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Uribe y Correa, ¿hasta cuándo?

El motivo para que la diplomacia entre ambos países no se arregle sería un resentimiento mutuo entre sus  presidentes. Expertos coinciden en que se necesita una mediación efectiva que despersonalice la crisis bilateral.

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Javier Pardo Barreto
26 de octubre de 2008 - 10:00 p. m.
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Aunque les conviene a muy pocos, las relaciones personales entre los presidentes Rafael Correa y Álvaro Uribe no tienen visos de mejorar. Y sus ya periódicos choques y desaires conducen a nuevos recrudecimientos de una crisis diplomática que hoy amenaza con entorpecer los trámites consulares de los colombianos en Ecuador, tal como amenazara el sábado pasado el mandatario ecuatoriano en su programa de radio y televisión.

A pesar de que durante los últimos meses no había vuelto a haber enfrentamientos directos entre Uribe y Correa, dos episodios sirvieron, la semana pasada, para recordar que las relaciones políticas entre ambos países siguen enrarecidas, sin que ninguno de los dos bandos parezca hacer mayores esfuerzos para solucionarlo.

El domingo, en entrevista con la agencia Colprensa, el canciller colombiano Jaime Bermúdez reconoció que los contactos entre ambas cancillerías “quedó suspendido hace un tiempo. En este momento no hay ningún acercamiento con Ecuador, pero seguimos, de manera discreta, evaluando la posibilidad de que en instancias como la Organización de Estados Americanos (OEA) se pueda avanzar”.

Las palabras de Bermúdez se publican en un momento en que las tensiones, de nuevo, han salido a la luz. Por un lado, debido a la liberación del ecuatoriano Kléber Larriva, a quien las Farc dejaron en libertad tras el pago de su rescate. El sábado, Correa afirmó que no había recibido de las autoridades colombianas mayor cooperación y que su negativa a rescatar al ecuatoriano demostraba que Colombia “no controlaba su territorio”. “Buscaremos la manera legal de demandar, civilmente, al Estado colombiano”, afirmó el mandatario, quien amenazó con fortalecer los controles migratorios a este país: “Si estas cosas persisten, con el dolor del alma, tendríamos que poner restricciones para la entrada de ciudadanos colombianos en Ecuador”.


Esto se suma al desplante hecho por el presidente Uribe, al no asistir a comienzos de la semana a la cumbre de la Comunidad Andinda de Naciones (CAN), en Ecuador. Uribe canceló su participación, por cuenta de unas declaraciones dadas por Correa al diario brasileño La Folha de São Paulo, en el que el mandatario afirmaba que su país no perdonaría los hechos de marzo.

Para muchos, la imposibilidad de reanudar relaciones se ha convertido más en un problema personal, que bien se evidenció en el cruce de duras miradas durante la memorable Cumbre de Río, a los pocos días de sucedida la incursión colombiana a territorio ecuatoriano, en marzo pasado. Allí, ambos mandatarios no evitaron demostrar su mutuo malestar.

Desde entonces, las relaciones entre ambos países “se convirtieron en un problema personal”, según el coordinador del programa de Relaciones Internacionales de la Universidad de Quito, Carlos Espinoza. Lo mismo piensa Mauricio Gandara Gallegos, internacionalista ecuatoriano que se desempeñó como embajador y coordinador del Grupo Dignidad por la Soberanía, quien argumenta que desde marzo se ha mantenido una “animadversión personal entre ambos presidentes que debería superarse personalmente”.

Para Carlos Espinoza se ha vuelto tan sensible, que cualquier declaración de alguno de los presidentes empeora la situación.

La solución en la que coinciden los internacionalistas es el diálogo y la ayuda de entidades internacionales. “El tiempo y la presencia de la OEA serán factores determinantes para dar fin a esta situación, porque lamentablemente el Grupo Carter ya desitió”, dijo Gandara, mientras que Espinoza añadió que “ambos presidentes tienen que hacer un esfuerzo por despolitizar la disputa y entenderse por los canales adecuados”.

Por Javier Pardo Barreto

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