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Reconciliación de Hillary Clinton con el hemisferio

La visita de la Secretaria de Estado de EE.UU. a Ecuador revela la importancia de ese país para Washington. Con Colombia, los asuntos son más protocolarios.

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Arlene Tickner
08 de junio de 2010 - 11:05 p. m.
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Hace poco más de un año, en la reunión de la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, el presidente Barack Obama prometió un “nuevo capítulo” de interacción con América Latina y el Caribe, basado en el respeto mutuo, los intereses compartidos y la asociación (partnership) en condiciones de igualdad.  Sin embargo, es relativamente poco lo que tiene que mostrar en cuanto a avances concretos. 

En el tema de Cuba —su “prueba de fuego”—, aunque fueron suavizadas las reglas sobre viajes y el envío de dinero a la isla, la política de Obama ha evidenciado más continuidad que cambio, sobre todo por el condicionamiento de una mayor apertura hacia el gobierno de Raúl Castro a mejorías en la situación de derechos humanos y la democratización.

Frente a la inmigración, el presidente estadounidense no sólo no ha presentado una reforma a la ley existente, la cual identificó como una de sus prioridades al ser elegido, sino que la legislación antiinmigrantes que se aprobó hace poco en Arizona podría considerarse un revés en esta materia. La situación no mejora en comercio, en donde los TLC con Colombia y Panamá siguen estancados en el Congreso, a pesar de la solicitud expresa por parte de la Casa Blanca de que éstos sean ratificados. 

Además de lo que puede percibirse como un estancamiento en el dinamismo inicial que prometía el gobierno Obama hacia el hemisferio, el manejo de la crisis en Honduras, la negociación del uso de las bases militares colombianas e, incluso, la intervención humanitaria en Haití luego del terremoto han sido interpretados por algunos como “más de lo mismo” en cuanto a las actitudes intervencionistas y paternales que han caracterizado históricamente la política exterior estadounidense.  

No obstante, el hecho de que entre el 6 y el 10 de junio la secretaria de Estado, Hillary Clinton, realice su séptimo viaje oficial a América Latina y el Caribe desde que se posesionó en el cargo sugiere que la región no es del todo irrelevante para Washington. Al final de esta gira, Clinton habrá estado en Perú, Ecuador, Colombia y Barbados, y habrá participado en la Asamblea General de la OEA y en una reunión del Caricom.  Además de los lugares y foros visitados, que pueden ser dicientes por sí mismos, los temas a tratar también evidencian la creciente necesidad que tiene Estados Unidos de acudir a esquemas de cooperación para defender sus intereses hemisféricos.

De Honduras a Irán

Si bien el discurso de Clinton ante la Asamblea General en Lima giró en torno a la importancia de reformar la OEA con el fin de fortalecer su mandato principal —el fortalecimiento de la institucionalidad democrática— el tema que estuvo en boca de todos sin haber hecho parte de la agenda formal fue Honduras.

Al tiempo que la Secretaría de Estado hizo un llamado para que ese país fuera incorporado de vuelta a la comunidad interamericana —posición que comparten Canadá, la Unión Europea, Colombia, Perú, República Dominicana y la mayoría de Centroamérica— el resto de la región siguió insistiendo en que una exigencia mínima de readmisión a la OEA es el regreso de Manuel Zelaya del exilio y la adopción por parte del gobierno de Porfirio Lobo de garantías adicionales para reestablecer la democracia y el respeto por los derechos fundamentales. 

El otro asunto de interés estadounidense en la reunión de Lima —la búsqueda de apoyo para la propuesta de aplicar sanciones a Irán por su programa nuclear— es sugestivo del grado en el cual muchas de las políticas mundiales de Estados Unidos también exigen negociar y crear alianzas con poderes regionales, sobre todo Brasil, y en menor medida México, ambos miembros actuales del Consejo de Seguridad de la ONU. 

La verdadera “bomba” de la gira de Clinton fue su paso por Ecuador. Las reiteradas críticas hechas por Rafael Correa a Estados Unidos y la oposición de algunos grupos empresariales estadounidenses a su gobierno —en mayo, por ejemplo, Chevron-Texaco pidió al Congreso negarle al Ecuador las preferencias arancelarias contempladas en el ATPDEA— no hacen al vecino un candidato obvio para recibir una visita de tan alto nivel, con excepción del hecho de que Correa también preside Unasur.  Sin embargo, el mensaje no podría ser más claro.

