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"Todavía no canto victoria"

El canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño, le relató a El Espectador cómo vivió la violenta jornada de protesta policial del jueves. También reveló detalles de la operación de rescate del presidente Rafael Correa.

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Angélica Lagos Camargo
02 de octubre de 2010 - 08:00 p. m.
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Ricardo Patiño es uno de los más cercanos colaboradores del presidente de Ecuador, Rafael Correa. Empezaron una entrañable amistad en el Foro Ecuador Alternativo hace más de 20 años y desde entonces sus carreras han estado ligadas. Cuando Correa fue nombrado Ministro de Economía, en 2005, su mano derecha fue Patiño. Los dos fundaron el Movimiento País, que llevó a Correa a la Presidencia de Ecuador. Ha sido su ministro de Economía y ahora es su Canciller.

Por eso, cuando el mandatario vivía sus horas más difíciles el jueves pasado, por cuenta de una revuelta policial, fue Patiño quien quedó delegado para planear el operativo de rescate y para movilizar a cientos de ecuatorianos hasta el Hospital de la Policía en donde permaneció cerca de diez horas retenido. El Ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador le contó a El Espectador qué fue lo que pasó dentro y fuera del centro médico.

¿Cómo se enteró de la rebelión policial?

Por las noticias, por la información que decía que la Policía había decidido no salir a trabajar.

¿Habló con el Presidente antes de que fuera al regimiento? ¿Alguien le aconsejó que no lo hiciera?

La verdad, hablé con el Presidente en el momento en el que iba saliendo del Palacio presidencial. Entonces yo le dije que si quería que lo acompañara y él me dijo: “no, quédate en Palacio y coordina con los otros ministros allá desde Palacio”. Luego seguimos viendo informaciones que mostraban que la situación se estaba complicando. Yo sabía que la caravana salía, que el Presidente iba a hablar con unos policías, pero nunca me imaginé que fuera hasta el regimiento más grande del país.

Cuando ve la reacción de los sublevados, ¿qué hacen en Palacio?

En ese momento comenzamos a pensar con los otros ministros que estaban en el Palacio de Carondelet qué medidas se podían tomar. Como teníamos contacto con el Presidente, lo llamamos y él nos dio algunas ideas de lo que podíamos hacer para defender la democracia. Una de ellas era invitar a la población a salir pacíficamente a las calles de cada rincón del país y también nos dijo que alertáramos a las Fuerzas Armadas. En ese instante, los militares comenzaron a pensar en la manera de responder a la rebelión.

Correa es llevado al Hospital de la Policía y luego denuncia que fue secuestrado. ¿Cómo se planea la operación de rescate?

No le puedo decir exactamente una hora, pero ya pasado el mediodía y especialmente cuando el Presidente denunció a través de una entrevista que no podía salir del hospital, los militares se pusieron al frente. Su relato de los hechos fue para nosotros casi una orden para ir a rescatarlo. Entonces, hombres armados ocuparon las terrazas de los edificios cercanos y una división especial de la Policía que no estaba en rebelión comenzó a acercarse prudentemente a la zona.

¿Qué alternativas se manejaban para sacarlo del Hospital de la Policía?

Había dos alternativas: un rescate cívico, del pueblo, que para nosotros podía dejar menos bajas y heridos. Y la otra, una incursión de las Fuerzas Armadas, que con mayor seguridad iba a causar heridos y muertes. Aunque ambas opciones comenzaron a marchar, la idea del presidente Correa era no usar a los militares. Yo me puse al frente de la marcha pacífica. Invité a todos los ciudadanos a rescatar al Presidente. Así empezamos a avanzar hacia el hospital.

Pero cuando ustedes llegaron al hospital se desató el caos...

Sí, fueron momentos de mucha tensión. Primero, cuando llegamos a las inmediaciones del hospital y fuimos recibidos a punta de bombas lacrimógenas y disparos. Los policías sublevados nos rodearon con sus motos y nos impedían avanzar. Intenté hablar con algunos de ellos, pero había mucha confusión. Algunos querían hablar y llegar a un acuerdo, pero otros al calor de la huelga comenzaron a gritar cosas contra el Gobierno, decían cosas muy agresivas y comenzaron a atacarnos. Yo intenté separarme del grupo y me dirigí hacia la puerta del hospital. Intenté conversar con algunos, pero los gritos no lo permitían. La falta de respeto, los insultos y las arengas a favor del ex presidente Lucio Gutiérrez se tornaron muy agresivos. No pude llegar a la puerta del centro médico.

