Poco después de que Fernandinho tomara el control de la favela Ihla, la Banda LG (llamada así por sus apodos Lopes y Gil), como se hacen llamar él y Gil, comenzó a ser noticia en los periódicos de Río. A la generación de bandidos de la cual hace parte Fernandinho le gusta la fiesta. Los jefes de banda son grandes promotores del funk carioca o el rap brasileño.
Durante los fines de semana organizan bailes funk, fiestas callejeras a las cuales invitan a los jóvenes que viven fuera de la favela, jóvenes que vienen “del asfalto”, como se conocen las áreas legalmente constituidas de la ciudad. Contratan un dj, ofrecen cerveza y venden grandes cantidades de drogas, principalmente marihuana y cocaína. A Fernandinho se le ha visto de fiesta con sus “soldados”, bebiendo, cantando y alardeando de cómo ha acabado con sus enemigos. En 2005, durante uno de estos bailes funk, cantó un rap:
Átenlo hacia arriba, ahora bájenlo
Anden y corten a este marica.
Traigan un hacha afilada. Mándenlo al infierno.
Ahora verán que LG no tiene piedad.
Apliquen el hacha
Será un tocón.
¿Por qué nos delató este marica?
Otro video filmado en 2005 muestra a Fernandinho haciendo rap en una fiesta, cantando con un micrófono:
Estoy lleno de odio.
Soy bueno pero no cobarde.
A todos les digo, no trato mal a los locales, no lo hago.
Odio a Chorrão, PQD y Noquinha.
Si se ponen de su lado los descuartizaré.
Pueden ir en dirección contraria, pero cuando los atrape el León se los devorará.
Ese mismo año se emitió la primera orden de arresto por homicidio en contra de Fernandinho. Dos cuerpos desmembrados fueron encontrados en Praia da Rosa, una favela cercana. Las víctimas eran miembros de la banda de Noquinha, el rival del cual Fernandinho había hecho mención en su rap.
Miembros de su banda eran considerados los principales sospechosos del asesinato de un policía en el 2007, ataque que fue presenciado por una docena de testigos durante una celebración religiosa, y algunos meses después, de la decapitación de un hombre de Dendê (su infracción había sido asistir a un baile funk en una favela rival). Uno de los residentes de la zona me dijo que en Praia da Rosa a los hombres contratados por Fernandinho para controlar sus zonas se les conocía como os açougueiros —“los carniceros”—. Este mismo hombre me dijo: “disponen de los cuerpos descuartizándolos y arrojándolos al mar, se los comen los cangrejos”.
En marzo de 2009 se planeó una operación de alto perfil para atrapar a Fernandinho: cien policías, dos helicópteros de combate y un transporte blindado de personal fueron enviados tras él. Hubo un tiroteo y cinco de sus hombres fueron arrinconados en una casa, varios de ellos resultaron heridos y luego arrestados. La policía informó que Fernandinho había sido herido pero había logrado escapar saltando de tejado en tejado.
Factor macumba
Debido a los informes acerca de Fernandinho —sus extravagancias en busca de notoriedad, su afición por descuartizar a sus enemigos y sus escapes tipo Pimpinela Escarlata—, comenzó a generarse cierta mitología a su alrededor. Luego apareció una nueva historia: Fernandinho había encontrado la religión. El titular del tabloide Meia Hora, publicado en Río el 20 de agosto de 2007 decía: “Matón decapita a aquellos que no siguen sus reglas”.
Luego decía: “Fernandinho Guarabu, jefe de Dendê, ejecuta a sus víctimas utilizando un hacha. El narcotraficante evangélico inclusive prohíbe la macumba dentro de la favela” (macumba es una de las religiones provenientes del África, que se practica en el país, junto con la umbanda y el candomblé, las cuales son vistas como simple brujería por los evangélicos ortodoxos).
Ese mismo día el periódico O Dia publicó el siguiente reportaje: “A pesar de su violencia, la ‘palabra de Dios’, debe ser siempre difundida, así sea de manera radical. Supuestamente Guarabu ha prohibido los rituales umbanda y candomblé, al igual que las sesiones de espiritismo. Cada tarde, a las 6:00, las oraciones del pastor retumban por los estrechos callejones”.
Lo que en realidad había sucedido era que Fernandinho había establecido amistad con el pastor Sidney y había renacido. Se aproximó a su nueva fe con gran entusiasmo. Se hizo tatuar las palabras “Jesús Cristo” en grandes letras en uno de sus antebrazos y muy pronto Morro do Dendê estuvo cubierto de grafitis religiosos. La piscina comunitaria que había construido, ahora lucía un cartel que decía: “Esto pertenece a Jesucristo”. Adicionalmente, Fernandinho había ordenado a sus hombres que no llevaran a cabo crímenes “violentos” como robo de autos, robo a mano armada y asesinatos; sin embargo, continuaba vendiendo drogas.
