Las noticias recientes sobre cómo Japón hace frente al fuerte encarecimiento de su arroz, ponen el foco sobre la necesidad que tienen todos los países de guardar reservas de alimentos para tiempos difíciles. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
A causa de la actual crisis, con los precios del arroz al doble de lo habitual (casi 6 dólares por kilo), nos enteramos de que el gobierno japonés compra desde 1995 unas 200 mil toneladas anuales de arroz y las almacena para asegurarse de que a sus más de 123 millones de ciudadanos no les falte el carbohidrato favorito de su dieta tradicional.
Además del conocido sushi, un gran número de platos japoneses se acompañan de una taza de arroz cocido en agua pura y servido en taza en raciones de unos 100 a 150 gramos.
Como el pan mediterráneo, las tortillas mexicanas o las arepas clásicas colombianas, el arroz sin sal es un compañero infaltable de platos ricos en proteína, como pescados, mariscos, huevos y carnes.
El licor nacional, el sake, es arroz fermentado y destilado.
El sintoísmo, la religión panteísta que modela la idiosincracia nipona de ascetismo, veneración de la naturaleza e higiene, usa ofrendas de arroz y sake en su liturgia.
Unos pasteles de arroz amasado en forma piramidal y rellenos de encurtidos, pescados o verduras y envueltos en papel de algas (llamados onigiri), son la respuesta japonesa al sándwich y están presentes en los almuerzos de millones de escolares y empleados de todo el país.
La escasez o la subida del precio del arroz es, por lo tanto, un grave acontecimiento que merece mucha atención pues en 1918 provocó revueltas y derrocó un gobierno.
Este mes, el gobierno japonés empezó a vender a los minoristas unas 200.000 toneladas métricas de sus reservas con el propósito de aumentar la oferta y frenar la subida de precios.
El alza desaforada de precios ha sido atribuida a un abanico de factores entre los que figuran las malas cosechas de los dos años anteriores y la avalancha de turistas extranjeros, muchos de ellos grandes consumidores de arroz, como chinos y surcoreanos.
Otro factor infaltable es el envejecimiento del campo nipón donde a la alta edad del agricultor promedio se suma la escasez de mano de obra con la juventud exiliada en las grandes ciudades.
El fantasma de la hambruna es el principal incentivo para la seguridad alimentaria en los países superpoblados.
El actual ímpetu chino para comprar o controlar criaderos de cerdos en Estados Unidos, laboratorios agrícolas en Suiza y puertos en toda la cuenca del Pacífico, tiene el trasfondo de tragedias como la llamada Gran Hambruna de China (1958-1962), cuyo número de muertes se calcula entre 15 millones y 55 millones.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.