Trabajaron en Venezuela por 40 días, rescataron sobrevivientes de los escombros y luego recuperaron cuerpos en La Guaira, la región costera que fue el centro de la muerte y destrucción del doblete sísmico.
Después de que un terremoto azotara a la vecina Colombia el lunes, tomaron un vuelo nocturno. Para el miércoles por la mañana estaban ya trabajando en edificios colapsados en Cali, la tercera ciudad más grande de Colombia. Intentaban hallar sobrevivientes.
“Ya en el punto en el que nos encontramos en La Guaira, son puras extracciones de cuerpos”, dijo Alex Rodríguez, de 36 años, quien había estado en Venezuela. “Y, bueno, ahorita estamos aquí sobre la meta, luchando y corriendo contra el tiempo para encontrar señales de vida”.
Los rescatistas eran de los Topos Azteca, un equipo mexicano voluntario de búsqueda y rescate que se ha convertido en uno de los nombres más conocidos en la respuesta a desastres en toda América Latina y más allá. Sus integrantes han viajado a lugares afectados por terremotos, inundaciones, huracanes, deslaves y otros desastres en todo el mundo, como Turquía, Ucrania y Estados Unidos, tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.
Los residentes de Cali reconocieron a los voluntarios de uniforme naranja casi de inmediato y agradecieron al fundador y presidente del grupo, Héctor Méndez, de 80 años, y algunos tomaron fotografías entre los escombros, mientras él coordinaba la respuesta de rescate. La alcaldía lo destacó en un video.
La reacción reflejó una reputación construida a lo largo de cuatro décadas. Los orígenes del grupo se remontan al terremoto masivo que azotó Ciudad de México en 1985 y causo la muerte de hasta 10.000 personas. Méndez, el fundador, recordó haber ido a buscar a su hermano después de ese desastre, pero, tras encontrarlo ileso, se detuvo para ayudar en un edificio de apartamentos colapsado.
Pasó unas 10 horas ayudando a rescatar a una mujer y a su sobrina. Salió agotado, con las rodillas lastimadas, un brazo adolorido y dolor en los dedos por trabajar sin guantes y sin tener el equipo adecuado.
Describió la experiencia como una epifanía: se dio cuenta de que el trabajo de rescate era la misión de su vida.
Desde entonces, los Topos Azteca se ha expandido más allá de México. El grupo comenzó a trabajar a nivel internacional durante un terremoto en El Salvador en 1986, donde rescatistas mexicanos capacitaron a voluntarios locales. Con el tiempo, desarrolló brigadas afiliadas en otros países, incluyendo El Salvador, Guatemala, Brasil, Panamá y Venezuela.
Algunos miembros están capacitados como bomberos y paramédicos. Otros tienen empleos convencionales que no tienen nada que ver con la respuesta a desastres. Todos son voluntarios, y muchos pagan sus propios gastos. El grupo cuenta con 250 a 300 personas con sede en México, y había desplegado un equipo de unas 20 personas a Colombia.
Miguel García, de 25 años, se unió a los Topos Aztecas a través de su padre, un rescatista de larga trayectoria que le enseñó primeros auxilios y habilidades para combatir incendios cuando era niño. Ahora dirige un negocio de medicina tradicional china con su pareja y describió el trabajo de rescate como un pasatiempo.
“Podemos tener gente que puede ser desde el microbusero de la esquina hasta personas que puede ser el que vende tortas en el metro”, dijo.
Otra integrante, Juanita Dueñez, de 49 años, ha sido bombera en México durante 20 años. Conoció al grupo de rescate voluntario por primera vez cuando un amigo la invitó a uno de sus cursos de capacitación. Siguió regresando por más cursos hasta que se convirtió formalmente en miembro.
Dueñez dijo que lo que la atrajo fue la filosofía del grupo: que las distinciones de raza, nacionalidad, género, religión o política desaparecen ante la obligación de ayudar a otra persona.
El entrenamiento en sí es intensivo: cursos de tres días que cubren primeros auxilios, uso de cuerdas, técnicas de arrastre y rescate, estabilización estructural y simulacros de desastres. Por lo general, los rescatistas deben participar primero en varios desastres en su propio país antes de ser enviados al extranjero.
Méndez dijo que eso se debe a que no hay ningún ejercicio de entrenamiento que pueda reproducir la experiencia real de la respuesta a desastres.
“En ningún curso, en ningún país te van a llevar gente que se le murió un hijo para que la abrace, se sienta su dolor. No hay. Eso no existe”, dijo. “Eso lo tienes que vivir para ser un real voluntario, un real rescatista con corazón”.
Rodríguez, el integrante de Venezuela, llegó a los Topos Azteca por el propio desastre. Cuando los terremotos consecutivos devastaron La Guaira, donde vivía su abuela, viajó desde Caracas para buscarla. Su edificio había colapsado, pero sobrevivió porque no estaba en casa en ese momento.
Pero en uno de los primeros edificios destruidos que encontró, los rescatistas de los Topos Azteca estaban buscando a dos niños que podrían seguir con vida. Se quedó para ayudar.
Como escalador de rocas profesional y acróbata aéreo de circo, usó sus conocimientos en cuerdas y aparejos para ayudar a mover losas de concreto que pesaban varias toneladas. Aprendió con rapidez a operar cámaras térmicas y equipos de sonido.
“Los Topos vieron mis capacidades, la resistencia, el control de emociones”, dijo Rodríguez. “Y sentí conexión con ellos. El vínculo fraternal familiar era de hermandad”.
Así que esta semana estaba ayudando en Colombia, donde el terremoto en la parte occidental del país ha causado la muerte de más de 270 personas, según el gobierno colombiano.
García describió al grupo como una fraternidad de rescatistas que en repetidas ocasiones se encuentran juntos respondiendo a desastres.
Con cada despliegue intentan aumentar sus filas. Después de misiones internacionales, tratan de identificar a los voluntarios locales que mostraron aptitud y los capacitan para que el país esté mejor preparado para el próximo desastre, dijo García.
“Esa incertidumbre de saber si sale o no sale de una estructura colapsada es la que te hace tener esa relación como hermano o hermana con las personas con las que trabajamos en nuestra agrupación”, dijo. “Tenemos esa vocación de servicio”.
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