Periodistas en peligro
Leslie Leitão, el principal reportero de crímenes para O Dia, ha escrito la mayoría de las historias que el periódico ha publicado acerca de Fernandinho. Fui a visitarlo a las oficinas del periódico. Leitão, un hombre amable e hipercinético de treinta y un años —al igual que Fernandinho—, me explicó que en muchas ocasiones obtenía sus pistas en Orkut, una de las más populares redes sociales del Brasil, la cual también era frecuentada por la policía. Muchos de los miembros de las bandas colgaban información, videos y fotografías de sí mismos en Orkut; inclusive, la novia de uno de los principales narcotraficantes había colgado información y fotografías sugestivas.
Leitão nunca ha visitado Morro do Dendê, pero sí ha hablado con Fernandinho por teléfono. “Claramente niega todo lo que he escrito sobre él, pero es bastante amigable. Parece entender que sólo estoy haciendo mi trabajo”.
En 2002, los periodistas brasileños dejaron de frecuentar las favelas luego de la desaparición de Tim Lopes, un conocido reportero de la cadena O’Globo televisión, quien había llevado una cámara escondida a un baile funk en una favela. Varios días más tarde, lo que quedaba de su cuerpo fue hallado por la policía. Lo habían torturado, golpeado, descuartizado utilizando una espada samurai y por último quemado; se especulaba que el crimen había sido llevado a cabo por uno de los líderes del Comando Rojo y sus hombres.
Hay múltiples peligros para los periodistas. El año pasado, un par de reporteros de O Dia y su conductor fueron secuestrados y torturados durante varias horas dentro de una de las favelas. Sus torturadores, quienes luego fueron arrestados, resultaron ser policías, miembros de una milicia “vigilante”. Hace diez años, los policías y bomberos formaron una milicia cuyo objetivo era atacar las bandas de narcotraficantes y asesinar a sus miembros hasta aniquilarlas.
Hoy en día, más de cien favelas de Río se encuentran en manos de estas milicias, las cuales a su vez se han convertido en bandas también (me reuní con un miliciano llamado Silva en una de las favelas que él ayuda a controlar cerca de Cidade de Deus —la Ciudad de Dios— y le pregunté si había algún riesgo de que las milicias se convirtieran en mafias. Me contestó: “Ya lo son”. Sin embargo, me explicó que no traficaban drogas. Luego me contaron que la especialidad de Silva era “desaparecer cuerpos”). La única favela dentro de Ihla que no es controlada por Fernandinho, situada justo fuera de la base aérea, es controlada por una de las milicias.
“Hoy por hoy si se vive en Morro do Dendê hay que contar con Fernandinho. Si mañana lo arrestan, simplemente lo reemplazará su segundo, Gil. Fernandinho es un narcotraficante más. ¿Cuánto tiempo puede permanecer allí? Diez años a lo sumo”, me dijo Leitão.
Leitão no sabía si la nueva fe de Fernandinho era real o un intento por desarrollar una nueva imagen: “Puede ser cualquiera de las dos”.
Con el fin de aprender un poco más acerca de Fernandinho me reuní con un antiguo narcotraficante llamado Washington Luiz Oliveira Rimas, conocido como Feijão —Fríjoles—. Un hombre negro, pequeño y regordete, de treinta y tres años, vestido con un atuendo azul eléctrico marca Nike y una cadena de oro. Feijão había sido un chefe, un jefe de favela para el Tercer Comando Puro, pero se había “retirado” e intentado continuar su vida como agente de finca raíz. Sin embargo, la policía aún lo buscaba y en 2006 fue arrestado por cargos de robo de armas militares.
Gastó la mayoría de sus ahorros en su defensa y fue puesto en libertad después de un mes en prisión. Alcanzó a reconsiderar regresar a “la vida”, pero cambió de opinión cuando un amigo cercano fue ejecutado por la policía. En la actualidad Feijão trabaja para una ONG muy particular, AfroReggae, la cual trata de mediar entre el Estado, las bandas y sus patrocinadores.
Feijão dice que conoce a Fernandinho hace años. “Fernandinho ¡es un maluco!”—un maniático—”, me dijo. “Fernandinho es un salvaje, está loco, fuma y bebe demasiado. Rumbea demasiado. El problema es que es muy buscado por la policía. Tiene su lado bueno, pero por el otro es brutal. Ha asesinado a muchas personas y ha dejado sus cuerpos en la calle. Ha logrado salir en la prensa, inclusive hay fotografías suyas bailando con un arma colgada de sus brazos. Allá arriba tiene muchas armas y autos robados”. Continuó diciendo: “La cosa es que si uno hace muchas mierdas, ellos sí vendrán. Si lo bajan no habrá cómo sacarlo”.
Le pregunté a Feijão si creía que el despertar religioso de Fernandinho era real. Pensó un momento y contestó: “Creo que sí cree, porque en esta vida uno aprende muy pronto que el único que no lo traiciona es Dios”.
Espere el jueves: “El pastor que se cansó de convertir mafiosos”.