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Una guerrilla de niños

El partido del presidente Hugo Chávez inició hace un mes un programa que enseña a los menores a no creer en las “mentiras” de los medios de comunicación.

Diego Alarcón Rozo

18 de mayo de 2010 - 05:24 p. m.
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Mientras Hugo Chávez permanecía preso como un delincuente más en la isla La Orchila, un mar de personas salía a las calles de Caracas a marchar a su favor. En frente del Palacio de Miraflores, como si uniendo las voces se pudiera quebrar el hierro de la prisión, cientos de venezolanos coreaban el nombre del presidente y de una revolución que parecía llegar a su fin prematuramente. En los techos de los edificios cercanos al palacio, un grupo de francotiradores, supuestamente  enviados por el Imperio, estaba dispuesto a accionar el gatillo si la ola humana perdía el control, impulsada por el apasionamiento y la sed de justicia.

Fueron tres días en los que, a ojos de los chavistas,  los medios de comunicación no dijeron nada. En la televisión privada, apartada de la sangre que se derramaba sobre las avenidas, sólo se veían los colores saltones de alguna tira animada o los dilemas triviales de una serie gringa. Los niños no sabían que su país no tenía presidente, o mejor, que el presidente de su país había sido víctima de una conspiración, estaba preso y retirado. Fueron los días de abril de 2002 en los que, como el fénix, el presidente Chávez se levantó de sus restos y pudo regresar a Miraflores para continuar su gobierno. Todo esto dice la versión oficial con ese tono épico, el relato de un fallido golpe de Estado que sucumbió ante la fuerza de la Revolución Bolivariana.

Para el gobierno, no había mejor momento para lanzar una guerrilla comunicacional que durante la conmemoración de un aniversario más de la resurrección de Chávez. Ocurrió en el liceo caraqueño de la Gran Colombia ocho años después, una fecha que remite a los pasados días de abril. La ministra de Comunicación, Tania Díaz, tomaba la palabra de 75 estudiantes entre los 12 y los 17 años. “Juro consagrar mi rebeldía y defender la dignidad de nuestro pueblo”, recitaba, seguida por el coro de menores vestidos de verde militar y pañuelo rojo al cuello.

Como las guerrillas de adultos, este grupo de jóvenes tiene la misión de boicotear el establecimiento mediático. Desde los resguardos de las aulas y los campamentos de concreto en las escuelas, combaten contra las “grandes mentiras” que publican los también grandes medios de comunicación. El campo de batalla no está en la selva ni en puntos urbanos estratégicos, pero abarca todo a la vez: la pelea se da en la mente, las armas son los mensajes, los blancos son las personas y los enemigos responden al alias de Globovisión, Venevisión, Televen, Fox, CNN, BBC y Telemundo, todos ellos privados.

“La guerrilla está en toda parte y al mismo tiempo no está en ninguna. La guerrilla dispara adonde tiene que disparar, haciendo el mayor daño donde tiene que hacer daño. Estamos hablando de los medios de comunicación, lo hacemos figurativamente. No estamos entrenando a estos muchachos para que carguen un fusil”, decía el ministro de Educación, Héctor Navarro, después de que los niños dieron su palabra y arrojaron las gorras al aire festejando su investidura. Mientras tanto, los críticos de la acción comenzaban a preguntarse si no era un símil demasiado literal darles ese nombre, el de hablar de comandos y de guerra, de “sembrarles la semilla del odio y la violencia”, como sostiene el ex director de Globovisión, Alberto Federico Ravell.

El ejército antimedios

“Bueno, lo que hacemos nosotros es darles a los niños las herramientas necesarias para que se formen una opinión crítica frente a lo que difunden los grandes medios, no pretendemos orientarlos políticamente”. La idea de crear una guerrilla comunicacional se engendró en la mente de Julio Moros, responsable del área de comunicación de la dirección de juventudes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el partido del presidente Chávez.

Impulsado por el discurso de la revolución y con el convencimiento de quien tiene la verdad entre las manos, Moros relata la realidad que vive su país debido a la “indigna tergiversación informativa”. En los comerciales de compota que se difunden en el país, siempre aparecen bebés blancos y de ojos azules. “Si caminas por Venezuela te das cuenta de que esos no somos nosotros. Somo latinos, pero nunca vas a ver un moreno”. Si el asunto son las telenovelas, “te encuentras con que el chamo pobre siempre es el malandro y el chamo rico es el chévere”. Desde esta perspectiva, resulta que los medios son expertos en exacerbar el racismo y el clasismo y de mantener la hegemonía del capital, un postulado que desde la academia se ha heredado de las teorías comunicativas de corte marxista.

