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Trump y las Malvinas: qué hay detrás de su presión al Reino Unido y su acercamiento a Milei

Donald Trump abrió la puerta a un cambio en la posición de Estados Unidos sobre las Islas Malvinas, en medio de sus presiones al Reino Unido para aumentar el gasto militar. Expertos explican qué hay detrás del giro y qué podría significar para Argentina y Londres.

Laura Henao Arévalo

02 de septiembre de 2026 - 07:00 a. m.
Giovani Lo Celso con la pancarta que dice: "Las malvinas son argentinas".
Foto: AFP - THOMAS COEX
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Meses atrás, los jugadores de la selección argentina ondearon orgullosos una pancarta con el mensaje “Las Malvinas son argentinas” después de ganar su partido contra Inglaterra en el Mundial de Fútbol de 2026. El gesto simbólico no solo recordó la guerra entre ambos países por la soberanía de las islas en 1982, sino que también volvió a poner la disputa en el centro de la discusión internacional. Ahora, meses después de aquel episodio, Estados Unidos afirmó que estaría reconsiderando su posición frente al Reino Unido en la disputa por la soberanía de las islas.

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, abrió la puerta a un eventual cambio en la posición de Washington sobre la soberanía de las islas Malvinas, un territorio cuya pertenencia es disputada históricamente por Argentina y el Reino Unido.

El debate comenzó después de que The Telegraph informara que Washington estaría reevaluando sus compromisos de defensa con sus aliados del Atlántico en función del nivel de gasto militar de cada país. Según el medio británico, una de las principales preocupaciones de Estados Unidos es que Londres aún no ha presentado un plan concreto para alcanzar la meta de destinar el 5 % de su PIB a defensa, promovida por la administración de Donald Trump.

Consultado por periodistas en el Despacho Oval sobre la postura estadounidense frente al archipiélago, Trump evitó ratificar el respaldo de su país a Londres y aseguró que su administración mantiene bajo revisión sus distintas posiciones en política exterior. La declaración supone una señal relevante frente a una disputa que enfrenta a Argentina y Reino Unido desde hace décadas y que desembocó en la guerra de 1982.

Para Lawrence Gumbiner, consultor internacional y exdiplomático, la explicación detrás del inesperado cuestionamiento de Donald Trump está en su enfoque transaccional de la política exterior. “El concepto de aliados de largo plazo y la necesidad de balancear intereses después de una relación amplia e importante no tienen mucho peso para él”, explica.

En ese sentido, Gumbiner considera que Trump utiliza la presión y las amenazas cuando un país no responde a sus intereses o expectativas. En este caso, el objetivo sería el Reino Unido, al que el presidente estadounidense estaría presionando por su posición frente a la guerra con Irán y por considerar insuficiente su nivel de gasto militar.

“Trump no tiene ningún interés actual en apoyar a Argentina frente al Reino Unido por las Malvinas. Todo está relacionado con otros temas”, sostiene el exdiplomático. A esto se suma, según su análisis, la cercanía entre Trump y el presidente argentino, Javier Milei, considerado un aliado particularmente alineado con los intereses y las posiciones del mandatario estadounidense.

En el escenario de que la advertencia de Donald Trump llegara a concretarse y Estados Unidos retirara su respaldo a la posición británica sobre la soberanía de las islas Malvinas, el impacto en la relación entre Washington y Londres sería significativo, advierte Matías Franchini, profesor de carrera de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

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Según el académico, para el Reino Unido la defensa de las Malvinas constituye una política de Estado sostenida durante décadas y vinculada tanto con su identidad nacional como con su política exterior. Una posición similar mantiene Argentina respecto al archipiélago. Por eso, un eventual giro de Washington representaría un golpe importante para Londres, especialmente porque Estados Unidos ha sido históricamente un aliado clave del Reino Unido en esta disputa.

Franchini recuerda que ese respaldo tuvo especial relevancia durante la guerra de 1982, cuando la administración de Ronald Reagan apoyó al gobierno de Margaret Thatcher en el conflicto con Argentina. Un cambio en esa postura, por tanto, supondría una ruptura con una relación de apoyo que se ha mantenido durante décadas.

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“En términos internacionales, para Argentina obviamente sería un apoyo importante de Estados Unidos a la reivindicación argentina de soberanía. Habría que ver qué significa esto en términos formales: si habría algún tipo de apoyo en el ámbito del Consejo de Seguridad, por ejemplo, o si Estados Unidos estaría dispuesto a presionar al gobierno británico para que negocie la cuestión de la soberanía sobre Malvinas, algo que el gobierno británico históricamente no ha querido hacer”, añadió el experto.

La Guerra de las Malvinas enfrentó a Argentina y el Reino Unido entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982 por la soberanía de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur. En medio de una profunda crisis económica y social, la dictadura militar argentina ordenó la ocupación del archipiélago en un intento por recuperar apoyo popular, pero el Reino Unido respondió con una operación militar para retomar el control.

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Tras 74 días de combates por mar, aire y tierra, Argentina se rindió. El conflicto dejó cerca de 900 muertos entre ambos bandos y la derrota profundizó la crisis del régimen militar argentino, acelerando el proceso que culminó con el retorno de la democracia en 1983.

“En Argentina, la cuestión Malvinas es muy relevante. Es una agenda que despierta sentimientos nacionalistas y ha sido utilizada por distintos gobiernos. Desde la dictadura militar, entre 1976 y 1983, que desató la guerra de Malvinas, hasta el peronismo, los gobiernos han utilizado la cuestión Malvinas como un elemento de identidad y para unir los sentimientos nacionales”, explicó Franchini.

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Sin embargo, para el exdiplomático Lawrence Gumbiner, este eventual cambio no debería interpretarse necesariamente como un giro permanente en la política exterior de Estados Unidos. A su juicio, Donald Trump no opera bajo una gran estrategia internacional de largo plazo, sino que aborda las relaciones exteriores caso por caso, en función de los intereses y las transacciones del momento. “Los aliados pueden volver a ser enemigos y los enemigos pueden volver a ser aliados”, señala, por lo que la posición de Washington podría cambiar nuevamente en cualquier momento.

El respaldo de la Casa Blanca a Argentina en la disputa por las Malvinas/Falklands ya había aparecido en el contexto del Mundial de Fútbol de 2026. Tras la polémica por la pancarta exhibida por los jugadores argentinos durante la celebración de su victoria frente a Inglaterra, Washington defendió su derecho a la libertad de expresión, pese a que el gesto podría acarrear sanciones de la FIFA por tratarse de una declaración de carácter político.

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Según el profesor, Trump está negociando y presionando al Reino Unido para aumentar su presupuesto militar, pero también decide apoyar al gobierno argentino porque es un aliado. Entonces, acá hay una cuestión pragmática de política exterior, si se quiere, pero también una cuestión de alineamiento ideológico.

“Un poco lo que ha sido la política exterior de Trump: por un lado, una política muy pragmática y transaccional, pero donde la ideología también juega un papel importante”, concluyó el experto.

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Por Laura Henao Arévalo

Periodista de la Pontificia Universidad Javeriana. Actualmente integra la sección internacional, donde cubre y analiza conflictos globales con un enfoque en género y derechos humanos.@lauraaahenaolhenao@elespectador.com
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