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The New York Times critica reacción de Obama ante inseguridad aérea

El diario hace énfasis al fallido atentado contra un avión, frente al cual el presidente de EE.UU. admitió "fallas" y permaneció en vacaciones.

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Maureen Dowd / The New York Times News Service
04 de enero de 2010 - 03:55 p. m.
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Washington.- Estuve caminando por el vacío centro de una ciudad en la Noche Buena acompañada de un amigo, más allá del solitario y gris Edificio de la Tesorería, más allá de la nevada Casa Blanca sin el presidente en su interior.

"Espero que los terroristas no piensen que este es un buen momento para atacar", digo, dirigiendo una mirada protectora a la Casa Blanca, la cual siempre parece más pequeña y vulnerable, así como hermosa, de lo que se espera, sin consideración a cuántas veces se vea de cerca.

Pensé que nuestra guardia pudiera estar abajo debido a los días celebración; ahora me doy cuenta que nuestra guardia está baja todos los días. Un aspecto emocionante de pasar de W. (Bush) a Barack Obama fue que Obama parecía algo similar a un avatar de la modernidad. W., (el ex vicepresidente) Dick Cheney y (el ex secretario de la Defensa) Rummy siguieron arrastrándonos incesantemente al pasado. Estados Unidos parecía haber perdido su inventiva, su rapidez, su enorme destreza del tipo hombre en la luna, su energía y entusiasmo cual Bugs Bunny.

¿Fuimos suficientemente astutos e inventivos para protegernos de la nueva raza de terroristas resistentes a los Picapiedra pero expertos en Facebook? La palabra favorita de W. era "resoluto", pero con todo y los millones y millones gastados, así como los alardes de Cheney, nuestros esfuerzos por protegernos transmitían un aire de flacidez.

La frase favorita de Obama es "sin precedente", como destacó Carol Lee, de la revista Politico. Sin embargo, con frecuencia él también parece estar empantanado en el pasado, luego de permitir que su distintiva legislación fuera cargada de sobornos y clientelismo de la vieja guardia; haciéndose rodear de clintonitas; al continuar con la predilección del grupo de Bush por los secretos y un expansivo privilegio ejecutivo; redoblando esfuerzos en Afganistán al mismo tiempo que actúa como si fuera a salir de ahí; así como no logrando capitalizar nueva y avanzadísima tecnología mientras las dependencias examinan impresos y siguen con sus viejas batallas por el predominio.

Incluso antes que un nigeriano con vínculos a la red Al Qaeda intentara hacer estallar un avión jet de Aerolíneas Northwest que volaba a Detroit, los viajeros pudieron ver que no hemos logrado progreso con miras a un mundo Philip K. Dick de maravillosa tecnología. Todo parecía indicar que seguíamos detrás de la curva y reactivos, dándoles palmaditas a abuelitas y niños de cinco años, confiscando esferas de nieve y brillo labial.

En lugar de modernidad, tenemos aeropuertos en los cuales la seguridad es tan retro que eliminar almohadas y cobijitas, así como descansos para ir al baño, cuenta como un gran avance. Si no podemos capturar a un nigeriano con un potente polvo explosivo en sus pantalones, extrañamente femeninos, y una jeringa llena de ácido, a un hombre cuyo propio padre había alertado a la Embajada de Estados Unidos en Nigeria, un viajero cuyo billete fue pagado en efectivo y que no registró maletas, cuya renovación de la visa había sido negada por los británicos, el cual había estudiado árabe en un santuario de Al Qaeda en Yemen, cuyo nombre estaba en una lista de alerta de contraterrorismo, ¿a quién podemos capturar?

Nos dirigimos hacia el momento en que escáneres observarán a integrantes de dichas listas paseando casualmente, mientras nosotros tenemos que ir al aeropuerto con batas de hospital, ondulando, abiertas, de la parte posterior. En un inusual éxito bipartidista, integrantes de la cámara baja intentaron impedir que la Administración de Seguridad del Transporte pusiera en marcha las imágenes de cuerpo entero como una herramienta de revisión en aeropuertos.

Sólo porque los republicanos contribuyeron a encabezar la prohibición sobre mejor tecnología y se opusieron al presupuesto de


seguridad aeroportuaria, no significa que vayan a dejar de cheneyar a los demócratas por subvertir la seguridad nacional. Peter Hoekstra, integrante del Congreso por Michigan, fue suficientemente traicionero para golpea al presidente estadounidense y "liberales que les tiemblan las rodillas" en su carta para recaudar fondos a través de la gubernatura.

Antes de marcharse de vacaciones, Obama intentó deshacerse de su toque Spock y reforzar el cociente empático con respecto a los empleos. Pero en su usual ciclo inspirador/letárgico, una vez más transmitió un aire de frialdad en su respuesta al escalofriante episodio ocurrido en el Vuelo 253, emitiendo boletines a través de su secretario de prensa y haciendo correlaciones. Cuando menos, usted debe (se abren cursivas) parecer (se cierran cursivas) preocupado.

El martes de esta semana, Obama se acercó al micrófono para reconocer que Janet Napolitano (quien no aprendió nada de una Janet anterior, de apellido Reno) había intentado negar al comienzo: que se había dado una "falla sistémica" y una "catastrófico rompimiento de la seguridad". Pero, en un momento intrigante que no fue tranquilizador ni técnica ni emocionalmente, estuvo ausente una grabación en vivo y era como si la operación Obama estuviera volando por puro instinto.

Dado que cada palabra articulada por el presidente suele ser televisada, fue un retroceso a los días de la radio; justo al momento que buscamos garantías en cuanto a que nuestra seguridad finalmente se ha puesto al nivel del filme "Total Recall". Todo lo que oyó la gente que ve televisión, en una transmisión desde la base de la Marina en la Bahía de Kaneohe, fue la voz del presidente sin cuerpo, hablando sobre "deficiencias".

Al citar el intento del padre del nigeriano por advertirles a las autoridades estadounidenses hace seis meses, el Presidente Obama entonó: "Ahora, todo parece indicar que esta información fue transmitida a un componente de nuestra comunidad de servicios de inteligencia, pero no fue distribuida de manera efectiva como para incluir el nombre del sospechoso en una lista de personas que tienen prohibido abordar vuelos".

En esta distante forma, Spock nos estaba haciendo saber que nuestra sitiada nave estelar no estaba acelerando hacia un futuro más seguro, y que aún debemos sentirnos asustados. Magnífico trabajo, Barry.

Por Maureen Dowd / The New York Times News Service

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