¿En ese momento se disolvió la manifestación a favor de Correa?

No, nosotros seguimos a empellones, rompiendo puertas prácticamente. Algunos policías nos identificaron y arremetieron contra nosotros de nuevo. En ese momento hablé con el Presidente y él me volvió a decir que estaba secuestrado, no de manos atadas, pero sí me dijo que el piso tercero en donde él se encontraba estaba tomado por algunos policías sublevados que no lo dejaban salir, las puertas estaban bloqueadas y algunos estaban intentado entrar a la fuerza a la habitación que él ocupaba junto a su personal de seguridad.

Usted resultó herido en la protesta. ¿Qué le pasó?

Cuando los policías se pusieron violentos, decidimos continuar con el plan inicial, el de rescatar cívicamente al Presidente. Me empecé a acercar a la gente con la que venía y cuando empecé a hablar con algunos de ellos, me atacaron con un palo. Me golpearon en la cabeza por detrás y comencé a sangrar abundantemente. En ese momento me tuve que retirar hacia un hospital que queda muy cerca del regimiento de Quito. Sin embargo, cuando intento salir del lugar, un hombre se me intenta abalanzar por la espalda. Si no es por mi cuerpo de seguridad, que eran policías que sí respetan la democracia, me matan. ¡Casi pierdo la vida en ese momento!

¿Había un líder en las protestas?

Era muy difícil identificar un líder, porque había diferentes grupos por separado y no se podía vislumbrar a alguien que estuviera al frente. Había mucho desorden, pero sí había como una línea que buscaba minar la credibilidad del Gobierno.

Usted insiste en que fue el ex presidente Lucio Gutiérrez el que estuvo detrás de la sublevación. ¿Qué busca Gutiérrez?

No sé qué pretende ese señor, porque el Presidente tiene una aprobación inmensa. Quería darle un golpe a la institucionalidad y a la democracia, algo que todavía se puede repetir porque siento que las raíces de la sublevación todavía están ahí. Todavía no es el momento de cantar victoria, no canto victoria aunque la situación está superada por el momento.

¿Qué pasó con la gente que usted llevó hasta el hospital?

Ellos se empezaron a retirar. En ese momento el Presidente ya había dado la orden de iniciar la operación de rescate militar. Todo eso comenzó cuando yo estaba en el hospital. Vi cómo los hombres que estaban en las azoteas abordaban camiones para llegar al hospital. La operación fue muy calculada para evitar daños, incluso se dio la orden de disparar balas de goma para prevenir una tragedia. Se escucharon disparos y pasaron unos 25 minutos, cuando me informaron que Correa había sido rescatado sano y salvo. Salió como tenía que ser, bien protegido por las fuerzas militares.

¿Cuándo volvió a hablar con el Presidente?

Ya cuando me enteré de que el Presidente está bien y que la gente que iba conmigo iba rumbo al Palacio de Carondelet, dejé el Hospital Metropolitano y me dirigí hacia allá, donde nos encontramos. Él estaba alterado, pero muy conforme con la reacción de los militares y el respaldo nacional e internacional que recibió. Lo acompañé al balcón a dar su discurso y luego hablamos un rato.

¿Cómo evaluó la reacción del continente, particularmente la del presidente Juan Manuel Santos?

Ese apoyo fue fundamental, el respaldo inmediato de todos los países vecinos, la reacción oportuna de Unasur, la respuesta de todos los mandatarios que llegaron a Buenos Aires. Estamos muy agradecidos con cada uno de los presidentes que manifestaron su apoyo al Gobierno ecuatoriano y a la democracia del país. El mensaje es advertir que ningún intento golpista será permitido y está siendo rechazado por la región.

Por Angélica Lagos Camargo

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