Ravell, declarado opositor de Chávez y varias veces centro de críticas de altos funcionarios del PSUV, y quien ha sido acusado de participar en una conspiración para asesinar al presidente escudado en Globovisión, habla desde la otra orilla del río: “A los niños les están lavando el cerebro al mejor estilo Castro-comunista de Cuba. A las voces opositoras se las humilla de la forma más vil”. Otros, incluso, ven detrás de toda la iniciativa la mano de Ramiro Valdés, el general cubano que llegó a Caracas en febrero para paliar los efectos de la crisis energética, a pesar de que su fama se atribuyera también a su habilidad censora.

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Siguiendo con la terminología miliciana, el plan piloto de la guerrilla comunicacional, iniciado hace poco más de un mes, tiene hasta el momento tres comandos o campamentos. Los liceos públicos Simón Rodríguez, Rafael Guinand y Fermín Toro fueron escogidos para conformar este contingente inicial de 75 jóvenes que dedican cuatro horas semanales a recolectar municiones: manejo de cámaras, grabadoras, micrófonos y redes sociales y a la realización de murales, panfletos y grafitis. El proyecto, como el de la mayoría de grupos beligerantes, es ambicioso: “Queremos extenderlo —anuncia Moros— a todos los colegios oficiales de Venezuela”.

A la par con este grupo han ido creciendo otras facciones de muralistas y grafiteros, que por fuera de las directrices del PSUV se han sumado a la ofensiva comunicacional y adornan las paredes de las ciudades sin mayores objeciones, sin el fantasma de la clandestinidad. “Si sumamos a esos muchachos, que en cada estado se agrupan para crear sus mensajes independientes, libres de la opresión mediática, podemos contar aproximadamente 300.000 de forma informal, que son la fuerza base de la ofensiva comunicacional. ¡Somos un gran ejército!”, comenta Moros, quien aclara que aunque el partido los ayuda con pinturas e insumos, no pertenecen a él, “son activistas libertarios”.

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El pie de fuerza juvenil se suma al arsenal mediático del PSUV, encabezado por una fortaleza llamada Canal 8 y unas cuantas emisoras de uso privativo del gobierno. “No entiendo qué les van a enseñar a los muchachos cuando desde los medios chavistas no se hace más que ridiculizar y atacar despiadadamente a la oposición. Son copias al carbón de los programas típicos de los regímenes totalitarios”, opina Miguel Enrique Otero, editor y presidente del diario El Nacional.

Hasta el momento, los mensajes se han inclinado a favor del presidente Chávez, pinturas grandes y coloridas del líder, al igual que la defensa panfletaria y desde Twitter destinada a sanear los “dardos ponzoñosos lanzados por la oposición” y los grandes medios, que en este caso se funden en la misma maquinaria. Si la ofensiva comunicacional no pretende ideologizar, ¿por qué se pondera a Chávez y se ataca, por ejemplo, al candidato a la presidencia de Colombia Juan Manuel Santos, como se vio recientemente en una actividad de muralismo en Caracas? Julio Moros responde esta pregunta a los críticos: “Estos jóvenes ya han aprendido a ver el contenido de los medios de forma crítica. Se expresan libremente y lo que vemos es que a pesar de que lo hagan sin estar vinculados al partido, su motivo es la lucha revolucionaria”.

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Palabras rebeldes

Dayana Serrano

Estudiante de tercer año de bachillerato

“Hay medios privados, como es (el canal local) Globovisión, que mienten mucho. Fue uno de los primeros que dijo que nos estaban dando fusiles para llevarnos a la frontera con Colombia para ponernos en guerra”.

Argi Rondón

Estudiante de cuarto año de bachillerato

“Con las actividades que desarrollamos en los talleres de  guerrilla comunicacional queremos transmitir un mensaje de paz, de conciencia, de socialismo”.

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Anthony Leguízamo

Estudiante de segundo año de educación básica

“Estamos agradecidos con los talleres, porque hemos aprendido cosas que anteriormente no sabíamos y que son importantes. Nos ha llamado mucho la atención saber cómo se hace la radio y la televisión”.

Por Diego Alarcón Rozo

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