18 Jun 2021 - 11:00 a. m.

Ser refugiado ya era difícil, y la pandemia lo empeoró todo

La situación de los refugiados en el mundo se agravó por el COVID-19. Organizaciones aseguran que es necesario buscar más ayuda para darles las oportunidades que se merecen.
Nicolás Marín

Nicolás Marín

Periodista

La Organización de Naciones Unidas asegura que cada minuto 24 personas lo dejan todo para huir de la guerra, la persecución, un desastre natural o la violencia. Sí, la crisis de las personas que son desplazadas a la fuerza en todo el mundo es cada vez peor no solo por el flujo creciente, sino por la falta de recursos para atenderla. Solo el año pasado se llegó a más de 80 millones de personas desplazadas a la fuerza a escala global, concentradas en solo cinco países: Venezuela, Siria, Afganistán, Sudán del Sur y Myanmar. Este 20 de junio es el Día del Refugiado, y por eso vale la pena repasar cómo está el panorama con la pandemia de por medio y las posibles soluciones que hay a la vista, mucho más cuando en Colombia la migración venezolana ha cobrado un rol crucial para el desarrollo del país.

Actualmente en el mundo hay 26,3 millones de personas refugiadas y 4,2 solicitantes de asilo. Además, de 2013 a 2019, las cifras de peticiones de asilo en Venezuela, Nicaragua y los países del norte de Centroamérica pasaron de 2.000 al año a 2.000 a la semana, según afirmó en su momento el representante de Acnur en México, Mark Manly.

En Colombia la situación no es tan diferente, de hecho, del poco más de 1,7 millones de migrantes venezolanos, solo el 1 %, es decir, menos de 20.000, ha solicitado el reconocimiento de refugiado. Esto se debe a que la figura del refugio tiene vacíos jurídicos sobre los derechos que cobijan a los solicitantes, como la falta de un documento válido para obtener un empleo, abrir una cuenta bancaria o conseguir un diploma.

La diferencia entre migrante y refugiado es clave para saber diferenciar a ambas poblaciones. Según la Acnur, un migrante es una persona que sale del lugar en el que vive para buscar mayores oportunidades laborales. “En ocasiones, provienen de países en pobreza extrema y pueden llegar a jugarse la vida para entrar en un país con el fin de trabajar”, señala el organismo. En cambio un refugiado es alguien que huye de conflictos armados, violencia o persecución étnica, religiosa, de género o por orientación sexual, y por ello se ve obligado a cruzar la frontera de su país para buscar seguridad.

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A Colombia, donde hay más de 1,7 millones de migrantes venezolanos que pretenden quedarse en el país, hay que sumarle el proceso del Permiso de Protección Temporal anunciado este año por el presidente Iván Duque. Las personas pueden aplicar a él sin perder el proceso de solicitud de refugio, sin embargo, en caso de que se acepten los dos, la persona tendrá que escoger entre uno u otro. “Tener que escoger entre ambas pone a quienes están solicitando la protección del Estado colombiano en una difícil situación dadas las deficiencias del sistema de refugio, como la falta de un límite temporal para que el Estado tome la decisión sobre una solicitud y la ambigüedad sobre si los solicitantes de refugio están o no autorizados para trabaja”, aseguró Lucía Ramírez, de Dejusticia.

Además, afirmó que ante esta incertidumbre las personas pueden verse obligadas a renunciar a su solicitud de refugio y, por lo tanto, a los derechos que implica este reconocimiento. “Aunque el Estatuto Temporal es una medida que marca una nueva etapa en la respuesta de Colombia a la migración, sigue teniendo vacíos importantes que son urgentes de abordar y que se profundizan con la coyuntura”, dijo.

La pesadilla de salir huyendo del hogar, sin embargo, es igual para cualquier persona. Sobre este tema, el médico psiquiatra Hernán Santacruz aseguró a este diario que “los migrantes de primera generación están embebidos en la lucha por la vida, en aprender el idioma, en sobrevivir en la nueva cultura; cosa que en general consiguen. La segunda generación -es decir, los que ya han nacido ahí- crecen en la dualidad de una cultura en casa y una afuera, en conflicto por la inevitable presión de los padres, que quieren retenerlos en las costumbres de origen”.

Hugh Aprile, director de país de Mercy Corps, explicó los proyectos que se han venido adelantando para ayudar a la población venezolana: “Estos últimos meses seguimos enfrentándonos a la pandemia, el contexto que vive Colombia y nuestro trabajo cobra mayor sentido cada día. Me llena de felicidad compartirles que gracias al programa VenEsperanza ya son más de 225.000 personas que no solo han podido cubrir sus necesidades básicas, sino también descubrir que hay esperanza de un futuro diferente”.

El programa VenEsperanza, financiado por USAID e implementado por el Comité Internacional de Rescate (IRC), Mercy Corps, Save the Children y World Vision ha entregado más de 10.000 kits de higiene y 40.000 servicios complementarios de nutrición a migrantes venezolanos y comunidades de acogida durante la pandemia. Y ha apoyado a 225.000 personas vulnerables con asistencia humanitaria multipropósito, entregando directamente más de US$25,4 millones. La meta para este año es apoyar a 250.000 personas.

Ahora bien, actualmente la respuesta a la crisis de refugiados y migrantes no cuenta con los fondos necesarios. De hecho, el Plan de Respuesta a Migrantes y Refugiados, mecanismo de Acnur para ayudar a la acogida de los refugiados venezolanos, aseguró que hasta el 31 de mayo de 2021 solo había recibido un 5 % de los fondos necesarios. Además, afirmó que las organizaciones civiles han recibido seis de cada US$100 de los que se pidieron en el marco del Plan de Respuesta Regional.

Pero no todo está perdido, de hecho, según Antonio Guterres, secretario general de la ONU, “si algo nos ha enseñado esta pandemia por COVID-19, es que solo podemos salir adelante ante las adversidades si nos mantenemos unidos. Todos hemos cumplido un papel para poder salir a flote y mantener la seguridad para todo el mundo. Las personas refugiadas y desplazadas han estado ahí en primera línea. Si les damos la oportunidad, volverán a estar con todos nosotros y nosotras, volverán contribuir para que salgamos de esta más fuertes, más seguros y con un mundo más vibrante para todo el mundo”.

Al 15 de junio, de los 1,7 millones de personas venezolanas, más de 800.000 habían completado el preregistro virtual y más de 651.000 habían agendado la cita para el registro biométrico. Justo ayer se llevó a cabo la Conferencia Internacional de Donantes en solidaridad con los refugiados y migrantes venezolanos, liderada por Canadá, en la que el Grupo Interagencial sobre Flujos Migratorios Mixtos (GIFMM) presentó su Plan de Apoyo a la Implementación del Estatuto Temporal de Protección anunciado este año por el presidente colombiano, Iván Duque. La iniciativa es promovida por 46 organizaciones que tienen la meta de llevar a cabo actividades en 31 departamentos colombianos.

Según el grupo, la idea es complementar los esfuerzos del Gobierno para asegurar que la población refugiada y migrante esté informada sobre la medida, sepa cómo acceder a ella y finalice su proceso de inscripción para obtener el Permiso por Protección Temporal: “Aún son necesarios recursos humanos y económicos significativos para que la implementación de la medida sea exitosa y redunde en mejores condiciones de vida para las personas venezolanas, que contribuyan al desarrollo de las comunidades colombianas que las han acogido. Los socios del GIFMM han solicitado US$641 millones para complementar la atención brindada por el Gobierno de Colombia”.

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