Uno de los gobiernos más entusiastas con la llegada de Gustavo Petro al poder es el de Alberto Fernández en Argentina. Su canciller, Santiago Cafiero, dice que las expectativas que ha generado no solo están en Colombia, sino en toda la región. “Miramos a Colombia con mucha vocación de trabajar en una agenda constructiva como parte de un país que tiene tantos temas para liderar en el mundo”, dice, resaltando que América Latina necesita que Colombia se involucre más. Esa integración está a punto de medirse.
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En octubre, la Organización de Estados Americanos (OEA) celebrará su asamblea general en Perú. Con la llegada de Petro y también de Gabriel Boric en Chile, hay un nuevo bloque que puede construir una agenda totalmente distinta a la que se venía trabajando en aspectos como comercio, cambio climático, migración y, sobre todo, Venezuela. En entrevista con El Espectador, Cafiero habló sobre los desafíos inmediatos para la región y sobre el recién posesionado presidente de Colombia.
Argentina recibió de forma muy positiva la victoria de Petro, ¿qué esperan de él?
En la Argentina valoramos mucho la democracia. El año entrante estaremos cumpliendo 40 años de democracia, por lo cual valoramos mucho los procesos democráticos y cómo se dan. Naturalmente nos acerca la mirada (de Petro) sobre achicar desigualdades, sobre los derechos humanos, la agenda social de integración regional y los desafíos que tenemos como región, especialmente por sostenernos como una región de paz. América Latina y el Caribe se autodefinen como una zona de paz, pero también eso implica que los países tenemos todos que jugar nuestro rol como un mecanismo para resolver conflictos. También queremos trabajar en una agenda comercial innovadora que incorpore la ciencia y la tecnología. Tuvimos el año pasado el récord en intercambio comercial entre Argentina y Colombia, aproximadamente US$1.500 millones, pero sabemos que estamos por debajo de las potencialidades y queremos avanzar en eso.
Hablemos de la paz. Chile manifestó su intención de albergar los diálogos con el ELN. ¿Cuál es la posición de Argentina frente a estos acercamientos y qué podrían ofrecer?
La Argentina siempre promueve la paz. De hecho, hoy tiene la presidencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), donde el valor principal que se destacó de nuestro país es la vocación de diálogo, de utilización de la palabra como herramienta para resolver conflictos. Efectivamente nosotros vamos a acompañar cualquier tipo de proceso que implique el llamamiento a la paz, como mesas de negociación, respeto y diálogo, que para nosotros son centrales para resolver problemas. Siempre vamos a ser respetuosos de la vocación y del lugar donde Colombia nos ponga. Si Petro nos precisa en un lugar, ahí vamos a estar trabajando.
Con la entrada de estos nuevos gobiernos de izquierda, ¿cree que van a cambiar las posturas respecto al manejo de la crisis venezolana?
Nuestro país también hizo parte de esos grupos que habían utilizado la presión como herramienta sobre el gobierno de Venezuela, la exclusión y la expulsión. Con el gobierno de Alberto Fernández pensamos en una política de integración distinta: que el multilateralismo se practica con los países sentados en la mesa, no sin estos. Y que si hay cosas para corregir y decirnos es preferible decírnoslo a la cara, que haya un ámbito para poder hablar e interpretar a plena conciencia que otro país se está equivocando en su camino. Convocamos permanentemente al diálogo y a la resolución de conflictos de modo pacífico. Nosotros lo que hicimos fue recomponer nuestra misión diplomática en Venezuela. Durante el gobierno anterior, Argentina redujo su relación diplomática con Venezuela a los encargados de negocios solamente. Nosotros mandamos nuevamente un embajador. Me parece que ese es el camino. Ojalá el resto de la región haga lo mismo y restablezca relaciones plenas con Venezuela. Me parece que se puede trabajar mucho más señalando donde sea necesario que el gobierno venezolano corrija acciones para fortalecer lazos bilaterales y regionales.
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Incluso el secretario general de la OEA, Luis Almagro, parece haber cambiado su tono frente a Maduro. Ahora se viene la asamblea en Perú en octubre, con una nueva izquierda en el centro. Además de Venezuela, ¿qué temas podrían estar sobre la mesa?
Será una buena oportunidad para instalar un debate sobre cuál es el rol y el camino en el que se equivocó el secretario general todo este tiempo. La actitud de la OEA con respecto al golpe de estado en Bolivia es una discusión que todavía no se ha saldado, y eso es inaceptable para nosotros. Por eso es que se ha perdido muchísima legitimidad. Cualquier tipo de acción que quiera emprender el secretario general que siga órdenes de la política norteamericana hace que la OEA se convierta en un instrumento en el que se pierde la integración regional. Tiene que haber una transformación. Hay que animarnos a discutir el funcionamiento de los organismos multilaterales. Con respecto a lo que sucede en Venezuela, nosotros abandonamos esa idea de acusar y separar a Venezuela de cualquier ámbito. Buscamos ser cooperativos con el grupo de contacto que se había generado en Europa con participación de México. Esto es mucho más efectivo a la hora de acercar posiciones y buscar una salida política en Venezuela entre la oposición y el oficialismo. Se ha avanzado, pero hay muchísimo por hacer a través del grupo de contacto y otros mecanismos.
Sobre esa influencia norteamericana, esta se ha visto reducida frente a la de otras potencias. ¿Qué opina de esto?, ¿no será el momento para que la región se consolide también como un protagonista en el mundo con un modelo como el de la comunidad europea?
