que insinúa que la violencia se importa desde Colombia? Así lo ve Juan Federico Pino, docente de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso): “(Noboa) apela a que es una crisis importada desde Colombia y que hay una situación que va más allá del control del gobierno, en parte como una conspiración desde Colombia. Por eso no es extraño que ayer dijera que Petro mandó guerrilleros a desestabilizar la frontera”. Petro, al tiempo, hace lo mismo al insinuar que los explosivos del ataque de la semana anterior en el Cauca fueron traídos de Ecuador, una tesis sin mucho fundamento.
Es probable que esta narrativa le sirva a Noboa para terminar de construir una base electoral, recordando que apareció en el panorama político en Ecuador en 2023 como un “outsider” proveniente del empresariado. Ahora bien, Pino también resalta que, considerando que en Ecuador hay elecciones seccionales (prefectos, viceprefectos y alcaldes, entre otros cargos), las encuestas muestran que esto tampoco le está funcionando a Noboa. Imasen, encuestadora peruana, reveló un estudio la semana anterior que indica que más del 60 % de los ecuatorianos cree que el país no va por buen camino y que el presidente cuenta con un 37,8 % de aprobación frente a un 56 % de desaprobación.
Ni en clave electoral ni en términos de seguridad parece ser una apuesta correcta que Daniel Noboa confronte a Gustavo Petro, que ya demostró que está dispuesto a corresponderle. Claro, a Colombia tampoco le conviene, pero en el caso de Noboa tal vez lo único que termine logrando es alinear a Ecuador con Estados Unidos y servir como puerta de entrada para Washington en la región. Hasta ahora, la confrontación le ha servido para ordenar el relato político, pero no ha mostrado resultados para solucionar la realidad que tiene delante.
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