La Casa Blanca considera que la relación bilateral con Ecuador puede y debe salvarse, actitud que ha sido correspondida por Quito, que está interesado en mantener sus preferencias arancelarias, así como avanzar en temas como la migración.

Algo similar a lo que está ocurriendo con Bolivia, donde estuvo la semana pasada el secretario adjunto del Departamento de Estado para el Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela, negociando un acuerdo marco para normalizar también la situación con ese país.  Con ello, Estados Unidos busca establecer una distinción clara entre estos países, con los cuales considera que es posible tener una relación funcional, y el gobierno Chávez, tal y como ha hecho con otras naciones cercanas a Venezuela.

Más forma que fondo

El paso por Colombia, al menos en lo que respecta al gobierno saliente de Álvaro Uribe, es más protocolario que sustantivo.  Mal mensaje hubiera enviado Washington si Hillary Clinton visitara Lima, y más aún Quito, y no Bogotá.  Pero al mismo tiempo, da la sensación de que poco queda por discutir con el actual ocupante de la Casa de Nariño, y que el gobierno estadounidense simplemente aguarda su salida del poder.

Así, más allá de las declaraciones de rigor sobre la importancia de Colombia como aliado de los Estados Unidos, no hay que esperar mucho más de esta visita.  En cambio, los encuentros con Juan Manuel Santos y Antanas Mockus tendrán el propósito de comunicar el interés de seguir trabajando con el nuevo Presidente de Colombia, pero no sin condiciones.

Uno de los principales mensajes que viene transmitiéndose desde Washington y que seguramente será comunicado en privado por la Secretaria de Estado, es que en la “guerra” contra las drogas y el terrorismo —término que Obama ha abandonado paulatinamente— no todo vale.  Y, sobre todo, en Colombia no valen la impunidad, los falsos positivos, las chuzadas ni otros escándalos que han acompañado la política de seguridad democrática. 

Finalmente, en Barbados, Clinton dará continuidad a la Iniciativa de Seguridad de la Cuenca del Caribe, inaugurada hace poco por los miembros de Caricom, República Dominicana, y varios otros países no caribeños (sin Cuba), con el fin de combatir el crimen organizado y la violencia.  Éstos se han trasladado a la zona —como atestigua el alarmante caso de Jamaica— como producto del “efecto globo”, causado, entre otros, por el Plan Colombia y el Plan Mérida. 

El ascenso de Brasil como potencia regional, el papel de Venezuela, la presencia económica de China y el aumento en las relaciones latinoamericanas con países extrahemisféricos, como Irán y Rusia, son tan sólo algunos factores que permiten hablar de una reconfiguración de las relaciones de poder en el hemisferio.  Reconfiguración en la cual Estados Unidos debe acudir al partnership con el resto de la región  —como lo atestigua esta gira de Hillary Clinton—  no sólo porque ya no puede actuar unilateralmente, sino porque el carácter transfronterizo de los principales problemas del hemisferio, que también son los suyos, lo exige.

La agenda de Hillary Clinton en Colombia

La Secretaria de Estado llegó este martes en la noche a Bogotá pero su agenda oficial comienza este miércoles a las 9 de la mañana con una visita a la Fundación Escuela Taller de Bogotá, un proyecto apoyado por el gobierno de Estados Unidos.

Luego, la Secretaria de Estado se entrevistará en un hotel del norte de la capital con los dos aspirantes a la Presidencia de Colombia. Primero se reunirá con el ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos y, luego, en el mismo lugar, lo hará con el ex alcalde de Bogotá Antanas Mockus.

Sobre el medio día, Clinton llegará a la Casa de Nariño en donde sostendrá un encuentro privado con el presidente Álvaro Uribe y luego firmará un acuerdo entre los dos países. A este evento asistirán los embajadores de  Colombia en Estados Unidos, Carolina Barco, y el estadounidense en Bogotá, William Brownfield además de los ministros colombianos de Relaciones Exteriores, Jaime Bermúdez, y de Defensa, Gabriel Silva.

A las 2:00 p.m. en el Salón Bolívar de la Casa de Nariño la Presidencia ofrecerá un almuerzo en homenaje a la señora Clinton. Antes de partir hacia Washington, el canciller colombiano y la Secretaria de Estado ofrecerán una rueda de prensa.

Por Arlene Tickner

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