En tiempos en que se exigen alineamientos, América Latina y el Caribe se deben alinear a los intereses de los latinoamericanos y caribeños. Ese es el único alineamiento que debemos perseguir. La superpotencia es nuestro pueblo y nosotros nos debemos alinear a los intereses que lo defiendan. Podemos dar testimonio de nuestra resiliencia, de que podemos superar crisis, de que hemos logrado resolver conflictos entre estados de modo pacífico y sin necesidad de la utilización de la fuerza. En este tiempo de políticas de escalada lo único que se logra es que haya más inseguridad internacional. Basta ver lo que ha pasado entre Rusia y Ucrania, las tensiones que se despiertan ahora entre China, Taiwán y EE. UU., lo que lamentamos nuevamente, y en Gaza entre Israel y Palestina... nuevamente vemos situaciones donde es necesario que América Latina y el Caribe siga fijando su testimonio, un testimonio de paz y que busca prosperidad para su pueblo. Con lo cual no creo necesario ningún seguidismo a otras potencias. América Latina y el Caribe tienen autoestima y somos testigos de que tenemos mecanismos de resolución de conflictos muchísimo más efectivos y pacíficos, sin derramamiento de sangre, y que realmente son los duraderos.
Es cierto que hay mucho potencial en la región, pero ¿no se necesita una cabeza para sentar el diálogo y la agenda? Petro, por ejemplo, propuso llevar a la mesa de negociaciones a EE. UU., sobre las acciones que comete en deterioro de medio ambiente para la región...
Creo que hay liderazgos compartidos. La tarea que hicieron México y la Argentina con respecto a la producción de vacunas pudo proveer a países latinoamericanos y caribeños de casi el 40 % de las dosis que recibieron. Hay liderazgos individuales. Mia Mottley en Barbados, por ejemplo, es una lideresa con respecto al cambio climático fundamental. Yo me imagino un liderazgo colectivo, no solo un país liderando. Me parece que hoy tenemos una gran posibilidad de continuar construyendo ese ecosistema de trabajo que hay, donde si Gustavo Petro lo desea naturalmente Colombia tiene un rol para ocupar muy necesario. Ahora con Brasil habrá que ver, independientemente de los resultados en sus próximas elecciones, que ocupa un rol importante en esta mesa. La Celac es un instrumento que a nosotros nos permite generar un ámbito de trabajo cooperativo, una herramienta sumamente relevante en un mundo de tanta incertidumbre.
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El liderazgo de Colombia puede estar encaminado sobre su manejo de la migración. Con el ETPV se creó un modelo aplaudido por el mundo y Colombia puede dar lecciones sobre el tema. Urge una mesa de diálogo regional, que incluya a EE. UU. ¿Qué hace falta para verla?
EE. UU. va a tener que desplegar una agenda constructiva y positiva con la región y no solo una agenda punitiva hacia esta. Si EE. UU. no ayuda a generar posibilidades de arraigo, productivas, en los diferentes países, sobre todo los países centroamericanos, entonces lo único que le quedará es tener una contención de frontera con un despliegue normativo punitivo. Si en cambio Washington adopta una actitud distinta, propositiva, donde se hagan inversiones para que seamos potencia productiva desde el punto de vista alimentario o del desarrollo de tecnología, etc., se van a generar los arraigos para que no haya tensión frente a la migración. En Argentina, que tiene una cuestión histórica de ser un país de puertas abiertas, pensamos que aquel que nace en un país o una región o una provincia debe tener las posibilidades de desarrollarse allí. Para eso es necesario que los estados se comprometan a tener unas políticas públicas necesarias para garantizarlo. Pero uno ve el comercio internacional y ve el rol que tienen que jugar las economías más fuertes. Es decir, si EE. UU. ayuda a un programa de desarrollo agropecuario con salida exportadora para países centroamericanos, seguramente va a calmar mucho más la cuestión migratoria, porque la migración es un viaje hacia las oportunidades, no es otra cosa. Nadie quiere abandonar su país.
Inflación y crisis climática son los dos desafíos inmediatos. ¿Qué van a hacer en conjunto los países de la región para enfrentar esto?
Tenemos que trabajar en dinámicas de los organismos multilaterales como exigir que haya un financiamiento para la transición energética en las economías emergentes. Esta es una cuestión a la que deben responder también las economías industriales, que son mucho más responsables de esta situación de crisis climática. No quiero acusarlos, pero así es. Y, sin embargo, nosotros lo padecemos todo. Nosotros podemos complementar los recursos naturales que tiene la región y aplicar también tecnología para llevarlos adelante. Con esto me refiero, por ejemplo, al gas natural, que es un combustible de transición. A partir de allí podemos continuar desarrollando una política de encadenamiento regional con respecto al litio y al cobre, dos minerales esenciales para la electromovilidad. El triángulo del litio que tenemos Bolivia, Chile y Argentina puede ser parte de un encadenamiento científico y tecnológico para desarrollar la electromovilidad. Tenemos terminales automotrices, tenemos empresas con capacidad científica y tecnológica para hacerlo. Por otro lado, tenemos los desafíos de los combustibles verdes, renovables, y de avanzar en la construcción de parques eólicos o incluso combustibles como el hidrógeno verde. La Argentina ya tiene proyectos concretos avanzando sobre estos combustibles y me parece que la región puede complementarlo. Allí es donde la región tiene grandes posibilidades de poder hacer una cooperación con vistas a ser un jugador mundial en la transición energética, porque tenemos mucho gas.
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