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“Recordemos que Trump no es republicano”: Otto Reich

Habla Otto Reich, exsubsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos y representante del sector tradicional de los republicanos en Estados Unidos.

Daniel Salgar Antolínez
02 de marzo de 2016 - 04:31 a. m.

El cubano-americano Otto Reich fue embajador de Estados Unidos en Venezuela y subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos durante el gobierno de George W. Bush. Representa al sector conservador del Partido Republicano. Un sector que, como dice Reich en esta entrevista, se opone tajantemente a la candidatura del magnate Donald Trump, quien paradójicamente aspira a la nominación republicana. Según Reich, una victoria de Trump podría afectar seriamente a su partido.

¿Cómo explican desde el sector tradicional del Partido Republicano el fenómeno de Donald Trump?

Es un fenómeno inesperado. Se debe a muchas cosas. Hay expertos en política en Estados Unidos que todos los días escriben columnas, algunas muy inteligentes, tratando de descifrar qué significa esta popularidad de Trump. En la opinión de la mayoría de personas pensantes, sería muy malo para el país tener a alguien tan irresponsable como presidente. Desde el punto de vista del Partido Republicano, Trump tiene la capacidad de destruir el partido o por lo menos dañarlo por varios años. Por eso, la mayoría del partido se opone a él.

Una gran cantidad de público estadounidense, no sólo los republicanos sino personas de las clases trabajadoras, económicas y sociales más afectadas por las políticas de Obama, no creen ya en los partidos tradicionales. Están buscando un líder diferente que, en este caso, parece ser alguien como los demagogos que han surgido en Europa o América Latina, los cuales, por suerte, no habían aparecido en Estados Unidos.

¿Cómo explicar al ciudadano común que en el interior del Partido Republicano hay un rechazo a Trump, pero al mismo tiempo él es el favorito a la nominación republicana?

Recordemos que Trump no es republicano. En este país, cualquiera se puede presentar a las primarias de un partido. Trump no había estado antes registrado como republicano. Es más, se opuso públicamente a las políticas del presidente Bush. Ha contribuido con muchísimo dinero a las campañas de muchos líderes demócratas, incluyendo a Hillary Clinton, a quien le ha dado miles y miles de dólares. Él le da dinero a todo el mundo pensando que eso le da acceso, aunque no es así. Precisamente porque no le dio el acceso que él pensaba se convirtió en enemigo de los partidos. Trump no es un republicano de tradición ni de pensamiento, no es un conservador, tiene ideas que no son reconocibles ni en el Partido Republicano ni en el Demócrata. Tiene unas ideas muy raras y un historial muy cuestionable en temas de negocios. Desafortunadamente, ha aprovechado el malestar dentro del electorado estadounidense. Y puede ganar las elecciones.

Y si gana, ¿qué pasaría en el Partido Republicano?

Es una pregunta hipotética. Creo que existe una alta probabilidad de que el Partido Republicano se divida temporalmente. Es posible también que simplemente no lo apoye. Ya se ve que Trump no tiene apoyo financiero. Está gastando solamente su plata. Dice que no necesita dinero, y es verdad, porque tiene mucho. Pero lo cierto es que los donantes republicanos, grandes y pequeños, no lo apoyan. En una campaña nacional, en contra del Partido Demócrata, que tiene muchos recursos y el apoyo de la prensa y de los sindicatos laborales, el candidato republicano va a necesitar mucha plata. Y Trump va a tener que gastar mil millones de dólares de su bolsillo. Eso fue lo que costó la campaña de Obama en 2008 y 2012. Trump está dispuesto a gastarlo y es muy posible que lo haga. Va a cumplir 70 años, no tiene manera de gastar todo lo que tiene. Para él, esto es un ejercicio de ego. Piensa que es el mesías. En eso se parece mucho a Obama. De hecho, mucha gente dice que Trump es la reacción a la conducta de Obama de haber roto la Constitución y haber gobernado a través de órdenes ejecutivas, en lugar de convencer al Congreso.

Por las declaraciones que Trump ha dado con respecto a latinos y musulmanes, ha sido calificado como xenófobo y antiinmigrante. ¿Lo ven así desde el sector tradicional republicano?

Por supuesto. De hecho, los republicanos han sido mucho más duros con Trump que los demócratas, que están calladitos, porque estarían encantados de que Trump ganara la nominación, pues eso le daría más chance al candidato demócrata. Pero los republicanos todos los días castigan fuertemente a Trump como un demagogo, racista y xenófobo, mucho más que los demócratas.

Vimos con sorpresa que Jeb Bush retiró su candidatura. Ahora Marco Rubio aparece como el que podría detener el avance de Trump. ¿Cómo lo ven ustedes?

De la misma manera. Esta campaña es única en la historia política de EE. UU., por lo menos en los últimos 100 o 150 años. Hay que regresar al siglo XIX para ver una campaña como esta, en la que sale una persona sin experiencia, sin lealtad a un partido. Precisamente, la campaña de Jeb Bush nunca despegó porque se le vio como un candidato demasiado tradicional y, aunque es una gran persona y fue excelente gobernador del tercer estado más grande del país, eso no es lo que aparentemente está buscando una gran parte del electorado en las primarias. Buscan otro tipo de líder y ahora los únicos dos candidatos que pueden parar a Trump, aunque se les está acabando el tiempo, son Marco Rubio y Ted Cruz.

Algunos dicen que el voto latino es sobre todo demócrata. Pero hemos visto un fenómeno extraño de latinos apoyando a Donald Trump. ¿Cómo explicar esta rareza?

Observemos lo ocurrido en Nevada. De los latinos que votaron en la primaria, 46%, casi la mitad, votaron por Trump. Fueron muchos más de los que votaron por los dos latinos candidatos, que son Cruz y Rubio. A medida que los latinos se convierten en ciudadanos estadounidenses y se aclimatan o se aculturan, votan como el resto del país. Eso ha ocurrido en todos los grupos étnicos que se han asimilado a la cultura estadounidense. Eso explica por qué Trump obtuvo esos votos. La gente dice que fue un grupo pequeño, pero no importa. El 9% de los votantes de Nevada fueron hispanos, eso es muy parecido al nivel de votación de los hispanos en las elecciones nacionales, que es entre 9% y 11%. Dentro de ese 9%, 46% votó por Trump. Eso podría funcionar como una muestra enorme de una encuesta. En EE. UU., las encuestas a nivel nacional se hacen como por 1.200 personas, en un país de 300 millones de habitantes. Es decir, si votaron 9.000 hispanos en Nevada, eso constituye una muestra enorme y tiene un significado.

En una eventual contienda entre Hillary Clinton y Donald Trump, en debates sustanciales después del “show” mediático de las primarias, ¿cree que Trump mantendrá su popularidad?

Lo que yo crea no tiene importancia. Hace seis meses, yo hubiera dicho que no había manera de que Trump llegara a este nivel de apoyo. El fenómeno es que no importa la barbaridad que diga —y ha dicho muchas—, no pierde popularidad. Al contrario, mientras más extraño y loco sea su argumento, más gana. Por eso es que la persona que diga hoy quién va a ganar en noviembre está tratando de adivinar, porque nadie sabe. Puede ganar Trump o perder enormemente. Esto último es lo que teme el Partido Republicano. Más de la mitad de los senadores federales son republicanos y casi dos terceras partes de los gobernadores también. De estos, solamente un senador y un gobernador han salido a apoyar a Trump. Todos los demás apoyan a otros candidatos, porque le tienen pánico a una victoria de Trump, porque puede destruir el Partido Republicano.

Por Daniel Salgar Antolínez

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