La competencia entre China y Estados Unidos por el liderazgo en inteligencia artificial avanza cada vez con mayor rapidez y se ha convertido en un asunto estratégico para ambas potencias. La tecnología fue uno de los temas centrales de la cumbre que reunió este jueves al presidente estadounidense, Donald Trump, y al mandatario chino, Xi Jinping, en Washington.
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Aunque ambos países buscan mantener una posición dominante en el desarrollo de la IA, también han reconocido la necesidad de establecer algún tipo de cooperación para evitar que el avance de esta tecnología genere nuevos riesgos de seguridad.
Tras el encuentro, durante la conferencia de prensa conjunta, Xi Jinping puso el foco en los desafíos que plantea el desarrollo de las nuevas tecnologías y señaló que China y Estados Unidos comparten la responsabilidad de impulsar su desarrollo.
Según Alejandro Bohórquez, profesor de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales (FIGRI) de la Universidad Externado, el llamado a mantener la IA bajo control humano responde a la histórica competencia tecnológica entre las grandes potencias, dado que estas herramientas pueden otorgar ventajas estratégicas. Explica que sus aplicaciones van más allá del ámbito civil, pues pueden acelerar cálculos, detectar vulnerabilidades en sistemas de ciberseguridad y explorar brechas en las defensas de un rival.
Por eso, considera que el debate sobre su uso militar y el riesgo de que sea empleada para neutralizar a un adversario es comparable, hasta cierto punto, con el de las armas nucleares. No se trata necesariamente de dejar de desarrollar estas tecnologías, sino de establecer acuerdos sobre cómo y cuándo utilizarlas y qué usos deberían considerarse inaceptables.
El mandatario chino insistió en que la inteligencia artificial debe permanecer bajo control humano y estar al servicio de la población. También destacó el margen que existe para que ambas potencias trabajen juntas y sostuvo que una alianza entre los dos países podría contribuir a resolver “la mayoría de los problemas del mundo”.
Trump también se refirió a los riesgos de lo que ahora denomina “superinteligencia” y afirmó que los acuerdos alcanzados podrían contribuir a preservar la paz durante las próximas décadas. En materia económica, destacó la creación de una junta comercial bilateral y aseguró que hubo avances para equilibrar el intercambio entre ambos países, especialmente en compras agrícolas y minerales estratégicos.
Sin embargo, la competencia entre Washington y Pekín por la inteligencia artificial no se limita al desarrollo de modelos generativos. “Ellos están compitiendo no solo por obtener la mejor IA generativa que nosotros estamos viendo y consumiendo, sino porque eso tiene impactos claramente en la economía, en la ciberdefensa, en temas de nanotecnología, biología, moléculas y, básicamente, en cualquier área del conocimiento”, afirmó Luis Gabriel Moreno Sandoval, profesor de la Facultad de Ingeniería, Departamento de Sistemas, de la Pontificia Universidad Javeriana.
El profesor explica que quien logre avanzar primero en estas capacidades tendrá mayor control y acceso a información, modelos y herramientas que pueden ser relevantes para distintas áreas del conocimiento. En este nuevo escenario, señala, dos grandes potencias que conocen el potencial de esta tecnología compiten por esos recursos. “Estamos viendo que la IA se volvió un recurso escaso y muy valorado”, afirma Moreno. Según el profesor, quien logre dominar estos recursos podrá avanzar hacia una nueva etapa de desarrollo tecnológico.
Pero los rápidos avances de la inteligencia artificial no siempre han estado acompañados de la cautela y la diplomacia que ahora plantean ambos gobiernos. Hace unos días, un informe generado con ayuda de un chatbot de IA y difundido en medio del conflicto con Irán alertó sobre una embarcación china en Medio Oriente que supuestamente transportaba componentes destinados a un programa de armas nucleares. La información resultó ser falsa y, según una fuente citada por CNN, el reporte no solo era “completamente falso”, sino que “casi inicia una guerra”.
El episodio puso en evidencia los riesgos de utilizar herramientas de IA para generar o interpretar información en contextos militares y geopolíticos de alta tensión. Un eventual ataque contra un buque chino habría podido desencadenar una confrontación directa entre Washington y Pekín, con consecuencias difíciles de prever.
A medida que la inteligencia artificial se ha expandido a distintos ámbitos de la sociedad, también han aumentado las advertencias de expertos y de los propios líderes de las empresas que desarrollan esta tecnología. Este jueves, Sam Altman, CEO de OpenAI, y Dario Amodei, CEO de Anthropic, intervinieron en la Asamblea General de Naciones Unidas y pidieron a los líderes mundiales trabajar de manera conjunta para gestionar los riesgos asociados al rápido avance de las capacidades de la IA. Amodei advirtió que, si no se adoptan medidas para enfrentar estos riesgos, la inteligencia artificial “podría suponer un riesgo para la humanidad en su conjunto”.
Asimismo, el secretario general de la ONU, António Guterres, hizo un llamado el martes a gobernar la inteligencia artificial para que sea “moldeada por la humanidad, con la humanidad y para toda la humanidad”.
“Claramente, la IA se volvió un tema geopolítico”, afirma Moreno. Según el experto, la competencia entre China y Estados Unidos también pasa por el control de minerales críticos y de los recursos necesarios para producir chips. La disputa tecnológica, que recuerda en algunos aspectos a la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética, ya no se limita a quién desarrolla el modelo de inteligencia artificial más avanzado, sino a quién consigue controlar los recursos, la infraestructura y las capacidades que permitirán definir cómo se utilizará esta tecnología y qué lugar ocupará en el equilibrio de poder internacional.
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